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jueves, 19 de marzo de 2015

TIPS PARA EVITAR EL SUEÑO DURANTE LA LECTURA

Joven leyendo en una tienda de campaña
Dormir me da sueño. Esta es una de las frases más utilizadas, sobre todo, entre todos aquellos que buscan un pretexto para abandonar la lectura por otra actividad más activa. No podemos negar que después de comer y de sentarnos en el sofá lo que más apetece es echarnos la siesta, haciendo honor a esa costumbre española que nos caracteriza. Por eso, hay que evitar esos momentos en los que el cuerpo suplica descanso para leer.
Para mejorar la concentración combatiendo al temido sueño que entra con la lectura, sigue los siguientes consejos:
  1. Busca momentos en los que tu cuerpo esté activo. Evita leer en aquellos momentos en los que te encuentras más cansado, como puede ser después del trabajo o de una actividad física que requiera de mucho esfuerzo, salvo que quieras utilizar la lectura como mecanismo para conciliar el sueño. Lo ideal es establecer rutinas respecto a la lectura, es decir, establecer un horario para leer. De esta manera, el cerebro se habitúa a esta actividad, permaneciendo más activo.
  2. Evitar comidad copiosas y con altos contenidos en azúcar. Como ya hemos indicado, el peor remedio contra la fatiga lectora es el estómago lleno, con una digestión pesada que te aleja de toda concentración. También perjudica la alta ingesta de glucosa, ya que según algunos estudios la alta glucosa en sangre puede desactivar células del cerebro que segregan sustancias para mantenernos despiertos.
  3. Buena postura. ¿Cómo te sientas a la hora de leer? Seguro que la respuesta es compleja porque en la mayoría de los casos no somos conscientes de la postura que adoptamos. El sofá o la cama suelen ser los lugares elegidos por los lectores. Lo ideal para mantener la concentración es permanecer sentados con la espalda recta. Una postura que es buena para permanecer activos y también para la salud, manteniendo la columna en una posición óptima.
  4. Buscar lecturas entretenidas. Salvo que sea por necesidad (examen, trabajo) intenta buscar lecturas que te llamen la atención y te mantengan despiert@, en definitiva, que te entretengan porque el aburrimiento lleva a la desconcentración. Si aún así te entra el sueño, intenta despejarte durante unos minutos con otra actividad, cambia el campo visual alternando visión de cerca/lejos.
  5. Consumo de alimentos que aumenten la concentración. También puedes probar con alimentos que aumenten la concentración, como son todos aquellos que contengan hierro. También, siempre y cuando no te pongas nervioso, puedes mantenerte despierto con la cafeína.
  6. Cuestión de costumbre. Nuestro último consejo es que acostumbres a tu cerebro a leer de manera activa. Si asocias la lectura con irte a la cama, el cerebro cada vez que realices esa acción estará predispuesto para dormir. Para evitarlo, intenta leer en momentos en los que estés activo, para que el cerebro lo vea como una actividad en la que hay que mantener la concentración, no como un medio para descansar.

lunes, 18 de mayo de 2009

LOS REYES VAGOS

En el pueblo de siempre, perdón que sea tan iterativo pero es que allí transcurrió gran parte de mi vida, los tíos del bobo Salomón, los señores Rey, tenían la mejor ocupación del mundo, según ellos, la de no hacer nada. El dinero de sus ancestros, bien administrado por las matronas de la familia, producía suficientes ganancias para que los vástagos malgastaran el capital en bebida y enamorar las solteronas del pueblo. A las señoritas casaderas las dejaban quietas por una razón muy sencilla: les aterraba la idea de un compromiso serio, que era lo que les ocasionaría la aceptación de un noviazgo oficial por su parte con cualquiera de las niñas principales de la población. Para su deleite y placer estaban las campesinas de sus haciendas y las sirvientas de todo el pueblo. ¡Qué tal un Rey casado y con compromisos serios! Eso estaba para los aburridos, a ellos no los ataban con el cuento del matrimonio… Eran tres primos hermanos, hijos de tres hermanos Rey, fallecidos en diferentes circunstancias y por distintos motivos, eran los únicos varones “normales” del clan. En la familia Rey abundaban las mujeres y todas, sin excepción, habían contraído matrimonio con hombres serios y trabajadores que ayudaban a acrecentar el capital familiar y la descendencia, todo bajo la batuta de doña Emilia, la matrona principal y cabeza visible del pequeño imperio de los Rey. Sólo había un lunar en la familia: el bobo Salomón Rey, el otro varón familiar, que ni se llamaba así, sino Luis Alfonso, y era el hazmerreir de los otros vagos, los tres Reyes vagos se hacían los pendejos cuando lo veían por la calle en compañía de alguna de sus hermanas o primas para evitar las burlas sobre sí mismos, de los otros sinvergüenzas. Tanto habían acumulado fama de vagos que en un enero el sacerdote durante el sermón del seis, Día de los Reyes Magos en la iglesia católica, cometió un lapsus linguae que aun recuerdan los ociosos con carcajadas. Hablaba el curita de la visita de Melchor, Gaspar y Baltasar a la Sagrada Familia, de sus obsequios de oro, incienso y mirra y del simbolismo que se le dio a esta visita. Todo el mundo escuchaba las palabras del orador sagrado hasta cuando lo traicionó el inconsciente y dijo por el micrófono que estábamos celebrando la fiesta de “Los tres Reyes Vagos”, pobre curita, salvo unas pocas señoras respetables, la iglesia en coro retumbó con una carcajada al unísono, de los demás feligreses. Tienen un dicho en el pueblo: “Mi Dios no se queda con nada”, y los creyentes (todos los feligreses) que estuvieron en la iglesia el día de la metida de pata del curita Beltrán, estaban convencidos de que la burla ocasionada, sin querer, por los tres Rey, no quedaría impune. Además, argumentaban la Ley de la Compensación y metieron el Karma y en algún momento algún exaltado llegó hasta la destrucción de Sodoma y Gomorra, ¡Qué benditos tan exagerados! Lo cierto es que unos meses más tarde llegó un alcalde nuevo, estricto en cuanto a las normas de convivencia, al cumplimiento de la ley y con un odio visceral hacia los perezosos y sinvergüenzas. La verdad sea dicha, todas las mujeres del pueblo en general, y las Rey en particular, estaban más que aburridas de la vagancia de esa caterva de vagos que todos los días se reunía a ver pasar las mujeres, echar piropos, contar chistes pendejos y descuerar a todo el mundo a punta de lengua. Formaron una comisión que habló con el alcalde y le aseguraron su apoyo condicional en la decisión que tomara contra los sinvergüenzas, pero que fuera una sanción ejemplar. El alcalde les pidió calma y un poco de tiempo. Con el apoyo del Concejo Municipal dictó unas medidas para el arreglo y ornato del municipio y estipuló en letra pequeña que quienes no colaboraran en efectivo o en especies se verían obligados a realizarlo en forma obligatoria. ¡Claro que los niños perezosos no escucharon las instrucciones por los parlantes de la alcaldía!, ¡claro que tampoco leyeron los edictos fijados en todas las esquinas!, de manera que incumplieron con todas las nuevas normas y ¡claro que se sorprendieron cuando llegó la policía a detenerlos! y ¡claro que pidieron ayuda a sus madres y hermanas y la sorpresa fue máxima cuando estas les negaron su apoyo, el que siempre tenían, y tuvieron que someterse a un castigo que les marcó para siempre y después los convirtió en ciudadanos útiles. El alcalde, con el apoyo y asesoría de las mujeres estableció que estos perdularios pagarían su desobediencia con lo que menos les agradaba hacer en la vida, con el agravante que lo harían obligados y hasta terminar el nuevo edificio del Palacio Municipal, fueron condenados a ¡Trabajos Forzados!