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miércoles, 17 de diciembre de 2014

ELLA, LA QUE SE FUE


Despertó después de unas dos horas de sueño intranquilo y con pesadillas; sentía frio y su cuerpo estaba cubierto de sudor, arrojó la sábana a un lado y se acercó a la ventana para observar el amanecer frio, nublado y lluvioso, con esa lluvia que es casi una brisa pero empapa todo y cala hasta la osamenta.
Ella se marchó hace tres horas después de una larga noche de amor y pasión desaforada. El licor los había desinhibido y ensayaron todas las posibilidades del erotismo de pareja hasta quedar rendidos; eso pocas veces ocurría y él sospechó de inmediato que, en las largas ausencias de ella, uno o varios amantes le enseñaron lo que practicó con él esa noche desaforada. Lo confirmó cuando al calor de los tragos y la pasión ella entre gemidos soltó dos o tres nombres masculinos.
Lleno de celos decidió, sin consultarla, que este era el adiós definitivo. Se separaron en el pasado varias veces y siempre se reconciliaron, igual que en esta ocasión cuando la mujer regresó llorosa, arrepentida y llena de promesas que él sabía no se cumplirían. Hoy, todo era diferente; era una partida sin retorno, una separación sin palabras. Las lágrimas brotaron en silencio porque, por encima de todas las circunstancias y conveniencia la amaba.
Recordó en poco tiempo todos los años de su relación, se puso el pantalón sin calzoncillos y pensó mientras respiraba hondo y miraba por la ventana la claridad del sol matutino filtrándose por entre la niebla y el rocío mañanero ¿Ahora, qué demonios hago con el cadáver?


Edgar Tarazona Angel

viernes, 11 de abril de 2014

NUEVOS POEMAS MUY CORTOS



Uno
Los minutos caen
Como gotas de rocío
En mi soledad sin ella
Y el caracol de tiempo
Es lento
Cuando ella no está.

Dos
La voz vuela
En las palabras escritas
Y se posa
En cada mente despierta
Como una mariposa
Sobre su flor preferida

Tres
Cada flecha de Cupido
Se clava en un corazón
Pero, no siempre,
Lleva amor al elegido.
A veces el angelito
Se equivoca
E impregna de acíbar
Sus saetas.

Cuatro
El padre Tiempo o perdona
Y en muchos rostros
Del pasado mío
Se marcaron las grietas
De los años inexorables

Cinco
Tengo muchos años de vida
Y decenas de amigos
Y conocidos se marcharon.
La muerte no perdona.
Todo comienza y todo termina..
Y me pregunto;
¿A mí cuando me toca?

Seis
Escucho el aullido
De las zorras
En la selva de cemento;
Se agudizan mis sentidos, hierven mis emociones
Pero me aplaco,
Soy un lobo solitario

Edgar Tarazona Angel.

Envigado 2014-04-11