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domingo, 16 de agosto de 2009

LENGUABRAVA Y LENGUAFINA (2da parte)

Y miren que vaina tan curiosa, eran creativos, muy creativos… a su manera, claro está y cuando supieron que los llamaban “Academia de la Lengua” lo tomaron en serio y a transformar el idioma se dedicaron en cuerpo y alma. Cada semana sacaban una nueva norma idiomática, bueno, digo norma porque ellos simplemente soltaban el chorro de su verbo desaforado y toda la juventud del pueblo adoptaba sus expresiones al lenguaje cotidiano con el beneplácito de toda la muchachada y el escándalo de los mayores comenzando por el cura y el alcalde. La primera innovación se dio en las palabras terminadas en culo, ellos dándoselas de bienhablados decían vehiano, forunano, fasciano por vehículo, forúnculo y fascículo; y se paseaban orondos, orgullosos por su aporte a le sagrada lengua. La alegría no duró demasiado porque en pocos días dieron vuelta a la reforma y todas las palabras terminadas en ano cambiaron a culo como enano, rábano, banano y todas las que ustedes conocen quedaron como enculo, rabculo, banculo, etc. Todas, si, todas. En otra temporada decente decidieron acabar con la costumbre de los raizales de pronunciar la elle como ye: cabayo, cabeyo… y cogieron la costumbre de decir en la tormenta calló un rallo, quiero un cuaderno rallado, la llegua es la mujer del caballo, las ballonetas son armas que lla no se usan, jajaja, que benditos, nosotros, los no tan jóvenes pero tampoco veteranos, reíamos con disimulo si había gente respetable pero a carcajadas si estábamos sin testigos y decían coplas de todo calibre que soltaban con especial veneno cuando había damas decentes presentes: “Si el gordo Nerón mató/ de una patada a Popea,/ fue porque ella le prendió/ una infame gonorrea”, declamaban con un gusto de mejores destinos y no quiero decirles más coplas para no escandalizar a nadie, en el pueblo porque ya estábamos acostumbrados y es que hasta las adivinanzas eran de grueso calibre… y en verso: “En libros escrita está/ como santa y muy doncella/ pero a la hora de la verdad/ todo el mundo abusa de ella”, y esta otra: “A las muchachas les llega/ porque ya tienen la edad/ y si les llega a las viejas/ es una anormalidad/ ¿A que no las pescaron?, bueno, otro día les digo la solución, pero no sean mal pensados. Lo cierto es que a la Academia decidieron expulsarla del poblado con la alegría de algunos y la tristeza de la mayoría (los niños, los jóvenes, los solteros y los forasteros), en un sitio donde nunca pasa nada es una dicha tener personas o situaciones que rompan la monotonía de esos días eternos. Dejaron los recuerdos de sus dichos, sus coplas, las canciones que dejaban con la música pero con letras de su autoría y un vacio más grande del que hubiéramos creído. Debieron pasar varios años antes de tener noticias de Pablo y Magdalena, que así se llamaban y nadie lo supo hasta que leyeron el edicto de su expulsión, anunciaron su visita al pueblo por medio de unos carteles que pegaron por todas partes; los postes del alumbrado público, las paredes disponibles, las carteleras de las escuelas, en las tiendas y tabernas, por todas partes; Pablo y Magdalena venían por un solo día a compartir con nosotros sus palabras y nos dijimos “alistemos grabadoras”, “yo hago la filmación” y el otro, y yo los convenzo para que se queden varios días en mi casa… y así todos revivimos la imagen de la pareja y sus años entre nosotros. El día de su presentación el destartalado coliseo se llenó desde temprano, todos estábamos con el ánimo dispuesto y la risa a flor de labios; algunos se ayudaron con licor, otros con grabadoras portátiles y la música de “ellos”, cuando llegó la hora del Show todo el mundo quedó pasmado, quieto, como paralizado… esos dos no eran, o bueno, si eran… pero no, que vaina tan rara. Esperamos las primeras palabras de “Lenguabrava” y quedamos fríos, si mis hermanos, fríos… perdón, es que lo de mis hermanos lo dijo él y a continuación llamo a su santa esposa y pensamos “esto es parte del espectáculo y nos dispusimos a reír, ahora sí, y no joda, sale la española, la “Lenguafina” con una cara de yo no fui y con un libro enorme sobre el pecho, mientras lo sostenía con los brazos cruzados sobre él. “Vosotros sabéis que lo nuestro son las palabras –dijo- y con mi queridísimo esposo –siguió diciendo, hemos venido a traeros la palabra verdadera, el Mensaje, la palabra de la vida” Ahí sí que empezamos a entender, el libro era la Biblia y a estos alguien les había lavado el cerebro; bueno, dijimos después del aburrimiento de esas dos horas interminables, estos dos se salvaron pero el pueblo se jodió sin tema de conversación.

lunes, 18 de mayo de 2009

Abel, asesino de su hermano

Es un muchacho pueblerino que crece educado con la Biblia al pie de la letra. Es un poco lerdo para entender y eso hace que repita varios cursos de la escuela primaria. Sólo cursó el primer año de bachillerato pero lo repitió seis veces, de manera que sus padres le suspenden la ayuda para que estudie y le consiguen oficio. Su ocupación es hacer los mandados de los vecinos que lo solicitan a cambio de un dinero. El único libro que lee es la Sagrada Biblia y lo entiende a su manera. Asiste a todos los oficios religiosos y escucha con atención los sermones del padre pero, igual, acomoda la enseñanza a lo que su mente lenta le aconseja. Lo impactó sobremanera la historia de Caín y Abel y recuerda que su hermano menor tiene vacas y ovejas y no hace sacrificios al señor. El no cultiva la tierra pero como poco se baña se dice a si mismo que la lleva a cuestas. Casi no cae en cuenta de que su nombre es Abel y cuando lo hace decide actuar según lo que recuerda del Génesis. Un día su hermano desobedece a su padre y le grita a su madre. Las palabras de la Biblia acuden a su cabeza en desorden, sigue a su hermano y, por la tarde, cuando este regresa de cuidar sus animales, lo ataca con una canilla de vaca que encontró en las afueras del matadero. Dice que lo mató igual que el Abel de la Biblia lo hizo con su hermano menor, para seguir las Santas Palabras. Terminado el juicio y leído el veredicto condenatorio; alguien del público le grita: ¡Pendejo, fue al revés!

ADAN Y EVA

Después del naufragio los sobrevivientes llegaron por diferentes maneras a una isla perdida en el Pacífico del Sur. El Gran Holocausto nuclear acabó con la vida en los cinco continentes y ellos sabían, por las últimas noticias que alcanzaron a captar, que los sobrevivientes de la hecatombe eran poquísimos y estaban distribuidos en puntos extremos del planeta. El buque Santo Espíritu había zarpado de San Francisco, California rumbo al lejano oriente con una enorme excursión de feligreses carismáticos que tenían como objetivo conocer otras culturas con sus respectivas creencias y estudiar las posibilidades de predicar la Buena Nueva del Evangelio Total. El Reverendo Heart había sembrado la semilla del celibato permanente y la abstinencia total para alcanzar el paraíso en un estado de gracia parecido al de los ángeles. El pecado más condenado y condenable era la lujuria y sus contraventores tendrían una condenación eterna en el lugar más terrible del averno. Uno tras otro fueron pereciendo los sobrevivientes en un plazo relativamente corto. Un día despertaron dos: un hombre maduro y una mujer joven que miraron horrorizados el cadáver del otro habitante. Ahora tenían por delante el cumplimiento de la misión que oyeron pregonar con súplicas el último día de vida de los miles de millones de habitantes de la tierra y resonaba con ecos bíblicos en sus cerebros fanatizados por sus creencias: “Creced y multiplicaos” A sabiendas de que el género humano podía desaparecer de la faz del planeta se miraron tratando de darse ánimos para reproducirse. Él andaba por los cuarenta años y ella contaba dieciocho; eran sanos, fuertes y vitales pero debían superar un problema de conciencia no sólo por su religión. ¿Cómo puede un padre engendrar descendencia con su hija?