miércoles, 8 de noviembre de 2017

JAIME LLANO GONZALEZ EN EL CIELO CON SU MUSICA


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 Alberto Borda Carranza

06 de noviembre 2017 , 09:57 p.m.
Con la partida este lunes del músico antioqueño Jaime Llano González, ángeles, arcángeles, querubines, serafines y todos los santos presenciarán el mejor concierto de música colombiana de la larga historia de la casa de Dios. Será el encuentro de Llano con los que se fueron antes.
 
Allí lo están esperando: los hermanos Martínez con sus voces, su tiple y su guitarra; Oriol Rangel en el piano y Otton Rangel en el bajo; Zoilo Nieto en su bajo, Eduardo Osorio en la guitarra, El Gran Paquito con sus maracas y cucharas de palo; Óscar Álvarez en la flauta y Gabriel Uribe en los vientos.
También, Guillermo Amado con su tiple, Manuel Jota Bernal en otro órgano, Gentil Montaña con su guitarra, el trío Morales Pino, el dueto Garzón y Collazos, José A. Morales, Jorge Villamil, Lucho Bermúdez y Arnulfo Briceño. Y se unirán Berenice Chávez, Las Hermanas Garavito, Carmiña Gallo, Helenita Vargas, Matilde Díaz, Gerardo Arellano, Alberto Osorio, Jaime R. Echavarría y Carlos Vieco.

Sonarán sus voces, tiples, guitarras, bandolas, flautas, pianos, violines y bajos. Todos ellos formarán parte de este inigualable concierto 
y en un lugar especial estará el maestro Jaime Llano González en su órgano.

El recordado músico de 85 años falleció en Bogotá el lunes en la madrugada, por complicaciones derivadas de una larga enfermedad que lo aquejó en sus últimos años.

Y hablar de su vida es reencontrarse con la felicidad: un hombre recto, educado, elegante, sencillo, gran conversador, bien plantado, un conquistador innato y, sobre todo, un buen amigo. Compinche de sus amigos, un hombre íntegro difícil de encontrar en la vida.

Nunca lo oí expresarse mal de algún colega y siempre tenía una frase amable así como también estaba lleno de anécdotas y bellos recuerdos.

Que rico era compartir un aguardiente y un bambuco en su casa, donde muchas veces tertuliamos, cuando de pronto salía con ese bello detalle de esconder las llaves de la casa y abrir de nuevo a las 6 de la mañana, diciendo que lo hacía por la inseguridad reinante en la ciudad.

Jaime Llano González nació el 5 de junio de 1932, en Titiribí (Antioquia) y él, con su simpatía a flor de piel, decía que su pueblo natal era en inglés: Titiri-bye, “porque en mi pueblo somos bilingües”.

Sus padres fueron Luis Eduardo Llano y Magdalena González. Su madre era maestra de piano y además tocaba el tiple. Fue ella quien lo introdujo en el mundo de la música dándole clases.

Terminó su bachillerato en Medellín, en el Liceo de la Universidad de Antioquia, y comenzó a estudiar medicina.

Pero su espíritu aventurero lo llevó a mudarse a Bogotá, donde comenzó a vender órganos en J. Glottmann. Así consiguió unos pesitos. Entonces, el joven Llano González se regresó a Medellín para proponerle matrimonio a la señorita Luz Aristizábal, gran mujer, llena de virtudes y paciencia, a quien conquistó con versos y serenatas. Contrajeron matrimonio el 11 de octubre de 1954. De esta unión quedan tres hijos: Jaime León, Luis Eduardo el ‘Tato’ y María Elena Llano Aristizábal.

La pareja regresó a Bogotá, donde fijó su residencia. Es cuando Jaime conoció a sus amigos músicos, con los que inició una interminable carrera artística. De esta manera logró ser contratado en varios grilles de la época, donde compartió escenario con grandes cantantes y músicos como Pedro Vargas y Alfredo Sadel.
Se inició en el grill-bar La Cabaña y su dueño, Pedro Rueda Mantilla, le permitió dar sus primeros pasos artísticos en su local
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Se inició en el grill-bar La Cabaña y su dueño, Pedro Rueda Mantilla, le permitió dar sus primeros pasos artísticos en su local.

Más tarde tocó con un grupo en un grill llamado La Kashba, cuyo eslogan era ‘Un rincón de París en el centro de Bogotá”, en la calle 23 con carrera 6, en un segundo piso. Allí alternaban con un conjunto de músicos extranjeros que tocaba largas tandas de tonadas francesas.

El conjunto en el que estaba el maestro Llano lo conformaban Felipe el ‘Chiqui’ Henao en el piano, el ‘Pote’ Tejada en el clarinete, saxo y flauta; Pedro Caicedo en la batería, y el cantante era Alfonso Restrepo, compositor de la conocida canción ‘Vámonos, vámonos donde nadie nos juzgue’.

Alguna vez, me contaba el maestro Llano, “tocábamos en los intermedios pero ya estábamos metidos en la onda de la música de la Costa. Estaba de moda ‘Ay cosita linda mamá’, y la gente se enloquecía y no paraba de bailar. El dueño del establecimiento, que era alemán, se paraba en el borde de la pista de baile y nos decía “¡hogible, hogible!” (¡horrible, horrible!), pero se daba cuenta de la reacción de la gente. Entonces, al poco tiempo sacó al grupo extranjero y nos dejó como orquesta de planta. A la gente le encantaban los porros, cumbias, merecumbés y vallenatos que tocábamos, y así nos posicionamos. El dueño nos bautizó el ‘Conjunto Arepa’ porque la mayoría éramos antioqueños”.

El maestro Llano González hizo radio especialmente en La Voz de Colombia, Nueva Granada y Radio Santa Fe. Participó en programas inolvidables como ‘Los maestros’, ‘Tierra colombiana’, ‘Fantasía’, ‘Al estilo de Jaime Llano’, ‘Donde nacen las canciones’, ‘Embajadores de la música colombiana’ y ‘Postales de Colombia’, entre otros.

Algún día le pregunté: “Jaime, ¿cuénteme cómo era Oriol Rangel?” Él me respondió: “Lo conocí en Bogotá. Era una persona superdotada en todo sentido, no era normal. Era un músico de proporciones inmensas, tenía una mano izquierda prodigiosa. Vivía en un mundo de música las 24 horas. El mundo externo no le interesaba. Amaba los bambucos, pasillos, torbellinos y guabinas. Yo que toqué tantas veces con Oriol, todos los días encontraba cosas diferentes y matices que no me imaginaba que se pudieran hacer. Desafortunadamente no quedó quien lo siga… de pronto la maestra Ruth Marulanda”.

“¿Y qué otros recuerda”, le volví a preguntar, al verlo tan animado.

“También conocí al maestro Lucho Bermúdez, uno de los grandes compositores que ha dado la música Colombiana y a quien le debo que me hubiera enamorado de la música de la costa Atlántica. Lucho tiene también un puesto de privilegio en la música andina y compuso, entre otras, ‘Espíritu colombiano’, ‘Huracán’ y ‘Plenilunio’. Recuerdo que alguna vez le pregunté: ‘Luchito, ¿por qué no compones un bambuco?’ Y me contestó con mucha gracia: ‘No Jaimito, es que el bambuco está muy mal hecho, tiene su problema de la síncopa, y a las personas que no lo han sentido desde pequeños y que no lo llevan en la sangre les cuesta mucho trabajo’. He grabado por lo menos 30 discos de música de la Costa y lo he hecho con mucho gusto, pues en música rítmica yo no conozco otra igual en el mundo”, me comentó Llano González.

En otra de nuestras interminables charlas, que yo solía grabar, le pregunté cómo era el maestro José A. Morales. “Mira, no terminaría en varias noches de contarte el señor que era José. Un señor en todo el sentido de la palabra. Me invitó al El Socorro, su tierra (‘Pueblito viejo’), y me enamoré, porque yo también soy de pueblo. Cada vez que llegaba a este pueblito viejo vibraba de emoción”, me contó.

Hablando con algunos de los músicos que acompañaron al maestro, como Henry Cuevas, este me dijo alguna vez: “Conocí al maestro Jaime Llano por el año 1976. Uno de los músicos de su grupo me invitó a formar parte del conjunto y empezamos a tocar en El Portón 3, en el pasaje del hotel Tequendama. Tocábamos con los Martínez, el ‘Chiqui’ Henao y Rodolfo Cely. También se presentaba Julio César Luna, actor y cantante argentino que era un excelente declamador, y Lida Zamora, una actriz y cantante. En este lugar tocábamos música andina y argentina, porque el dueño era el argentino Marcelo Fontana. Con este grupo recorrimos el país. El maestro Jaime era un profesional serio, rígido, perfeccionista. Fuera de la tarima era jovial, con un gran sentido del humor y casi siempre con una copa y un cigarro en la boca. Yo le agradezco mucho que me hubiera hecho conocer e interesar por la música andina colombiana, pues yo venía de hacer música popular como buen valluno que soy. El maestro Llano era único”.

Por su parte, el maestro Fernando León me dijo sobre Llano González: “Conocí a Jaimito en Radio Santa Fe por el año 71. Fui a llevarle una carta al maestro José A. Morales que un amigo en común, Varguitas, integrante de la Rondalla Bumanguesa, le enviaba. Tuve la fortuna de tocar con él y con los hermanos Martínez en el programa que tenía –‘Extensión cultural de Bogotá’–. Yo hacía la bandola. Jaimito, una leyenda de la música Colombiana, era muy querido, algo tímido, él hablaba más bien tocando el órgano. Muy solidario con los colegas, vivía pendiente de sus músicos. Fueron mutuamente confidentes con el maestro José A. Morales y hasta le pulió algunas obras instrumentales. Era amante de la música clásica y de los tangos. Tenía una cultura musical muy amplia. Nos enseñó el respeto por la música colombiana”.

El maestro Llano González recibió a lo largo de su vida artística muchas condecoraciones como la Cruz de Boyacá, El Hacha de Antioquia, Ciudadano Meritorio del Valle del Cauca y de Santander, Hijo Adoptivo del Socorro y le otorgaron el Premio Aplauso, como reconocimiento por su trabajo por la música colombiana. 

Además, viajó representando al país por los cinco continentes.
 Fue un gran embajador volante. Compuso varias obras, entre las que se destacan ‘Si te vuelvo a besar’, ‘Orgullo del arriero’, ‘Puntillazo’. También grabó discos con artistas colombianos y extranjeros.

En el cielo están de fiesta, un bambuco y un aguardiente… ¡Salud maestro! Gracias por su música, gracias por tanta felicidad, usted es inolvidable.

ALBERTO BORDA CARRANZA*
Para EL TIEMPO
* Abogado y músico bogotano de la agrupación Borda y San Juan, y director del programa radial 'Amor a Colombia' (RCN)

viernes, 13 de octubre de 2017

A DIEZ AÑOS DEL OLVIDO QUE SEREMOS







El niño, yo, amaba al señor, su padre, sobre todas las cosas. Lo amaba más que a Dios. Un día tuve que escoger entre Dios y mi papá, y escogí a mi papá. Fue la primera discusión teológica de mi vida y la tuve con la hermanita Josefa, la monja que nos cuidaba a Sol y a mí, los hermanos menores.

Así comienza Héctor Abad Faciolince (Medellín,1958)  el testimonio de amor, admiración y gratitud por su padre Héctor Abad Gómez (1921-1987) quien fue asesinado en pleno centro de Medellín, Colombia, el 25 de agosto de 1987. El libro refleja no solo la vida de un defensor de los derechos humanos, también el recuerdo de una ciudad, de una familia y de una niñez que recuerda con melancolía.

UN LUCHADOR CON COMPROMISO
El médico Héctor Abad, apostaba por el compromiso social de la medicina en países con pobreza como Colombia. Fue un luchador por la paz, la tolerancia y la justicia. Su amor por la vida, por sus hijos, por el arte y por la justicia eran el centro de su vida. Recibió muchas amenazas pero nunca se calló, siguió denunciando hasta el fatídico día en el que dos sicarios vaciaron los cargadores sobre su cuerpo frente al Sindicato de Maestros de Medellín. Tenía 65 años, vestía saco y corbata, y en el bolsillo de su pantalón llevaba un soneto de Borges, “Epitafio”, acaso un apócrifo, y cuyo primer verso reza: “Ya somos el olvido que seremos…”
Se necesitaron 20 años para que Héctor, su hijo, madurara su escritura y pudiera crear una hermosa novela que conmueve a quien la lee: “Amaba a mi padre por sobre todas las cosas… Amaba a mi papá con un amor animal. Me gustaba su olor, y también el recuerdo de su olor… Me gustaba su voz, me gustaban sus manos, la pulcritud de su ropa y la meticulosa limpieza de su cuerpo”.
El doctor Abad educa a su familia con la calidez del abrazo, con la protección del amor en medio de una sociedad atravesada por la violencia intrafamiliar, política, institucional e histórica.
“La idea más insoportable de mi infancia era imaginar que mi papá se pudiera morir, y por eso yo había resuelto tirarme al río Medellín si él llegaba a morirse”. Dice Héctor. Sin embargo, cambia la idea de lanzarse al río por un relato que es novela, carta, testimonio, documento, ensayo y biografía. Son 42 capítulos sobre la familia, la historia de Colombia. Sin embargo la inexplicable muerte de su padre no puede ser respondida.

SOBRE LA OBRA
Héctor Abad Faciolince tardó 20 años en darle forma a las ideas y tratar de curar la herida para poder explicar lo que esta muerte significó en su vida. La editorial Alfaguara  recientemente reeditó el libro en España y lo presentó en Matadero, Madrid.
El olvido que seremos fue el noveno libro de Héctor Abad Faciolince y uno de los más hermosos de su toda su obra. Lo publicó en el año 2006 y  ha sido traducido al inglés, italiano, portugués, alemán, francés y holandés. También ha sido reconocido con Premio WOLA-Duke en Derechos Humanos en Estados Unidos y el Prémio Criaçao Literária Casa da America Latina de Portugal.
Héctor Abad Faciolince reflexiona, no busca acusar a los verdugos de su padre. Intenta entender la pérdida que atraviesan las sociedades donde la muerte se vuelve cotidiana e irracional.
El olvido que seremos es la reconstrucción amorosa y paciente de ese personaje. Un hombre generoso, compasivo y tolerante.  “Mi papá nunca tenía dinero suficiente porque siempre le daba o le prestaba plata a cualquiera que se la pidiera, parientes, conocidos, extraños, mendigos. Los estudiantes en la universidad se aprovechaban de él. (…) Yo sabía que los estudiantes le pedían plata prestada porque muchas veces lo acompañaba a la Universidad y su oficina parecía un sitio de peregrinación. Los estudiantes hacían fila afuera; algunos, sí, para consultarle asuntos académicos, pero la mayoría para pedirle plata prestada.

BUSCANDO A BORGES
El poema que tenía  Héctor Abad Gómez en el bolsillo el día de su muerte, se convirtió en epitafio de la tumba, y en noviembre de 1987  su hijo, el escritor lo publicó  en el ‘El Espectador’, atribuyéndolo a Jorge Luis Borges.
Abad  para zanjar la polémica de la autoría de los versos, decide rastrear el origen de los mismos. En un largo proceso de investigación viaja de  Francia hasta Argentina y termina  por confirmar la autoría de Borges, algo en lo que el escritor colombiano siempre había creído. También descubrió  cinco poemas inéditos del autor argentino.

Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y qué fue el rojo Adán y qué es ahora
Todos los hombres, y que no veremos.
Ya somos en la tumba las dos fechas
Del principio y el término. La caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
Los triunfos de la muerte, y las endechas.
No soy el insensato que se aferra
Al mágico sonido de su nombre.
Pienso con esperanza en aquel hombre
Que no sabrá que fui sobre la tierra.
Bajo el indiferente azul del cielo,
Esta meditación es un consuelo.

Carta a una sombra
En un documental que se estrenó en el 2015 se entrelazan  tres generaciones de la familia Abad: primero está Héctor Abad Gómez, médico y defensor de los derechos humanos asesinado en 1987; luego está su hijo, Héctor Abad Faciolince, columnista y escritor que procesó a su manera el suceso en el exitoso libro El olvido que seremos, y, para terminar, está Daniela Abad, nieta del primero e hija del segundo.
El considerable impacto del documental se explica por el material tan íntimo que tiene a su disposición: fotos, imágenes de videos caseros y de noticiero, y, lo más impresionante, la voz de Abad Gómez en unas audio cartas a su familia. Con todos estos elementos, Carta a una sombra construye un retrato que conmueve acerca de cómo la violencia insensata hizo tambalear los cimientos de una familia.
Carta a una Sombra profundiza en la vida y muerte de un personaje que es tragedia y redención. Un hombre que se empeñó en salvar vidas y perdió la suya a manos de los paramilitares colombianos.
Creo que el único motivo por el que he sido capaz de seguir escribiendo todos estos años es porque sé que mi papá hubiera gozado más que nadie al leer todas estas páginas mías que no alcanzó a leer. Es una de las paradojas más tristes de mi vida: casi todo lo que he escrito lo he escrito para alguien que no puede leerme, y esto no es otra cosa que la carta a una sombra.
TOMADO DE INTERNET


miércoles, 27 de septiembre de 2017

LOS 44 MEJORES LIBROS, SEGÚN J.K. ROWLING


Joanne Rowling1​ (Yate, South GloucestershireReino Unido31 de julio de 1965), quien escribe bajo seudónimos J. K. Rowling,7​ Newt ScamanderKennilworthy Whisp y Robert Galbraith, es una escritora y productora de cine británica, conocida por ser la autora de la serie de libros Harry Potter, que han superado los 450 millones de ejemplares vendidos.8

1. La chica con el tatuaje en la parte baja de la espalda de Amy Schumer
2.Poverty safari : understanding the anger of Britain’s underclass de Darren McGarvey
3.The little big things : A young man’s belief that every day can be a good day de Henry Fraser
4.El pequeño caballo blanco de Elizabeth Goudge
5. The story of the treasure seekers de Edith Nesbit
6.La mujer que se daba con las puertas de Roddy Doyle
7. Equipo de rivales de Doris Kearns Goodwin
8. Memorias de un gentleman excéntrico de Auberon Waugh
9.Ilíada de Homero
10. Emma de Jane Austen
11. Querido de Colette
12.Obras completasIII y III de Colette
13.El viento en los sauces de Kenneth Grahame
14.Cumbres borrascosas de Emily Brontë
15. Belleza negra de Anna Sewell
16. Mujercitas de Louisa May Alcott
17. El ratón Manx de Paul Gallico
18. Nobles y rebeldes de Jessica Mitford
19. Las zapatillas de ballet de Noel Streatfeild
20.Historia de dos ciudades de Charles Dickens
21. Secretos de la carne: vida de Colette de Judith Thurman
22.El castillo soñado de Dodie Smith
23.Macbeth de William Shakespeare
24.Grimble de Clement Freud
25.Lolita de Vladimir Nabokov
26.JFK playboy of the Western world de Nigel Hamilton
27. JFK : reckless youth de Nigel Hamilton
28.La canción de Aquiles de Madeline Miller
29.Decca: the letters of Jessica Mitford de Peter Y. Sussman
30. La dama de blanco de Wilkie Collins
31.La piedra lunar de Wilkie Collins
32.Trampa 22 de Joseph Heller
33.Matar un ruiseñor de Harper Lee
34. Rebelión en la granja de George Orwell
35.The vanishing point de Val McDermid
36. Charlie y la fábrica de chocolate de Roald Dahl
37. Robinson Crusoe de Daniel Defoe
38. David Copperfield de Charles Dickens
39.Una Danza para la música del tiempo de Anthony Powell
40.El oficio del mal de Robert Galbraith (su pseudónimo)
41.El cuento de dos malvados ratones de Beatrix Potter
42.El guardian entre el centeno de JD Salinger
43.Hamlet de William Shakespeare
44. El feminismo es para todo el mundo de Bell Hooks

FUENTE: http://www.msn.com

sábado, 23 de septiembre de 2017

DE DONDE NACEN LOS APODOS?







¿POR QUÉ LOS APODOS?
Esta costumbre de darle a la gente un mote, alias, sobrenombre o apodo no es nueva ni exclusiva de un país concreto; pertenece al legado de la humanidad y a todas las épocas históricas. Buscar las razones sería dispendioso y no pretendo agotar el tema, de manera que dejo a los reyes, príncipes, santos, héroes y demás de la historia universal quietos y me dedico a los apodos comunes y corrientes que recorren en la actualidad la geografía de nuestros países latinoamericanos.
También dejo por fuera a los famosos: “La pulga” Messi, Pelé (Edson Arantes do Nascimento); oigan, a propósito, ¿si sabían que los futbolistas brasileños son los únicos en los campeonatos mundiales que no son llamados por sus nombres sino por sus apodos?
Cabe anotar que en los apodos se utilizan apocopes, síncopes y cuanta licencia poética existe en la lengua española; doy como ejemplos: “Carepapa”, “Culichupao”, “Chupadeo”, “Jetecandao”, por Cara de papa, Culo chupado, Chupa dedo, Jeta de candado. Entonces, en su corrector de ortografía, este artículo aparecerá lleno de horrores ortográficos. Pero es que las palabras correspondientes bien escritas le quitan el sabor autóctono a los motes.
Un apodo nace de una semejanza, de una equivocación, de un compromiso, de un defecto o, escúchenlo bien, son heredados. Se sabe de alias que pasaron de generación en generación y de una persona a toda la familia. En algunos casos el apodo cambio de género, por ejemplo en mi pueblo a una mujer que le decían “La Racha” le cedió  el apodo a su descendencia y a sus hijos y nietos los apodan “Los Rachos”. En otro pueblo de mis amores a cierto seños lo motejaron “El Diablo” y por derecha a toda su descendencia, así que hay diablos y diablas en la familia Chaparro.
Al final del artículo encontrarán un listado amplio de apodos curiosos y malintencionados con la debida explicación, como abrebocas van dos ejemplos:
•         “Carpa de circo”: así le dicen porque la clavan en cualquier potrero.
•         “Vaso de agua”: porque no se le niega a nadie.
Hay gremios de gremios y entre la comunidad dedicada a los carros (choferes, mecánicos, ayudantes, etc.), abundan las personas que olvidan sus nombres propios y sólo responden al mote que les acomodaron sus compañeros:
Hay sobrenombres para todos los gustos y se pueden clasificar en varias categorías.
•         Aficiones: según el gusto del personaje le acomodan su alias, veamos, sin explicaciones: “El ciclista”, “Patinador”, “Futbolito”, “Fan estrella”, “Todos los domingos”…
•         Animales: pienso que en este renglón están la mayoría de motes y se dan por el parecido físico de la víctima o por alguna similitud de actitud, movimientos, defectos o cualidades. Encontramos “Gato”, “Burro”, “Caballo” en todas las latitudes, no es sino escuchar una transmisión de un partido de fútbol para comprobarlo pero, no es exclusivo del deporte ni de los mamíferos; abundan las “Pulgas” por el tamaño de la persona, “Sapo”, “Caimán”, “Babosa”, “Alacrán”, “Culebra” y hasta “Microbio”.
•         Antítesis: apodos por lo general cariñosos que utilizan los enamorados; el novio a su novia rubia le llama “Negrita” y ella a su gordo le dice “Flaco”. Igual son comunes: “Chiquita”, “Peludo” (un novio calvo). De la misma manera se le moteja de “El Lindo” a un tipo monstruoso, “Sonrisal” a uno bien agrio, “Insomnio” a una persona que se la pasa durmiendo y de la misma manera le dicen “Morfeo” a uno que casi no duerme.
•         Cualidades. Se pueden convertir en defectos por causa de querer decir lo contrario de lo que expresa el apodo como “El Caritativo” es un desgraciado que no da limosna no socorre a nadie;  “Pasolento” le decían en Mosquera a un loquito que andaba de afán a toda hora, “Belleza” a un feo de marca mayor, lo mismo “Lindura”, “Cosarica”, “Besolimpio”…
•         Defectos: es por el estilo de la clasificación anterior pero basada en defectos muy visibles: “Patepalo”, “Tuerto”, “Medio beso” (a uno con labio leporino), “Pocos ojos” (de esos que tienen los ojos semi cerrados como los japoneses),  “Mucha plata” a un pobre infeliz, “Pecado mortal” a una muchacha muy fea…
•         Familiares. En cada familia se utilizan motes cariñosos ´para nombrar algunos de sus integrantes. Algunas de estas palabras se consagraron en el léxico corriente y reciben el nombre de hipocorísticos, veamos una lista incompleta:
-         Memo: para Guillermo
-         Pipe para Felipe
-         Quico para Federico
-         Chela para Graciela
-         Chepa para Josefa
-         Lucho para Luis
-         Concha para Concepción
La lista es interminable y, para fortuna de algunas de esas personas, el hipocorístico los salva de cosas peores, qué si no estos de muestra:
-         Encarna para Encarnación
-         Diosa para Dioselina
-         Pura para Purificación
-         Viges para Eduviges

•         Lugares
•         Oficios: no son apodos muy sonoros ni espectaculares pero si definen a muchas personas: “Zapatero”, “Carpintero”, “Chatarrero”, “Panadero”, etc.
•         Personajes: por sus aficiones, gustos o parecidos, reciben el nombre de algún personaje de la historia, la literatura, el cine, etc.:  “Tarzán”, “Supermán”, “Napoleón”, “Cochise”, etc.
•         Profesiones: “Doctor”, “Científico loco”, “Matemático”, etc
•         Símiles: el mote se acomoda por alguna característica que la víctima tiene con algún ser vivo o alguna cosa:
-         “Carevaca”
-         “Culoetonta”
-         “Cuatrolámparas”, por el uso de anteojos.
-         “Careplatón”
-         “Matasuegras”
-         “Patecumbia”

-         “Trompiliso”

miércoles, 7 de junio de 2017

LOS HILOS QUE MUEVE SAÚL CRUZ, EL FUNCIONARIO QUE FINGIÓ UNA AGRESIÓN EN EL CONGRESO


LOS HILOS QUE MUEVE SAÚL CRUZ, EL FUNCIONARIO QUE FINGIÓ UNA AGRESIÓN EN EL CONGRESO
La primera vez que Saúl Cruz se subió al atril del Senado fue el pasado miércoles. En ese lugar, reservado para las intervenciones de congresistas, ministros y altos funcionarios, denunció un presunto ataque de un camarógrafo de Noticias Uno del que se declaró víctima. Se señaló en el pómulo las consecuencias de la supuesta agresión. Volvió a su lugar y desde allí comprobó la solidaridad de los senadores. Quienes vieron el espectáculo se percataron de que aquel funcionario, que ostenta el cargo de subsecretario del Senado, tenía gran influencia entre los parlamentarios. No se equivocaban.
Aunque la palabra subsecretario pareciera hacer alusión a un funcionario de bajo perfil, en los zapatos de este tolimense, nacido en Rovira, parece alcanzar otra dimensión. Según la ley, sus funciones se limitan a asistir al secretario general, y reemplazarlo en caso de ausencia. Pero Saúl Cruz las ha llevado a tal punto que no hay una hoja que se mueva en el Congreso sin que pase por su revisión.
Es un conocedor de todos los secretos del Capitolio, ese lugar que más que su oficina parece su casa, pues lleva más de dos décadas casi  siendo parte del inventario del Congreso. Saulito, como le llaman la mayoría de senadores, ha sabido utilizar su despacho para mover algunos hilos de la política, especialmente todo aquello que huela a burocracia.
Estudió economía en la Universidad Externado y llegó al Congreso hace 23 años, de la mano del entonces senador Guillermo Angulo Gómez, tolimense como él. Su primer cargo no fue cualquiera, era el director de bienes y servicios del Congreso. Allí consolidó sus padrinazgos políticos, pues se le señaló de ser cuota de otro congresista tolimense, Luis Humberto Gómez Gallo.
Tras seis años en ese cargo, ascendió al de subsecretario del Senado en 2002, cuando fue elegido por la plenaria como cuota del Partido Conservador. Luis Alfredo Ramos fue el encargado de posesionarlo. Desde entonces, cada periodo se repite una escena, la aclamada votación que registra para mantenerse en el cargo. En 2010, por ejemplo, fue reelegido con 100 votos, un resultado incluso superior al que obtuvo Armando Benedetti como presidente del Senado.
Desde entonces, despacha en la segunda oficina tras ingresar al Capitolio. Allí se mueven todo tipo de asuntos. Los congresistas tramitan solicitudes de tiquetes aéreos, excusas, asignación de vehículos. Cada cuatro años los parlamentarios desfilan para separar las oficinas, y a diario se definen el orden del día de los proyectos. Saúl Cruz es el encargado de atender todas las peticiones de los senadores, quienes casi siempre salen de aquel despacho con el favor resuelto.
Pero esos no son los únicos asuntos que detrás de esa puerta de madera se manejan. Saúl Cruz ha convertido la oficina del subsecretario en una agencia de lobby a la que muchos acuden para conseguir la aprobación de un proyecto de ley, pero sobre todo para determinar algunas elecciones que suceden en el Senado. Una habilidad, en buena parte, producto de sus magníficas relaciones con los senadores durante más de dos décadas deambulando por el Capitolio.
A finales de 2008, el subsecretario fue clave para que el Senado eligiera a Ordóñez procurador general de la Nación. Los senadores lo nombraron compromisario, es decir el encargado de hacer cumplir los acuerdos. En buena parte lo que se pactó en aquella ocasión fueron algunas de las más de 700 plazas de procurador judicial, cargo que ostenta un salario de magistrado, y que terminó repartido entre parlamentarios de varios partidos políticos.
Tras la elección, Cruz era el encargado de velar porque se cumplieran los compromisos, pero no solo eso, también tuvo cuotas en la Procuraduría durante la era Ordóñez. El caso más evidente fue el de su hermano, el coronel de la Policía Héctor Alfonso Cruz Bonilla, quien fue nombrado jefe de Seguridad de la Procuraduría. También se le atribuyeron otros cuatro puestos en los despachos del Ministerio Público en el Tolima.
La misma fórmula que repitió cuatro años después, para la reelección de Ordóñez que el Consejo de Estado anuló con posterioridad. Voto a voto, compromiso a compromiso. Pero no solo eso, fue la llave de Martha Isabel Castañeda, la viceprocuradora general, que tenía entre sus funciones servir de enlace con el Congreso, que no es otra cosa que hacer lobby.
A Cruz también se le atribuye el triunfo de la elección, en 2012, del magistrado Luis Guillermo Guerrero, y quizás la mayor de sus victorias fue la sorpresiva victoria de Carlos Bernal, también como magistrado de la Corte Constitucional, en la elección que tuvo lugar en el Senado hace un mes.
Sin embargo su gestión no necesariamente es sinónimo de éxito. Saúl fue el gran derrotado en la elección de procurador general, el año pasado, pues se encargó de mover y buscarle votos a la candidata María Mercedes López. Esa vez hasta su partido, el Conservador, terminó votando por Fernando Carrillo.
El pasado miércoles (ver imágenes) estuvo a punto de darle una derrota al gobierno. Movió la campaña de Álvaro Motta por lo que muchos lo asociaron con Alejandro Ordóñez. Tras dos semanas abordando a sus amigos los senadores, curul por curul, le faltaron cinco votos para asestar su nuevo golpe. Tras la elección, Saúl Cruz subió al atril, consciente que con su poder podría provocar alguna retaliación del Congreso contra los periodistas que presuntamente lo habían agredido.
Cruz salió a la palestra este domingo cuando Noticias Uno reveló que el subsecretario del Senado no había sido víctima de ninguna agresión, por el contrario la simuló. Como cuando un futbolista finge una falta en el video se aprecia al funcionario cabeceando al camarógrafo dos veces.
El hecho de que el Senado haya creído en su versión es la prueba de que el subsecretario tiene arraigo e influencia entre los parlamentarios. Por su denuncia pública la Procuraduría le abrió una investigación, y en las redes sociales varios congresistas y ciudadanos del común exigen su renuncia.
Saúl Cruz, sin embargo, pidió cinco días de vacaciones, pero hará lo posible por mantenerse en un cargo que ha ocupado 15 años. Aspira a ser secretario del Senado. Hace cuatro estuvo a punto de lograrlo, para reemplazar a Emilio Otero, quien prácticamente fue su maestro en el manejo de todos los secretos del Congreso, pero aquel cargo le correspondía al Partido de la U, no a los conservadores.
Es probable que regrese tras esa licencia, como si nada hubiera pasado. A pesar de haber mentido en el atril, los senadores no le quitarán el cariño, y su poder e influencia seguirán vigentes. A Saúl Cruz lo consideran el senador 103.

Tomado de revista SEMANA