viernes, 22 de mayo de 2009

Dios es buena gente

Cuando yo era pequeño mi madre me repetía a menudo: - Hijo, cree en Dios. Para ser sincero, desoí el consejo, hasta cuando, ya maduro, le conocí y me pareció buena persona. Temí hablarle pero Él me miró con ojos que infundían confianza y me comunicó: - “Tengo sed”. Terminamos sentados tomando cerveza y hablando carajadas en la tienda de un tipo mal encarado que apodaban “El Diablo”.

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