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miércoles, 13 de febrero de 2019

LA VERDADERA Y TRISTE HISTORIA DE LUCHO EL EMBOLADOR



Por: Las2orillas   | febrero 12, 2019
Tuvo la gloria llegando al Concejo de Bogotá. Ahora vende empanadas en el norte de Bogotá y resucita en la televisión de la mano de Enrique Carriazo

Luis Eduardo Díaz era el popular Lucho embolador de la Plaza de Bolívar cuando decidió lanzarse al concejo de Bogotá y ni él mismo se la creyó: ganó. Por fuera quedaron pesadas rivales como Luz María Zapata, la esposa de Germán Vargas Lleras y Lucho se posesionó como un flamante concejal en enero del 2000.

La fama lo acompañó también en el anuncio de su matrimonio con su compañera de siempre Gloria Hernández ese mismo año. Las llamadas cayeron como una catarata a su celular. Políticos como Horacio Serpa se ofrecían para ser el padrino. Al final se inclinó por el periodista Yamid Amat, quien estaba en la cima. Arturo Calle le regaló el traje de bodas. La iglesia del 20 de julio se llenó con invitados y reporteros detrás de una imagen de Lucho en su camino hacia el altar.
Diecinueve años después el celular de Lucho ha dejado de sonar. Volvió al comienzo, al barrio Diana Turbay de Bogotá. Con su caja de dientes nueva igual sigue sonriendo.

Logró reelegirse para el senado en octubre del 2003, pero la gloria le duró poco: un juez le revolcó su pasado y terminó destituido recién posesionado a comienzos del 2004.  Lucho había sido condenado en 1984 por robarle un farol a un carro. No importó que lo hubiera hecho acosado por la necesidad. Su hija menor estaba entre la vida y la muerte con quemaduras graves sufridas en su propia casa del Turbay. Apareció el delito quince años después al que se le unió otra condena en 1989. La Procuraduría procedió a actuar y lo inhabilitaran por 13 años. El castillo de sueños se había derrumbado.

La llegada al consejo tuvo mucho que ver, precisamente con su pasado de humillación y dificultades. Vivían casi hacinados en una casa en el barrio Diana Turbay, que dejaba cada mañana para trasladarse al centro de Bogotá, a los alrededores de la Plaza de Bolívar, donde con su sonrisa desdentada, seducía a los abogados a quienes les embolaba sus zapatos. Un golpe de suerte le abrió el horizonte. El abogado Cesar Rosas, profesor de derecho público, tuvo la extravagante idea de lanzarlo al consejo. La figura de Lucho recordaba vagamente a Heriberto de la Calle, el embolador que Jaime Garzón. Era un homenaje que quería hacerle al personaje con el que los televidentes se burlaban del poder y sin que Lucho lo supiera, le hizo firmar el aval como candidato al Concejo de Bogotá. No tuvo un solo peso para hacer la campaña. En el tarjetón ni siquiera apareció su foto: en la Registraduría no le permitieron la entrada para el registro fotográfico. Llegó con su overol, su sonrisa de dientes, su piel manchada. Lo trataron como a un borrachín. Junto a sus hijos y Gloria entregaban los volantes que fotocopiaban casi que artesanalmente y en los que invirtieron no más de ochenta mil pesos. Nunca pensó que ganaría.

Estaba en su casa del Diana Turbay entretenido en una película de Vicente Fernández en el atardecer del domingo 29 de octubre de 1999 cuando reventó la noticia. El asesor del abogado Rosas fue el emisario: “Ya eres concejal” le dijo. Había obtenido 18.500 votos. El edil de la localidad le envió inmediatamente unos mariachis y en el Diana Turbay se encendió la fiesta.

Con su primer sueldo entendió que la vida le había cambiado. Con los primeros $ 9 millones llevó a su familia de compras: antójense que yo pago. Y siguió el estallido mediático. La revista Soho quería desnudarlo; él mismo decidió trasladarse al barrio 20 de julio a una casa más grande. Compró carro y terminó el programa reconocidos como Yo José Gabriel. Sin embargo, empezaron a salir los lunares de un pasado complicado. Apareció la afición a la bebida y su escasa preparación para el rol público al que estaba sometido. Se ocupó de dos sencillos proyectos: la reglamentación de la vasectomía, y el uso de piercing y tatuajes.

Con la destitución después de su reelección en el 2002 sucumbió en el despeñadero.  Trece años en el ostracismo hasta que le dio por dejarse tentar nuevamente por los votos, pero se hundió en su aspiración al Congreso en el 2014. Regresó a la calle con un puesto de empanadas en el norte de Bogotá, en la concurrida 85 con carrera 11. Del hueco lo pondrá a volar Enrique Carriazo, el mejor actor de Colombia que regresa a la televisión encarnando a Lucho, el embolador.

martes, 15 de enero de 2019

¿QUÉ HA PASADO CON LOS 26 DETENIDOS POR EL CARRUSEL DE LA CONTRATACIÓN DE BOGOTÁ?




La libertad de Guido Nule prendió las alarmas sobre decisiones amañadas por parte de jueces que han dejado en libertad a 21 de los que 26 detenidos por corrupción
Por: Las2orillas   | Enero 10, 2019
La corrupción de la Alcaldía de Bogotá que se calcula le generó al distrito pérdidas por $ 60 mil millones y se conoció como el Carrusel de la contratación significó un sismo en el segundo cargo más importante del país. El Alcalde Samuel Moreno fue destituido y capturado, así como su hermano el senador Iván Moreno y entre las decenas de personas involucradas con la máquina de corrupción 26 terminaron condenados. De estas solo siete continúan en prisión: el exalcalde Samuel Moreno Rojas, su hermano Iván, el exsecretario de salud Héctor Zambrano, el abogado Álvaro Dávila, los contratistas Julio Gómez y Manuel Nule, los concejales Andrés Cardona y Orlando Parada y el abogado Manuel Sánchez. Liliana Pardo, la exdirectora del IDU se encuentra fugitiva.
Los demás condenados por los jueces, 21 en total, están libres por vencimiento de términos, cumplimiento de penas o por circunstancias especiales contempladas en el código penal como ser madres o padres cabeza de hogar. La Fiscalía abrió investigación a los funcionarios judiciales que le dieron a la libertad a Guido Nule, quien fue condenado a 19 años de cárcel.
Contratistas
Guido Nule, condenado a 19 años de cárcel, logró una rebaja de 7 años por su colaboración con la justicia a la que se le sumaron otros cinco años que certificó con estudios y trabajo en La Picota. Los últimos años los pasó en su domicilio en Barranquilla a donde fue trasladado por razones de salud.
Miguel Nule, condenado a 19 años de cárcel. Contratista. Hijo del exgobernador liberal de Sucre. Desde el 2016 obtuvo el beneficio de casa por cárcel por padecer de múltiples enfermedades que no podían ser tratadas en la cárcel.
Mauricio Galofre, primo y socio de Guido Nule. Condenado a 13 años de cárcel. El Juzgado Primero de Ejecución de Penas de Barranquilla le concedió libertad condicional por haber cumplido las 3/5) partes de la pena que cumplió en la cárcel el Bosque de Barranquilla. La libertad de Galofre es sin restricciones para moverse por todo el país.
Andrés Jaramillo, expresidente de Conalvías señalado del desfalco de la Calle 26. Permaneció solamente ocho meses en la cárcel y el 3 de agosto del 2018 un juez de Paloquemao ordenó su libertad. Su caso está en etapa de juicio.
Emilio Tapia, condenado a 17 años de cárcel. El pasado 28 de diciembre el juzgado primero de Ejecución de penas de Barranquilla le concedió el beneficio de casa por cárcel. Tan solo pagó 7 años de cárcel.
Federico Gaviria, Condenado en febrero a 33 meses señalado de haber destinado comisiones del 9% de un millonario contrato de ambulancias que suscribió con el Secretario de Salud Distrital Héctor Zambrano y sobre el cual recibieron coimas Emilio Tapia e Hipólito Moreno. Está detenido desde el 17 de julio por el caso de Odebrecht.
Paola Solarte. Socia del Grupo Solarte. Condenada a 6 años por el contrato con el Acueducto de Bogotá para la construcción del túnel Tunjuelo- Canoas. Paga prisión domiciliaria por ser madre de dos menos de edad

Funcionarios del distrito

Miguel Ángel Morales Russi, excontralor de Bogotá. Condenado a 6 años de cárcel en el 2011. Después de apelar tres veces la decisión un juez de Bogotá, en marzo del 2016, obtuvo su libertad. declaró que no era un peligro para la sociedad. Fue puesto en libertad
Francisco Rojas Birry, expersonero de Bogotá, condenado el 28 de agosto del 2014 fue condenado a cinco años y cinco meses de cárcel. El propio Rojas Birry reconoció haber recibido más de 500 millones para no ejercer sus funciones como personero y hacerse el de la vista gorda durante el carrusel de la contratación. Ya está en libertad.
Inocencio Meléndez, exsubdirector técnico del IDU. Fue el primer condenado por el carrusel de la contratación condenado. Pagó 4 de los 7 años de la condena, rebaja que obtuvo por su colaboración con la justicia.
Juan Eduardo Montenegro, exsubdirector de infraestructura del IDU.  Condenado a 6 años de cárcel, logró el beneficio de casa por cárcel por su condición de padre cabeza de hogar.  para obtener la casa por cárcel.
Iván Hernández Daza, exdirector de la Unidad de Mantenimiento Vial, condenado a dos años de cárcel, que pagó. Sirvió de enlace de los concejales Andrés Camacho, Hipólito Moreno y Orlando Parada para repartir las coimas.
Juan Eugenio Varela, segundo al mando de la Secretaría de Salud durante la administración de Héctor Zambrano, fue condenado y capturado en el 2014 pero en el 2017 fue dejado libre por vencimiento de términos.
Orlando Fajardo permaneció un año en la cárcel acusado de manipulación del contrato Tunjuelo-Canoas para favorecer a Odebrecht y Solarte, pero obtuvo su libertad por vencimiento de términos.  El juicio continúa.

Gobernador de Cundinamarca
Álvaro Cruz, exgobernador de Cundinamarca, condenado a seis años de cárcel. Pagó dos años y desde diciembre están en prisión domiciliaria.

Concejales de Bogotá y políticos

Hipólito Moreno, condenado a 7 años de cárcel de los cuales pasó 2 en La Picota. Se le autorizó la prisión disciplinaria aduciendo enfermedad grave.
Andrés Camacho Casado, condenado a cinco años largos de cárcel, pagó un poco más de dos años.  Salió con libertad condicional y logró un permiso especial para visitar a su hijo en el exterior y se quedó a vivir en los Estados Unidos.
José Juan Rodríguez permaneció un año en la cárcel pero fue dejado en libertad por vencimiento de términos. Sigue el juicio en libertad.
Wilson Duarte estuvo preso un año pero logró su libertad por  vencimiento de términos. El juicio continúa sin que haya sido aún condenado.
Jorge Ernesto Salamanca, condenado a cuatro años de cárcel, logró un acuerdo de colaboración con la Fiscalía. No ha pagado un día de cárcel.
Germán Olano, el exrepresentante a la Cámara por Bogotá fue condenado a 8 años de cárcel. Pagó tres años de cárcel porque un juez de ejecución de penas de Bogotá le dio casa por cárcel.
Tomado de LAS 2 ORILLAS

miércoles, 8 de noviembre de 2017

JAIME LLANO GONZALEZ EN EL CIELO CON SU MUSICA


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 Alberto Borda Carranza

06 de noviembre 2017 , 09:57 p.m.
Con la partida este lunes del músico antioqueño Jaime Llano González, ángeles, arcángeles, querubines, serafines y todos los santos presenciarán el mejor concierto de música colombiana de la larga historia de la casa de Dios. Será el encuentro de Llano con los que se fueron antes.
 
Allí lo están esperando: los hermanos Martínez con sus voces, su tiple y su guitarra; Oriol Rangel en el piano y Otton Rangel en el bajo; Zoilo Nieto en su bajo, Eduardo Osorio en la guitarra, El Gran Paquito con sus maracas y cucharas de palo; Óscar Álvarez en la flauta y Gabriel Uribe en los vientos.
También, Guillermo Amado con su tiple, Manuel Jota Bernal en otro órgano, Gentil Montaña con su guitarra, el trío Morales Pino, el dueto Garzón y Collazos, José A. Morales, Jorge Villamil, Lucho Bermúdez y Arnulfo Briceño. Y se unirán Berenice Chávez, Las Hermanas Garavito, Carmiña Gallo, Helenita Vargas, Matilde Díaz, Gerardo Arellano, Alberto Osorio, Jaime R. Echavarría y Carlos Vieco.

Sonarán sus voces, tiples, guitarras, bandolas, flautas, pianos, violines y bajos. Todos ellos formarán parte de este inigualable concierto 
y en un lugar especial estará el maestro Jaime Llano González en su órgano.

El recordado músico de 85 años falleció en Bogotá el lunes en la madrugada, por complicaciones derivadas de una larga enfermedad que lo aquejó en sus últimos años.

Y hablar de su vida es reencontrarse con la felicidad: un hombre recto, educado, elegante, sencillo, gran conversador, bien plantado, un conquistador innato y, sobre todo, un buen amigo. Compinche de sus amigos, un hombre íntegro difícil de encontrar en la vida.

Nunca lo oí expresarse mal de algún colega y siempre tenía una frase amable así como también estaba lleno de anécdotas y bellos recuerdos.

Que rico era compartir un aguardiente y un bambuco en su casa, donde muchas veces tertuliamos, cuando de pronto salía con ese bello detalle de esconder las llaves de la casa y abrir de nuevo a las 6 de la mañana, diciendo que lo hacía por la inseguridad reinante en la ciudad.

Jaime Llano González nació el 5 de junio de 1932, en Titiribí (Antioquia) y él, con su simpatía a flor de piel, decía que su pueblo natal era en inglés: Titiri-bye, “porque en mi pueblo somos bilingües”.

Sus padres fueron Luis Eduardo Llano y Magdalena González. Su madre era maestra de piano y además tocaba el tiple. Fue ella quien lo introdujo en el mundo de la música dándole clases.

Terminó su bachillerato en Medellín, en el Liceo de la Universidad de Antioquia, y comenzó a estudiar medicina.

Pero su espíritu aventurero lo llevó a mudarse a Bogotá, donde comenzó a vender órganos en J. Glottmann. Así consiguió unos pesitos. Entonces, el joven Llano González se regresó a Medellín para proponerle matrimonio a la señorita Luz Aristizábal, gran mujer, llena de virtudes y paciencia, a quien conquistó con versos y serenatas. Contrajeron matrimonio el 11 de octubre de 1954. De esta unión quedan tres hijos: Jaime León, Luis Eduardo el ‘Tato’ y María Elena Llano Aristizábal.

La pareja regresó a Bogotá, donde fijó su residencia. Es cuando Jaime conoció a sus amigos músicos, con los que inició una interminable carrera artística. De esta manera logró ser contratado en varios grilles de la época, donde compartió escenario con grandes cantantes y músicos como Pedro Vargas y Alfredo Sadel.
Se inició en el grill-bar La Cabaña y su dueño, Pedro Rueda Mantilla, le permitió dar sus primeros pasos artísticos en su local
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Se inició en el grill-bar La Cabaña y su dueño, Pedro Rueda Mantilla, le permitió dar sus primeros pasos artísticos en su local.

Más tarde tocó con un grupo en un grill llamado La Kashba, cuyo eslogan era ‘Un rincón de París en el centro de Bogotá”, en la calle 23 con carrera 6, en un segundo piso. Allí alternaban con un conjunto de músicos extranjeros que tocaba largas tandas de tonadas francesas.

El conjunto en el que estaba el maestro Llano lo conformaban Felipe el ‘Chiqui’ Henao en el piano, el ‘Pote’ Tejada en el clarinete, saxo y flauta; Pedro Caicedo en la batería, y el cantante era Alfonso Restrepo, compositor de la conocida canción ‘Vámonos, vámonos donde nadie nos juzgue’.

Alguna vez, me contaba el maestro Llano, “tocábamos en los intermedios pero ya estábamos metidos en la onda de la música de la Costa. Estaba de moda ‘Ay cosita linda mamá’, y la gente se enloquecía y no paraba de bailar. El dueño del establecimiento, que era alemán, se paraba en el borde de la pista de baile y nos decía “¡hogible, hogible!” (¡horrible, horrible!), pero se daba cuenta de la reacción de la gente. Entonces, al poco tiempo sacó al grupo extranjero y nos dejó como orquesta de planta. A la gente le encantaban los porros, cumbias, merecumbés y vallenatos que tocábamos, y así nos posicionamos. El dueño nos bautizó el ‘Conjunto Arepa’ porque la mayoría éramos antioqueños”.

El maestro Llano González hizo radio especialmente en La Voz de Colombia, Nueva Granada y Radio Santa Fe. Participó en programas inolvidables como ‘Los maestros’, ‘Tierra colombiana’, ‘Fantasía’, ‘Al estilo de Jaime Llano’, ‘Donde nacen las canciones’, ‘Embajadores de la música colombiana’ y ‘Postales de Colombia’, entre otros.

Algún día le pregunté: “Jaime, ¿cuénteme cómo era Oriol Rangel?” Él me respondió: “Lo conocí en Bogotá. Era una persona superdotada en todo sentido, no era normal. Era un músico de proporciones inmensas, tenía una mano izquierda prodigiosa. Vivía en un mundo de música las 24 horas. El mundo externo no le interesaba. Amaba los bambucos, pasillos, torbellinos y guabinas. Yo que toqué tantas veces con Oriol, todos los días encontraba cosas diferentes y matices que no me imaginaba que se pudieran hacer. Desafortunadamente no quedó quien lo siga… de pronto la maestra Ruth Marulanda”.

“¿Y qué otros recuerda”, le volví a preguntar, al verlo tan animado.

“También conocí al maestro Lucho Bermúdez, uno de los grandes compositores que ha dado la música Colombiana y a quien le debo que me hubiera enamorado de la música de la costa Atlántica. Lucho tiene también un puesto de privilegio en la música andina y compuso, entre otras, ‘Espíritu colombiano’, ‘Huracán’ y ‘Plenilunio’. Recuerdo que alguna vez le pregunté: ‘Luchito, ¿por qué no compones un bambuco?’ Y me contestó con mucha gracia: ‘No Jaimito, es que el bambuco está muy mal hecho, tiene su problema de la síncopa, y a las personas que no lo han sentido desde pequeños y que no lo llevan en la sangre les cuesta mucho trabajo’. He grabado por lo menos 30 discos de música de la Costa y lo he hecho con mucho gusto, pues en música rítmica yo no conozco otra igual en el mundo”, me comentó Llano González.

En otra de nuestras interminables charlas, que yo solía grabar, le pregunté cómo era el maestro José A. Morales. “Mira, no terminaría en varias noches de contarte el señor que era José. Un señor en todo el sentido de la palabra. Me invitó al El Socorro, su tierra (‘Pueblito viejo’), y me enamoré, porque yo también soy de pueblo. Cada vez que llegaba a este pueblito viejo vibraba de emoción”, me contó.

Hablando con algunos de los músicos que acompañaron al maestro, como Henry Cuevas, este me dijo alguna vez: “Conocí al maestro Jaime Llano por el año 1976. Uno de los músicos de su grupo me invitó a formar parte del conjunto y empezamos a tocar en El Portón 3, en el pasaje del hotel Tequendama. Tocábamos con los Martínez, el ‘Chiqui’ Henao y Rodolfo Cely. También se presentaba Julio César Luna, actor y cantante argentino que era un excelente declamador, y Lida Zamora, una actriz y cantante. En este lugar tocábamos música andina y argentina, porque el dueño era el argentino Marcelo Fontana. Con este grupo recorrimos el país. El maestro Jaime era un profesional serio, rígido, perfeccionista. Fuera de la tarima era jovial, con un gran sentido del humor y casi siempre con una copa y un cigarro en la boca. Yo le agradezco mucho que me hubiera hecho conocer e interesar por la música andina colombiana, pues yo venía de hacer música popular como buen valluno que soy. El maestro Llano era único”.

Por su parte, el maestro Fernando León me dijo sobre Llano González: “Conocí a Jaimito en Radio Santa Fe por el año 71. Fui a llevarle una carta al maestro José A. Morales que un amigo en común, Varguitas, integrante de la Rondalla Bumanguesa, le enviaba. Tuve la fortuna de tocar con él y con los hermanos Martínez en el programa que tenía –‘Extensión cultural de Bogotá’–. Yo hacía la bandola. Jaimito, una leyenda de la música Colombiana, era muy querido, algo tímido, él hablaba más bien tocando el órgano. Muy solidario con los colegas, vivía pendiente de sus músicos. Fueron mutuamente confidentes con el maestro José A. Morales y hasta le pulió algunas obras instrumentales. Era amante de la música clásica y de los tangos. Tenía una cultura musical muy amplia. Nos enseñó el respeto por la música colombiana”.

El maestro Llano González recibió a lo largo de su vida artística muchas condecoraciones como la Cruz de Boyacá, El Hacha de Antioquia, Ciudadano Meritorio del Valle del Cauca y de Santander, Hijo Adoptivo del Socorro y le otorgaron el Premio Aplauso, como reconocimiento por su trabajo por la música colombiana. 

Además, viajó representando al país por los cinco continentes.
 Fue un gran embajador volante. Compuso varias obras, entre las que se destacan ‘Si te vuelvo a besar’, ‘Orgullo del arriero’, ‘Puntillazo’. También grabó discos con artistas colombianos y extranjeros.

En el cielo están de fiesta, un bambuco y un aguardiente… ¡Salud maestro! Gracias por su música, gracias por tanta felicidad, usted es inolvidable.

ALBERTO BORDA CARRANZA*
Para EL TIEMPO
* Abogado y músico bogotano de la agrupación Borda y San Juan, y director del programa radial 'Amor a Colombia' (RCN)