jueves, 7 de diciembre de 2017

URIBE ZANJÓ LA DISCUSIÓN INTERNA Y OPTÓ POR LLEVAR LISTA ABIERTA AL SENADO


© Semana Uribe

La puja terminó. La expectativa en torno a si el Centro Democrático llevará listas abiertas o cerradas al Congreso desató un fuerte debate interno, que prácticamente dividió al partido en dos bandos, y tuvo que ser conjurado por su máximo líder, el expresidente y senador Álvaro Uribe Vélez. 
Tuvieron que realizarse varias consultas y reuniones para tomar la decisión. Los defensores de la lista cerrada argumentaron siempre que eso permitía mantener la coherencia ideológica de la colectividad e impedía el ingreso de personas que, a juicio de este sector, solo tendrían como interés sumarse al uribismo a punta de dinero mas no con ideas.
En esta orilla se ubicó parte de la actual bancada de senadores que, en su mayoría, aspiran a reelegirse y no quieren perder los privilegios de estar en los primeros puestos de la plancha, ente ellos José Obdulio Gaviria y Alfredo Ramos, ya que la fórmula funcionó bien en el 2014 –en su primera medición ante las urnas– cuando se ganaron 20 curules en la cámara alta.
"Nefastos marrulleros con sueñan convertir el Centro Democrático en un nuevo partido de la U, de listas abiertas con clientelistas cuestionados, pero contra ellos también damos la pelea", dijo recientemente el senador Ramos, pero perdió.
En este grupo, por supuesto, se quiere que Uribe vuelva a encabezar la lista y jalone a los demás miembros de la plancha. En los comicios de hace tres años largos esta fórmula alcanzó a superar los 2 millones de votos y –debido a las tres sillas vacías que ahora mismo tiene la U (Bernardo ‘ñoño’ Elías, Musa Besaile y Martín Morales)– hoy eso hace del Centro Democrático la bancada mayoritaria. 
Y en el otro bando se unieron miembros de peso como el excandidato Óscar Iván Zuluaga, el dirigente ganadero José Félix Lafaurie y, entre otros varios, el exministro Fabio Valencia Cossio, quienes han defendido la lista abierta como fórmula para abrir nuevos espacios de participación en las regiones y aumentar su representación en el Senado.
La fórmula planteada es que la lista tenga 52 integrantes, que Uribe esté en el primer puesto y que, por supuesto, los actuales congresistas que se requieran reelegir también participen, al igual que los representantes, como María Fernanda Cabal, que quieran pasar al Senado.
La intención es que el expresidente jalone la mayor cantidad de votos posible y que las personas afines también marquen el tarjetón sobre el escudo del partido, lo que se convierte en un sufragio válido que suma a la hora de repartir curules.
Las cuentas internas indican que Uribe puede obtener más de un millón y medio de votos, el escudo del partido otros tantos y, por supuesto, los demás integrantes de la lista abierta podrían llevar los demás. De esta forma, con un global que supere los 2 millones de sufragios se apelaría a la cifra repartidora para un número limitado de cupos, no 100 como es costumbre, y ello permitiría alcanzar por lo menos 25 senadores.
Esta fórmula, la de lista abierta a Senado con 52 nombres en ella, fue la que finalmente escogió el expresidente Uribe. Según la senadora María del Rosario Guerra, comisionada por el líder del Centro Democrático para este propósito, la puja la dirimió él y se inclinó por cambiar la fórmula para las elecciones del 2018.
"Fue una decisión del Presidente fundador que considera que es la mejor manera de poder tener incluidas a muchas personas que quieren estar en el partido", enfatizó Guerra.
Ya en lo referente a la Cámara de Representantes se decidió que la decisión de lista abierta o cerrada quede en manos de cada directorio regional para que, en términos electorales, escoja el camino más beneficioso. Solo para los casos de Bogotá y Antioquia, donde el uribismo cuenta con 5 y 6 representantes, respectivamente, Uribe se meterá a fondo para determinar qué paso dar.

Con esta decisión, una vez más quedó confirmado que más allá de cualquier discusión que se dé en el Centro Democrático el jefe es Álvaro Uribe y él es quien toma las decisiones de fondo. Esta vez, incluso actuando contra varios de los postulados que ha defendido durante su regreso al Senado desde el 2014, optó por la lista abierta al Senado. Un mensaje claro de quien manda en la colectividad uribista.
Este es el sonajero de la lista uribista
En las últimas horas se conocieron nombres de quienes podrían estar en la lista abierta con 52 integrantes que se conformará para aspirar al Senado. En el uribismo la llaman semiabierta, y aunque esa figura jurídica no existe la denominan así porque no se llenarán los 100 cupos de los que se dispone en el tarjetón.
•         Por Antioquia, por supuesto, estará el propio Uribe, y suenan con fuerza Paola Holguín, Santiago Valencia, Alfredo Ramos, José Obdulio Gaviria, John Marulanda, Claudia Bustamante y Fabio Aristizábal.
•         En Atlántico se escucha hablar de Jaime Amín, Carlos Meisel y Ana María Abello. Por Araucaestaría Miguel Matus.
•         En Bogotá suenan Rafael Nieto, Iván Duque, María Fernanda Cabal, Alfredo Rangel, Clara Lucía Sandoval, Eva María Uribe, Oswaldo Parada, Rafael Guarín y eventualmente el coronel (r) Luis Alfonso Plazas Vega.
•         Por Bolívar se escucha de Fernando Araújo Merlano, Gabriel Arango y Oswaldo Ortiz (el youtuber cristiano). En Boyacá se ha hablado de Ciro Alejandro Ramírez y Rigoberto Barón. En Caldas suena Carlos Felipe Mejía y en Caquetá Rafael Torrijos y Gustavo Cabrera.
•         En Casanare han sonado Margarita Restrepo, Ítalo García, Reinaldo Vanegas, Guillermo Abril y Jorge Ortiz Vélez. En Cauca aspirarían José González y el general (r) Leonardo Barrera. En Cesar se habla de Sergio Araújo y Faruk Urrutia. Y en Córdoba estarían Daniel Cabrales y Ruby Chaguy.
•         Por Cundinamarca se escucha hablar de Everth Bustamante, José Miguel Santamaría y Yenny Rosso. Por Huila estarían Ernesto Macías y Hugo Tovar Marroquín. En Magdalenaaspiraría Honorio Miguel Henríquez. En el Meta estarían Nohora Tovar y Jennifer Arias. Y por Nariño Eduardo Alvarado y Pablo Andrés Guerrero.
•         En la región de Norte de Santander estarían Milla Restrepo y Basilio Villamizar. Por QuindíoHernando Márquez. En Risaralda se escucha de Juan Hurtado Cano y Alejandro Corrales. Y en Santander aspirarían Johana Chávez, Carlos Alberto Gómez, Jaime Clavijo, Severiano Cala y Quintín Herrera.
•         En la lista por Sucre estaría María del Rosario Guerra. En la de Tolima Paloma Valencia, Pierre García y Emanuel Arango. Y por Valle Gabriel Velazco, John Harold Suárez, Robinson González y Brasilia Romero.
Como se ve, la lista supera los 52 cupos que se decidieron abrir, en la medida de que hay actuales senadores, estarían los precandidatos (menos Carlos Holmes Trujillo) y otras personas con las que el uribismo ha coqueteado. Se espera que a más tardar el lunes se conozca el listado definitivo.
Tomado de Revista Semana

miércoles, 29 de noviembre de 2017

LA MASACRE DE LAS BANANERAS SÍ EXISTIÓ: LA DEMOLEDORA RESPUESTA DE UNA HISTORIADORA A MARÍA FERNANDA CABAL


La representante a la Cámara María Fernanda Cabal sorprendió este martes con una declaración que dejó boquiabierto a más de un historiador y estudioso de los orígenes de la violencia en Colombia. En el programa de Vicky Dávila, de La W Radio, la congresista uribista dijo que la masacre de las bananeras, ocurrida en los años veinte en Colombia, era un mito histórico de la "narrativa comunista".
"[...] Gabriel García Márquez crea el mito de los 3.000 trabajadores asesinados; no los consigue usted ni recogidos de las poblaciones vecinas para que vayan y trabajen. Eso no es cierto”, dijo Cabal.
La historiadora Leidy J. Torres Cendales escribió para SEMANA este texto sustentado con datos y telegramas de la época, en el que deja entrever que lo de Cabal no es más que una distorsión de la realidad con fines políticos en tiempos de la posverdad. Este es el escrito:
La Masacre de las bananeras de 1928 es uno de los hechos históricos más recordados por los colombianos. En su momento fue reivindicada por el movimiento obrero y por Jorge Eliécer Gaitán, pero quien lograría generalizar el conocimiento del suceso fue Gabriel García Márquez. En Cien Años de Soledad, el Nóbel puso en la boca de José Arcadio Buendía la polémica cifra de muertos que ha mantenido vivo el debate: “debían ser como tres mil”. Hoy, nuevamente, ese número y la existencia misma de la masacre son objeto de discusión por las declaraciones de la congresista María Fernanda Cabal. No obstante, habría que recordarle que dicha controversia es vieja y ha sido ampliamente desarrollada por los historiadores profesionales.
© Semana La masacre de las bananeras sí existió: la demoledora respuesta de una historiadora a María Fernanda Cabal
Ya en 1998, cuando se cumplían 70 años de los sucesos, Eduardo Posada
Carbó sugirió que la cifra de García Márquez era imprecisa y que la ficción literaria había calado demasiado hondo entre los historiadores. A partir de allí, algunos de ellos empezaron a escudriñar en periódicos colombianos como El Espectador y El Tiempo, pero sobre todo en fuentes extranjeras como el New York Times y los National Archives of Washington, buscando una visión más sopesada y alejada de la “narrativa comunista”, como la llama Cabal. A partir de dichos datos, los historiadores han concluido que, efectivamente, detrás de las cifras de la masacre hay una enorme indefinición. No obstante, de falta de certezas en los números a negar la masacre hay un largo trecho.
No es cierto, como dice la congresista, que 3 mil fuera un número exagerado de trabajadores para la zona bananera. Desconoce Cabal la importancia económica del cultivo de banano de las primeras décadas del siglo XX, las dimensiones de la migración de campesinos hacia las plantaciones y las cifras que el mismo New York Times registra el 26 de noviembre de 1928, cuando establece la cantidad de huelguistas en 12 mil.
La representante a la Cámara se queda también con la versión oficial, publicada en El Tiempo el 6 de diciembre de 1928, según la cual los huelguistas abandonaron la vía pacífica y optaron por vías de hecho, “forzando” al ejército a intervenir. Ignora, de nuevo, la congresista Cabal, que el mismo Jefe Civil y militar de la Provincia de Santa Marta, el General Carlos Cortés Vargas, enviado por el presidente Miguel Abadía a lidiar con el conflicto, señalaba apenas un día antes de la masacre que “la organización de los huelguistas era sorprendente” y “aunque armados de machetes ni huyen ni atacan, pero rodean las tropas con la esperanza de que los oficiales simpaticen con ellos”. De hecho, el mismo periódico El Espectador titulaba el 10 de diciembre que Cortés Vargas había descargado “sobre una multitud obrera inerme y pacífica”.
La masacre de las bananeras sí existió: la demoledora respuesta de una historiadora a María Fernanda Cabal
Finalmente, frente a la cifra de muertos, debemos recordar como el mismo
general Carlos Cortés Vargas reconoció en sus memorias la existencia de 9 muertos. Si 9 personas asesinadas no le parecen suficientes a la Senadora para aceptar que lo ocurrido en Ciénaga fue una masacre, tendremos entonces que recurrir nuevamente a Washington. El Embajador norteamericano en Colombia para 1928, Jefferson Caffery, reportó 100 muertos recién ocurrida la masacre. Para el 14 de diciembre sus estimaciones sobrepasaban el centenar y los heridos los contaba en más doscientos. Ya en uno de sus últimos telegramas sobre el tema tenía “el honor de informar que el asesor legal de la UFC aquí en Bogotá dijo ayer que el total de huelguistas muertos por las autoridades militares colombianas estaban entre 500 y 600”. (National Archives of Washington).
La masacre de las bananeras sí existió: la demoledora respuesta de una historiadora a María Fernanda Cabal
Actualmente son pocos los historiadores que creen en la existencia de una
única verdad sobre el pasado. La mayoría de nosotros sometemos nuestro conocimiento, como el de todas las ramas del saber, a la pregunta de quién lo enuncia, cómo y con qué intereses. No obstante, una cosa es asumir la responsabilidad de reconstruir  los hechos históricos integrando la pluralidad de versiones y otra muy distinta aceptar la manipulación y distorsión de la realidad con fines políticos, la mal llamada “posverdad”. Las cifras sobre la masacre de las bananeras son controvertibles, por supuesto, como también lo es la cantidad de personas torturadas y asesinadas en los campos de concentración de Auschwitz. Incluso las circunstancias en las cuales se abrió fuego a los huelguistas en 1928 también pueden ser discutidas. Sin embargo, ese debate debe pasar por los argumentos informados, basados en fuentes de información relativamente creíbles y por la sensibilidad, que parece hemos perdidos los colombianos, para sentir la misma indignación por la matanza de 9 trabajadores, de 600, o de 3.000. El punto no es el número de muertos, sino la necesidad de no invisibilizar las víctimas de la violencia, vengan del espectro que vengan, en el presente o en el pasado.
*Historiadora. Magíster en Historia.
Docente Facultad de Filosofía y Humanidades

Universidad de la Salle

jueves, 23 de noviembre de 2017

ASI SE ELEGIRÁ AL QUE DIGA URIBE


TOMADO DE REVISTA SEMANA

En un conteo regresivo se acerca la hora cero para que el Centro
Democrático escoja su candidato presidencial. Ya no será el que diga Álvaro Uribe, pues un complejo mecanismo de encuestas será el que arroje el veredicto. Dos firmas encuestadoras nacionales (sus nombres se mantienen en confidencialidad), serán las que consulten la opinión de los ciudadanos afines al uribismo, y en tres semanas se conocerá al ganador. 
La semana pasada, Iván Duque, María del Rosario Guerra, Rafael Nieto, Carlos Holmes Trujillo y Paloma Valencia, los cinco precandidatos, llegaron a un acuerdo sobre el mecanismo, inédito por lo menos en la política colombiana. Se trata de tres rondas de encuestas de las que saldrá un candidato eliminado. Así hasta encontrar al que será el abanderado del uribismo en el próximo debate presidencial. 
Este miércoles comenzaron a desarrollarse en el terreno los sondeos. Estos son los puntos esenciales de este proceso. 
1.     El número de encuestas 
Habrá dos. La primera está dirigida exclusivamente a los militantes del partido. No se medirá a todos, sino que las firmas escogerán una muestra
representativa entre los casi 280.000 que están registrados y afiliados en el Centro Democrático. Esa base de datos ya había sido entregada con anterioridad a las encuestadoras. La segunda se denomina abierta y en esta se consultará la opinión de ciudadanos afines al uribismo. 
Estas dos encuestas   serán simultáneas y se adelantarán cada semana hasta encontrar al ganador. Como son tres semanas, serán tres encuestas sucesivas. 
2.     La pregunta 
Tanto para la encuesta de militantes, como para la encuesta abierta, solo se formulará una pregunta: “¿Cuál de los siguientes precandidatos a la presidencia considera que debe ser el candidato del Centro Democrático?”
El interrogante será acompañado por un tarjetón en el que aparecerá la foto de los cinco precandidatos, en orden alfabético de izquierda a derecha. 

3. El orden

Primera semana (22 al 29 de noviembre)
Las dos firmas encuestadoras harán sus dos encuestas consultando el nombre de los cinco precandidatos. Una vez terminada la recolección de datos, aquel precandidato que registre el menor porcentaje será eliminado del proceso. 
Segunda semana (29 de noviembre al 6 de diciembre) 
Participarían cuatro precandidatos y con la misma metodología será eliminado el que tenga menor porcentaje. 
Tercera semana (6 de diciembre al 13 de diciembre)
Puede ser la ronda definitiva. En esta instancia participarán tres precandidatos y podría conocerse al ganador. Si uno de los tres precandidatos tiene más del doble del margen de error de diferencia sobre el segundo, ese será el elegido.   
Si no se registra esa diferencia entre el primero y el segundo, se eliminará que ocupe el tercer lugar. 
Finalísima (en caso de llegar a darse)   (13 de diciembre al 20 de diciembre) 
Si en la tercera ronda no hay ganador, se procederá a una cuarta encuesta. Participarían solo los dos finalistas y el que gane será el candidato 
3.     La Puntuación 
Primera semana (22 al 29 de noviembre)
Las dos firmas encuestadoras harán sus dos encuestas consultando el nombre de los cinco precandidatos. Una vez terminada la recolección de datos, aquel precandidato que registre el menor porcentaje será eliminado del proceso. 
Segunda semana (29 de noviembre al 6 de diciembre) 
Participarían cuatro precandidatos y con la misma metodología será eliminado el que tenga menor porcentaje. 
Tercera semana (6 de diciembre al 13 de diciembre)
Puede ser la ronda definitiva. En esta instancia participarán tres precandidatos y podría conocerse al ganador. Si uno de los tres precandidatos tiene más del doble del margen de error de diferencia sobre el segundo, ese será el elegido.   
Si no se registra esa diferencia entre el primero y el segundo, se eliminará que ocupe el tercer lugar. 
Finalísima (en caso de llegar a darse)   (13 de diciembre al 20 de diciembre) 
Si en la tercera ronda no hay ganador, se procederá a una cuarta encuesta. Participarían solo los dos finalistas y el que gane será el candidato 

4. La Puntuación 

Los resultados de las encuestas serán ponderados de la siguiente manera. La encuesta abierta tendrá un peso del 80% mientras que la encuesta de militantes otorgará el 20% de la puntuación definitiva. Aunque se escogieron dos firmas nacionales, no se descarta que en la tercera semana o en la finalísima se suma una firma encuestadora internacional. 

5. Los Resultados

Los resultados no serán públicos. Se creó una comisión de garantes en el Centro Democrático, integrada por tres personas (sus nombres también se mantienen en reserva). A ellos les llegará el reporte de cada firma encuestadora y sacarán los porcentajes definitivos. Esta comisión solo informará al candidato que resulte eliminado. El nombre de quien no clasifique tampoco se dará a conocer. Los tarjetones se cambiarán cada semana. 
Solo se conocerá el nombre del ganador una vez firmado el proceso. Se hará la proclamación en una convención nacional. 


miércoles, 8 de noviembre de 2017

JAIME LLANO GONZALEZ EN EL CIELO CON SU MUSICA


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 Alberto Borda Carranza

06 de noviembre 2017 , 09:57 p.m.
Con la partida este lunes del músico antioqueño Jaime Llano González, ángeles, arcángeles, querubines, serafines y todos los santos presenciarán el mejor concierto de música colombiana de la larga historia de la casa de Dios. Será el encuentro de Llano con los que se fueron antes.
 
Allí lo están esperando: los hermanos Martínez con sus voces, su tiple y su guitarra; Oriol Rangel en el piano y Otton Rangel en el bajo; Zoilo Nieto en su bajo, Eduardo Osorio en la guitarra, El Gran Paquito con sus maracas y cucharas de palo; Óscar Álvarez en la flauta y Gabriel Uribe en los vientos.
También, Guillermo Amado con su tiple, Manuel Jota Bernal en otro órgano, Gentil Montaña con su guitarra, el trío Morales Pino, el dueto Garzón y Collazos, José A. Morales, Jorge Villamil, Lucho Bermúdez y Arnulfo Briceño. Y se unirán Berenice Chávez, Las Hermanas Garavito, Carmiña Gallo, Helenita Vargas, Matilde Díaz, Gerardo Arellano, Alberto Osorio, Jaime R. Echavarría y Carlos Vieco.

Sonarán sus voces, tiples, guitarras, bandolas, flautas, pianos, violines y bajos. Todos ellos formarán parte de este inigualable concierto 
y en un lugar especial estará el maestro Jaime Llano González en su órgano.

El recordado músico de 85 años falleció en Bogotá el lunes en la madrugada, por complicaciones derivadas de una larga enfermedad que lo aquejó en sus últimos años.

Y hablar de su vida es reencontrarse con la felicidad: un hombre recto, educado, elegante, sencillo, gran conversador, bien plantado, un conquistador innato y, sobre todo, un buen amigo. Compinche de sus amigos, un hombre íntegro difícil de encontrar en la vida.

Nunca lo oí expresarse mal de algún colega y siempre tenía una frase amable así como también estaba lleno de anécdotas y bellos recuerdos.

Que rico era compartir un aguardiente y un bambuco en su casa, donde muchas veces tertuliamos, cuando de pronto salía con ese bello detalle de esconder las llaves de la casa y abrir de nuevo a las 6 de la mañana, diciendo que lo hacía por la inseguridad reinante en la ciudad.

Jaime Llano González nació el 5 de junio de 1932, en Titiribí (Antioquia) y él, con su simpatía a flor de piel, decía que su pueblo natal era en inglés: Titiri-bye, “porque en mi pueblo somos bilingües”.

Sus padres fueron Luis Eduardo Llano y Magdalena González. Su madre era maestra de piano y además tocaba el tiple. Fue ella quien lo introdujo en el mundo de la música dándole clases.

Terminó su bachillerato en Medellín, en el Liceo de la Universidad de Antioquia, y comenzó a estudiar medicina.

Pero su espíritu aventurero lo llevó a mudarse a Bogotá, donde comenzó a vender órganos en J. Glottmann. Así consiguió unos pesitos. Entonces, el joven Llano González se regresó a Medellín para proponerle matrimonio a la señorita Luz Aristizábal, gran mujer, llena de virtudes y paciencia, a quien conquistó con versos y serenatas. Contrajeron matrimonio el 11 de octubre de 1954. De esta unión quedan tres hijos: Jaime León, Luis Eduardo el ‘Tato’ y María Elena Llano Aristizábal.

La pareja regresó a Bogotá, donde fijó su residencia. Es cuando Jaime conoció a sus amigos músicos, con los que inició una interminable carrera artística. De esta manera logró ser contratado en varios grilles de la época, donde compartió escenario con grandes cantantes y músicos como Pedro Vargas y Alfredo Sadel.
Se inició en el grill-bar La Cabaña y su dueño, Pedro Rueda Mantilla, le permitió dar sus primeros pasos artísticos en su local
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Se inició en el grill-bar La Cabaña y su dueño, Pedro Rueda Mantilla, le permitió dar sus primeros pasos artísticos en su local.

Más tarde tocó con un grupo en un grill llamado La Kashba, cuyo eslogan era ‘Un rincón de París en el centro de Bogotá”, en la calle 23 con carrera 6, en un segundo piso. Allí alternaban con un conjunto de músicos extranjeros que tocaba largas tandas de tonadas francesas.

El conjunto en el que estaba el maestro Llano lo conformaban Felipe el ‘Chiqui’ Henao en el piano, el ‘Pote’ Tejada en el clarinete, saxo y flauta; Pedro Caicedo en la batería, y el cantante era Alfonso Restrepo, compositor de la conocida canción ‘Vámonos, vámonos donde nadie nos juzgue’.

Alguna vez, me contaba el maestro Llano, “tocábamos en los intermedios pero ya estábamos metidos en la onda de la música de la Costa. Estaba de moda ‘Ay cosita linda mamá’, y la gente se enloquecía y no paraba de bailar. El dueño del establecimiento, que era alemán, se paraba en el borde de la pista de baile y nos decía “¡hogible, hogible!” (¡horrible, horrible!), pero se daba cuenta de la reacción de la gente. Entonces, al poco tiempo sacó al grupo extranjero y nos dejó como orquesta de planta. A la gente le encantaban los porros, cumbias, merecumbés y vallenatos que tocábamos, y así nos posicionamos. El dueño nos bautizó el ‘Conjunto Arepa’ porque la mayoría éramos antioqueños”.

El maestro Llano González hizo radio especialmente en La Voz de Colombia, Nueva Granada y Radio Santa Fe. Participó en programas inolvidables como ‘Los maestros’, ‘Tierra colombiana’, ‘Fantasía’, ‘Al estilo de Jaime Llano’, ‘Donde nacen las canciones’, ‘Embajadores de la música colombiana’ y ‘Postales de Colombia’, entre otros.

Algún día le pregunté: “Jaime, ¿cuénteme cómo era Oriol Rangel?” Él me respondió: “Lo conocí en Bogotá. Era una persona superdotada en todo sentido, no era normal. Era un músico de proporciones inmensas, tenía una mano izquierda prodigiosa. Vivía en un mundo de música las 24 horas. El mundo externo no le interesaba. Amaba los bambucos, pasillos, torbellinos y guabinas. Yo que toqué tantas veces con Oriol, todos los días encontraba cosas diferentes y matices que no me imaginaba que se pudieran hacer. Desafortunadamente no quedó quien lo siga… de pronto la maestra Ruth Marulanda”.

“¿Y qué otros recuerda”, le volví a preguntar, al verlo tan animado.

“También conocí al maestro Lucho Bermúdez, uno de los grandes compositores que ha dado la música Colombiana y a quien le debo que me hubiera enamorado de la música de la costa Atlántica. Lucho tiene también un puesto de privilegio en la música andina y compuso, entre otras, ‘Espíritu colombiano’, ‘Huracán’ y ‘Plenilunio’. Recuerdo que alguna vez le pregunté: ‘Luchito, ¿por qué no compones un bambuco?’ Y me contestó con mucha gracia: ‘No Jaimito, es que el bambuco está muy mal hecho, tiene su problema de la síncopa, y a las personas que no lo han sentido desde pequeños y que no lo llevan en la sangre les cuesta mucho trabajo’. He grabado por lo menos 30 discos de música de la Costa y lo he hecho con mucho gusto, pues en música rítmica yo no conozco otra igual en el mundo”, me comentó Llano González.

En otra de nuestras interminables charlas, que yo solía grabar, le pregunté cómo era el maestro José A. Morales. “Mira, no terminaría en varias noches de contarte el señor que era José. Un señor en todo el sentido de la palabra. Me invitó al El Socorro, su tierra (‘Pueblito viejo’), y me enamoré, porque yo también soy de pueblo. Cada vez que llegaba a este pueblito viejo vibraba de emoción”, me contó.

Hablando con algunos de los músicos que acompañaron al maestro, como Henry Cuevas, este me dijo alguna vez: “Conocí al maestro Jaime Llano por el año 1976. Uno de los músicos de su grupo me invitó a formar parte del conjunto y empezamos a tocar en El Portón 3, en el pasaje del hotel Tequendama. Tocábamos con los Martínez, el ‘Chiqui’ Henao y Rodolfo Cely. También se presentaba Julio César Luna, actor y cantante argentino que era un excelente declamador, y Lida Zamora, una actriz y cantante. En este lugar tocábamos música andina y argentina, porque el dueño era el argentino Marcelo Fontana. Con este grupo recorrimos el país. El maestro Jaime era un profesional serio, rígido, perfeccionista. Fuera de la tarima era jovial, con un gran sentido del humor y casi siempre con una copa y un cigarro en la boca. Yo le agradezco mucho que me hubiera hecho conocer e interesar por la música andina colombiana, pues yo venía de hacer música popular como buen valluno que soy. El maestro Llano era único”.

Por su parte, el maestro Fernando León me dijo sobre Llano González: “Conocí a Jaimito en Radio Santa Fe por el año 71. Fui a llevarle una carta al maestro José A. Morales que un amigo en común, Varguitas, integrante de la Rondalla Bumanguesa, le enviaba. Tuve la fortuna de tocar con él y con los hermanos Martínez en el programa que tenía –‘Extensión cultural de Bogotá’–. Yo hacía la bandola. Jaimito, una leyenda de la música Colombiana, era muy querido, algo tímido, él hablaba más bien tocando el órgano. Muy solidario con los colegas, vivía pendiente de sus músicos. Fueron mutuamente confidentes con el maestro José A. Morales y hasta le pulió algunas obras instrumentales. Era amante de la música clásica y de los tangos. Tenía una cultura musical muy amplia. Nos enseñó el respeto por la música colombiana”.

El maestro Llano González recibió a lo largo de su vida artística muchas condecoraciones como la Cruz de Boyacá, El Hacha de Antioquia, Ciudadano Meritorio del Valle del Cauca y de Santander, Hijo Adoptivo del Socorro y le otorgaron el Premio Aplauso, como reconocimiento por su trabajo por la música colombiana. 

Además, viajó representando al país por los cinco continentes.
 Fue un gran embajador volante. Compuso varias obras, entre las que se destacan ‘Si te vuelvo a besar’, ‘Orgullo del arriero’, ‘Puntillazo’. También grabó discos con artistas colombianos y extranjeros.

En el cielo están de fiesta, un bambuco y un aguardiente… ¡Salud maestro! Gracias por su música, gracias por tanta felicidad, usted es inolvidable.

ALBERTO BORDA CARRANZA*
Para EL TIEMPO
* Abogado y músico bogotano de la agrupación Borda y San Juan, y director del programa radial 'Amor a Colombia' (RCN)

viernes, 13 de octubre de 2017

A DIEZ AÑOS DEL OLVIDO QUE SEREMOS







El niño, yo, amaba al señor, su padre, sobre todas las cosas. Lo amaba más que a Dios. Un día tuve que escoger entre Dios y mi papá, y escogí a mi papá. Fue la primera discusión teológica de mi vida y la tuve con la hermanita Josefa, la monja que nos cuidaba a Sol y a mí, los hermanos menores.

Así comienza Héctor Abad Faciolince (Medellín,1958)  el testimonio de amor, admiración y gratitud por su padre Héctor Abad Gómez (1921-1987) quien fue asesinado en pleno centro de Medellín, Colombia, el 25 de agosto de 1987. El libro refleja no solo la vida de un defensor de los derechos humanos, también el recuerdo de una ciudad, de una familia y de una niñez que recuerda con melancolía.

UN LUCHADOR CON COMPROMISO
El médico Héctor Abad, apostaba por el compromiso social de la medicina en países con pobreza como Colombia. Fue un luchador por la paz, la tolerancia y la justicia. Su amor por la vida, por sus hijos, por el arte y por la justicia eran el centro de su vida. Recibió muchas amenazas pero nunca se calló, siguió denunciando hasta el fatídico día en el que dos sicarios vaciaron los cargadores sobre su cuerpo frente al Sindicato de Maestros de Medellín. Tenía 65 años, vestía saco y corbata, y en el bolsillo de su pantalón llevaba un soneto de Borges, “Epitafio”, acaso un apócrifo, y cuyo primer verso reza: “Ya somos el olvido que seremos…”
Se necesitaron 20 años para que Héctor, su hijo, madurara su escritura y pudiera crear una hermosa novela que conmueve a quien la lee: “Amaba a mi padre por sobre todas las cosas… Amaba a mi papá con un amor animal. Me gustaba su olor, y también el recuerdo de su olor… Me gustaba su voz, me gustaban sus manos, la pulcritud de su ropa y la meticulosa limpieza de su cuerpo”.
El doctor Abad educa a su familia con la calidez del abrazo, con la protección del amor en medio de una sociedad atravesada por la violencia intrafamiliar, política, institucional e histórica.
“La idea más insoportable de mi infancia era imaginar que mi papá se pudiera morir, y por eso yo había resuelto tirarme al río Medellín si él llegaba a morirse”. Dice Héctor. Sin embargo, cambia la idea de lanzarse al río por un relato que es novela, carta, testimonio, documento, ensayo y biografía. Son 42 capítulos sobre la familia, la historia de Colombia. Sin embargo la inexplicable muerte de su padre no puede ser respondida.

SOBRE LA OBRA
Héctor Abad Faciolince tardó 20 años en darle forma a las ideas y tratar de curar la herida para poder explicar lo que esta muerte significó en su vida. La editorial Alfaguara  recientemente reeditó el libro en España y lo presentó en Matadero, Madrid.
El olvido que seremos fue el noveno libro de Héctor Abad Faciolince y uno de los más hermosos de su toda su obra. Lo publicó en el año 2006 y  ha sido traducido al inglés, italiano, portugués, alemán, francés y holandés. También ha sido reconocido con Premio WOLA-Duke en Derechos Humanos en Estados Unidos y el Prémio Criaçao Literária Casa da America Latina de Portugal.
Héctor Abad Faciolince reflexiona, no busca acusar a los verdugos de su padre. Intenta entender la pérdida que atraviesan las sociedades donde la muerte se vuelve cotidiana e irracional.
El olvido que seremos es la reconstrucción amorosa y paciente de ese personaje. Un hombre generoso, compasivo y tolerante.  “Mi papá nunca tenía dinero suficiente porque siempre le daba o le prestaba plata a cualquiera que se la pidiera, parientes, conocidos, extraños, mendigos. Los estudiantes en la universidad se aprovechaban de él. (…) Yo sabía que los estudiantes le pedían plata prestada porque muchas veces lo acompañaba a la Universidad y su oficina parecía un sitio de peregrinación. Los estudiantes hacían fila afuera; algunos, sí, para consultarle asuntos académicos, pero la mayoría para pedirle plata prestada.

BUSCANDO A BORGES
El poema que tenía  Héctor Abad Gómez en el bolsillo el día de su muerte, se convirtió en epitafio de la tumba, y en noviembre de 1987  su hijo, el escritor lo publicó  en el ‘El Espectador’, atribuyéndolo a Jorge Luis Borges.
Abad  para zanjar la polémica de la autoría de los versos, decide rastrear el origen de los mismos. En un largo proceso de investigación viaja de  Francia hasta Argentina y termina  por confirmar la autoría de Borges, algo en lo que el escritor colombiano siempre había creído. También descubrió  cinco poemas inéditos del autor argentino.

Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y qué fue el rojo Adán y qué es ahora
Todos los hombres, y que no veremos.
Ya somos en la tumba las dos fechas
Del principio y el término. La caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
Los triunfos de la muerte, y las endechas.
No soy el insensato que se aferra
Al mágico sonido de su nombre.
Pienso con esperanza en aquel hombre
Que no sabrá que fui sobre la tierra.
Bajo el indiferente azul del cielo,
Esta meditación es un consuelo.

Carta a una sombra
En un documental que se estrenó en el 2015 se entrelazan  tres generaciones de la familia Abad: primero está Héctor Abad Gómez, médico y defensor de los derechos humanos asesinado en 1987; luego está su hijo, Héctor Abad Faciolince, columnista y escritor que procesó a su manera el suceso en el exitoso libro El olvido que seremos, y, para terminar, está Daniela Abad, nieta del primero e hija del segundo.
El considerable impacto del documental se explica por el material tan íntimo que tiene a su disposición: fotos, imágenes de videos caseros y de noticiero, y, lo más impresionante, la voz de Abad Gómez en unas audio cartas a su familia. Con todos estos elementos, Carta a una sombra construye un retrato que conmueve acerca de cómo la violencia insensata hizo tambalear los cimientos de una familia.
Carta a una Sombra profundiza en la vida y muerte de un personaje que es tragedia y redención. Un hombre que se empeñó en salvar vidas y perdió la suya a manos de los paramilitares colombianos.
Creo que el único motivo por el que he sido capaz de seguir escribiendo todos estos años es porque sé que mi papá hubiera gozado más que nadie al leer todas estas páginas mías que no alcanzó a leer. Es una de las paradojas más tristes de mi vida: casi todo lo que he escrito lo he escrito para alguien que no puede leerme, y esto no es otra cosa que la carta a una sombra.
TOMADO DE INTERNET