viernes, 23 de septiembre de 2016

EL FRENO DE URIBE A LA SENADORA MARIA F CABAL


En los dos años que lleva en la vida política nacional, el Centro Democrático ha dejado su sello de disciplina y obediencia a su jefe natural, Álvaro Uribe Vélez. Cuando un dirigente se sale del guión, de inmediato soplan los vientos de crisis. Pero la que ha provocado María Fernanda Cabal no tiene antecedentes en el partido. Sus palabras sobre el Ejército, que se convirtieron tema de debate en redes sociales y medios de comunicación, golpearon al corazón de la institución que el uribismo más se ha preciado de defender, las Fuerzas Militares.
El video en el que la jefe de la bancada de representantes a la Cámara por Bogotá dice que “el Ejército no está hecho para ser damas rosadas, el Ejército es una fuerza letal de combate que entra a matar. No entra a preguntar”, para explicar la función de las Fuerzas Militares, provocó una fuerte reacción de rechazo, no solo de sectores políticos, sino del propio Gobierno Nacional. El ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, las descalificó de forma contundente.
Pese a la polémica, la congresista Cabal no ha modificado una sola coma de lo pronunciado. Por el contrario, al explicar sus argumentos, ha ido más allá. Por ejemplo, este jueves, en la emisora Blu Radio, consideró que “los ejércitos del mundo están diseñados para que su carácter ofensivo haga este tipo de operaciones. Para eso usan armas letales y tienen fusiles, granadas y morteros y si no que les den un bolillo y las esposas”.
En esa misma entrevista, Cabal se mantuvo en su tesis de la ‘prima de silencio’, un estímulo económico que asegura les están pagando desde hace ocho meses a los comandantes para admitir el acuerdo final de La Habana. “Yo quiero saber si es verdad. A mí me molestan esos generales que en vez de estar pendientes de complacer a sus soldados están pendientes de complacer a Santos y de ir y venir a La Habana”, dijo.
No es la primera vez que María Fernanda Cabal desata una polémica semejante. Cuando era la directora de asuntos internacionales de la Fiscalía de Mario Iguarán, se le veía como la dama de hierro. Esposa del también explosivo y polémico José Félix Lafaurie, fue la cabeza de lista del Centro Democrático en Bogotá, y en las elecciones del 2014 fue la lista más votada.
Desde sus épocas de candidata no ha medido las consecuencias de sus publicaciones en las redes sociales. El viernes santo del 2014 se hizo célebre al publicar una foto de Fidel Castro y Gabriel García Márquez con la leyenda “pronto estarán juntos en el infierno”. Fue el trino que publicó tras conocerse la muerte del nobel colombiano de literatura.
Sin embargo, esta nueva controversia tiene otros ingredientes. Álvaro Uribe, el jefe de jefes del Centro Democrático, y Pacho Santos, ex candidato a la alcaldía de Bogotá, le hicieron un público llamado al orden.
Aunque Uribe consideró que el video de la representante Cabal se está utilizando “para tapar los abusos que están haciendo a favor del Sí y que lastiman esta democracia”, también añadió que debía corregir: “ella quiere a las Fuerzas Militares, que les pida perdón”.
“Y que madure –dijo Uribe-, como los años me han obligado a mí a aceptar que cuando los obispos le dicen a uno algo desobligante, para qué le dice uno que es guerrillero. Yo no le he dicho nada ofensivo, lo he llamado a ver si me permite una entrevista respetuosa con él”.
Uribe recordaba el episodio del pasado mes de agosto, cuando Monseñor Darío de Jesús Monsalve, arzobispo de Cali, dijo que “todo ciudadano honesto dará su voto por el Sí”.
Pacho Santos, que en el papel debe ser el jefe del Centro Democrático en Bogotá, se sumó al ‘fuego amigo’ dentro del Centro Democrático. El ex vicepresidente también rechazó las declaraciones de la representante a la Cámara, y aclaró que debería responder de forma individual por ellas, pues “le han hecho un daño inmenso al partido”.
“Yo solo tengo admiración y cariño por la Fuerza Pública… eso genera un manto de duda frente a estos hombres que lo que han hecho es dar la vida por nosotros”.
Para Uribe todo se arregla con que la representante Cabal pida perdón. Unas disculpas que de momento no se concretan.
DE LA REVISTA SEMANA

domingo, 18 de septiembre de 2016

OPINION DE UN ESCRITOR RUSO SOBRE LA PAZ EN COLOMBIA

La verdadera paz en Colombia

Artículo de mi amigo EVGENY ZHUKOV, Escritor y periodista.
Lo reproduzco con autorización del autor
 
Colombia es una olla a presión, cuya tapa será levantada este 2 de octubre cuando se vote el plebiscito por la Paz. Los medios de comunicación bombardean, cada uno desde su arma de comunicación masiva preferida, con toneladas de propaganda barata, a veces mediante manipulaciones sutiles, a veces de forma directa y burda, dependiendo del público al que se dirigen. Las razones tanto del SÍ como del NO se ventilan a diestra y siniestra y todos los medios son válidos: desde los más bajos hasta los más altruistas.
Que SÍ, que NO, que la PAZ, que la impunidad, que el perdón…
Nadie parece comprender que la firma no es importante. Es un mero acto protocolario. Es una constatación de que el grupo armado deja las armas. Si gana el SÍ, el proceso será más fácil. Si gana el NO, el proceso se hará de igual forma, tan solo un poco más complicada; no se preocupen. Esa decisión está tomada. El problema vendrá después: cuando esa PAZ, de la que tanto se ha hablado, comience a construirse.
Construir la paz no es fácil. Requiere de la participación ciudadana. Requiere de perdón y olvido. Requiere de una mano bondadosa, pero firme, que lleve a una Colombia unida a construir esa PAZ. Y aquí es donde veo el principal bache en el camino de la paz. Más que bache, es una montaña que no sé cómo bordear. Y esa montaña se resume en la lucha de poderes, que, desde el nacimiento de la Gran Colombia, cual herrumbre, viene destruyendo cualquier remache con el que se intenta sujetar el país en un todo:
  • Santander contra Bolívar.
  • Terratenientes y esclavistas versus innovadores y liberalistas.
  • Liberales contra conservadores.
  • Iglesia contra liberales.
  • Capitalistas contra comunistas.
  • Diferentes grupos guerrilleros contra todos.
  • Narcotráfico contra todos.
  • Paramilitares contra todos.
  • Todos contra todos y,
  • La última perla que Colombia y los colombianos han soportado los últimos seis años: Uribe contra Santos y el mundo…
Ese es el problema al que se enfrentarán los colombianos. El que cree que con poner un SÍ o un NO en un pedazo de papel hace su aporte a la paz que en su interior interpreta como correcta, está totalmente equivocado. La lucha por la paz hasta ahora comienza.
Los colombianos están divididos en dos bandos, a todas luces irreconciliables: Uribistas y No Uribistas. Las pasiones están encendidas y las disputas se ven y se oyen no solo entre desconocidos, sino entre amigos y dentro de los núcleos familiares. Los gritos y los insultos: ¿acaso este es el principio de la paz que estamos necesitando? Los engaños, traiciones, mentiras, calumnias e injurias: ¿así es como se construye la paz?
No. Esos, precisamente, son los ecos de la guerra que el país ha vivido desde el momento en que el señor Bolívar comenzó a liberar a América del Sur de los conquistadores. Desde ese momento la lucha por el poder jamás ha parado. Ha sido una lucha sangrienta, con millones de muertos. Tan solo consulten la historia de Colombia desde 1810 hasta la fecha. Existieron treguas entre guerras, pero Colombia JAMÁS ha disfrutado de una VERDADERA paz. Y desde 1948, Colombia ni siquiera tregua ha tenido…
Ahora, los que están participando en el proceso democrático denominado plebiscito, son los nietos (si no los bisnietos) de aquellos que han vivido en guerra. Fueron criados en medio de cuentos de terror sobre los guerrilleros, el narcotráfico, los militares, los políticos corruptos y la iglesia como un ente manipulador y traidor… En los casos más afortunados, tan sólo han visto las noticias por televisión o les han llegado a través de terceros. En los menos afortunados, fueron actores principales y el terror y la pérdida dejaron una marca visible en sus almas y a veces hasta en los cuerpos.
Son generaciones que fueron enseñadas a que la “malicia indígena” es algo bueno. A que el “a papaya dada, papaya partida” debe aplicarse en todo momento. Que se debe escoger el partido político que esté dominando para asegurar un puesto, sin importar valores, criterios y medios para lograrlo. A que el modo de vida ha de ser egoísta y de desconfianza absoluta, ya que todo y todos están en contra tuya y te pueden traicionar. Y hay que aprovechar cualquier descuido para tomar ventaja y olvidarse del juego limpio.
Esa es la realidad de la lucha de poderes que se ha reflejado en la educación y el modo de ser de los colombianos. Solo el fútbol es capaz de hacer olvidar esas diferencias y unificar por un momento los corazones. Pero de esta forma NO es posible construir paz alguna, ya que incluso el amado fútbol ha dejado centenares de muertos y lisiados, solo porque el color de la camiseta del prójimo era del color equivocado…
Entonces, ¿cómo se construye la paz? ¿Qué camino ha de seguir Colombia, si en verdad quiere que la paz, la VERDADERA PAZ llegue? Conozco ese camino: es difícil. Tiene muchos baches. Y los principales baches serán el orgullo propio. El egoísmo. El egocentrismo. El resentimiento. El odio. Pero el bache más difícil de todos será: la falta de interés y participación.
Lo principal es que hay que comprender que la paz no llega. Por la paz se lucha. Tan solo que la lucha debe dejar de ser entre los colombianos. Y más bien, unidos, los colombianos luchemos por la paz. No existe otra forma. Se los aseguro.
Para ello hay que, literalmente, destruir décadas (si no es centenares) de años de odios arraigados por generaciones (cosa poco fácil). Colombia debe unirse bajo un solo estandarte, en lugar de elegir cientos, para dirigirse a un mismo rumbo, en lugar de a todos lados. Aceptar que la paz es posible sólo si dejamos las disputas internas y que los intereses de la NACIÓN denominada COLOMBIA, primen sobre los intereses individuales.
Si el país se une, no habrá grupo subversivo que pueda hacerle frente. No habrá narcotráfico que pueda prosperar. Únicamente de esta forma se puede lograr una “Paz Estable y Duradera”, como pretenciosamente anunció el presidente.
Si el país se une, habrá trabajo, dinero, salud y educación, ya que los recursos dejarán de invertirse en conflictos internos, buscando fragmentar aún más la sociedad, para defender los intereses de unos pocos señores feudales modernos. Al contrario, podrán invertirse en la construcción de una nueva Colombia. Tan solo miren los autodenominados “países del primer mundo”; ellos tienen algo en común: todos sus ciudadanos luchan por los intereses de la nación en primer lugar; después por los propios.
Si tan solo esto fuera posible en Colombia…
Entonces sí tendríamos una verdadera paz.

martes, 13 de septiembre de 2016

LOS MILITARES Y EL ACUERDO DE PAZ


Las vueltas que da la vida



domingo, 4 de septiembre de 2016

NAIRO REVIENTA LA VUELTA A ESPAÑA



Cuando un líder se va, nada se muere en el alma, al contrario, se ensancha, se ensancha, como escribiera Blas de Otero. Por eso, cuando nada más bajar la bandera roja en Sabiñánigo, Brambilla tocó la trompeta, Contador el silbato y Nairo Quintana el saxofón, el Sky, el combo por naturaleza, la organización perfecta, la suma de tecnología, compañerismo y atrevimiento, músicos acreditados, de estudio, se quedó sordo. Y ciego. Se le iban los solistas y no se enteraban. O no se lo creían. O pensaban que era para las fotografías de rigor. O sencillamente, dormían, o dormitaban.
Cuando un líder se va, uno piensa en aquellos años de Eddy Merckx, que no perdonaba ni las metas volantes, que siempre quería más. Nairo, también, pero sobre todo necesitaba más segundos, más minutos y lo que no pudo hacer en el Aubisque con tirones breves, como cuando no se controla bien el embrague de un coche, lo hizo de principio a fin, con un tirón de 118 kilómetros al que ni el Sky, la quintaesencia del ciclismo de bloque, ni Froome, el señor de la calma, supieron responder.
Fue un golpe duro. Demostró que el Sky no es perfecto. Tan imperfecto es, que la mayoría llegó casi fuera de control, incapaces de contactar con Froome, salvo David López, muertos en vida, muertos vivientes, figurantes de una película con dos protagonistas: Nairo Quintana y Alberto Contador.
Brambilla, que a la postre ganó la etapa (justicia poética a su combatividad) fue el que sacó la cerilla, Contador encendió la mecha y Quintana puso la hojarasca para que la hoguera hirviese. Apenas habían pasado seis kilómetros, —y el pelotón charla, incluso piensa en otras cosas, en el paisaje después de la batalla—, cuando el líder dio continuidad a la osadía de Contador, en busca de su Fuente Dé particular.
Hay enfermedades contagiosas que son positivas. La estrategia del Orica en la etapa del Aubisque produjo un sarampión positivo en la jerarquía de la carrera. Hay gripes que limpian la garganta del ciclismo. Quintana no solo quiso ser más líder, quiso ser rey (o presidente de la República) y lo hizo de forma tan soberana que lo consiguió no en la meta, sino en la salida.
Froome en la meta. J.JORDANAFP
Sorpresa para el Sky
Definitivamente, la Vuelta es una caja de sorpresas. Lo del Sky fue una sorpresa, porque no acostumbra a mirar el paisaje cuando cae el triángulo rojo de la carrera. Y como lo hizo, sucedió que, como escribió José Agustín Goytisolo, “un hombre solo, una mujer, así tomados de uno en uno, son como polvo, no son nada”. Y Froome, de pronto se vio solo, con la escueta compañía del vizcaíno David López, y en vez de mirar al pulsómetro, su pasión, empezó a mirar hacia atrás, hacia los lados, a hablar con unos y con otros, a intentar organizar aquella manifestación de damnificados por el ataque sorprendente del Tinkoff de Contador y del Movistar de Quintana, ambos bien apañaditos, rodeados de amigos. Y con ambos líderes empeñados en convertir los más de 100 kilómetros que quedaban en una gota malaya, una tortura para Froome.
Ocurrió que el Astana le puso un piso al británico en la Gran Vía, —cosas que pasan— porque de lo contrario hoy viviría debajo el puente de una clasificación más alterada que una tertulia del corazón. El Astana le salvó el piso, los muebles y le pagó la luz de una etapa que anunciaba un apagón definitivo. Y Nairo tira que tira, relevando a Castroviejo, tira que tira, y Contador pidiendo a los suyos un poco más, un poco más. Nunca pudo Froome con la realidad. La calculadora se le apagó, las piernas eran como dedos atrofiados sobre el ordenador. Se le hizo de noche bajo lo cielo azul y el calor abrasador de Formigal.
No está claro que Nairo Quintana, que aventaja a Froome ahora en 3m 37s haya sentenciado la Vuelta. Quedan etapas para que el Sky vuelque su rabia, su venganza, su orgullo herido, o para que el Orica vuelva a ser el equipo bandolero que lo mismo te salva que te condena en un callejón solitario. Pero Nairo tiene lo que quería y Froome se siente desnudo como un recién nacido. La línea el cielo se ha quebrado.

 

miércoles, 31 de agosto de 2016

OPINIÓN DE HÉCTOR ABAD FACIOLINCE SOBRE EL DOCUMENTO PARA EL PLEBISCITO

Reflexión del hijo de una víctima de la violencia colombiana

Poesía y prosa de un acuerdo imperfecto

El autor de “El olvido que seremos” leyó las 297 páginas del pacto de paz entre el Gobierno colombiano y la guerrilla de las Farc y estas son sus conclusiones
El Acuerdo de Paz entre el Gobierno y las FARC tiene mucho de poesía (ilusión, alegría, esperanza), pero también mucho de prosa: habrá complicaciones, desengaños, enemigos furiosos, contragolpes… Ojalá no haya atentados ni venganzas, como ocurrió otras veces. Si la gente no ha salido masivamente a las plazas a celebrar con palomas blancas y pañuelos al viento, no es porque no esté contenta, sino porque las nuevas plazas del mundo son las redes sociales y porque Colombia ha tenido tantas desilusiones y los enemigos de la paz están tan llenos de odio, que más vale manifestar nuestra alegría con serenidad, discretamente, sin humillar con tanta felicidad a los que piensan que el país ha caído de rodillas ante el comunismo. Antes de ir a la prosa del Acuerdo, recitemos la parte poética con todo el optimismo que se merece un momento histórico tan trascendental como este.
Este Acuerdo de Paz es un sueño cumplido y una noticia maravillosa para los colombianos. Esta ilusión se había frustrado tantas veces, que ahora parece mentira y todavía no nos la creemos. Como logro político, es el mayor éxito diplomático y jurídico de un gobierno desde que tengo memoria. Su significado es histórico y su importancia social inmensa e indudable. Nuestros negociadores civiles y militares, sacrificados y eficientes, se merecen todo nuestro agradecimiento; como mínimo habrá que darles la Cruz de Boyacá por los servicios prestados al país. Y un descanso tan largo como estos años de cansancio. Los efectos benéficos de los diálogos para la disminución de la violencia común y política han sido evidentes incluso desde antes de la firma del Acuerdo: el solo hecho de sentarse a hablar en La Habana moderó el conflicto armado: hubo muchos menos civiles, soldados, policías y guerrilleros muertos. Hoy celebramos este Acuerdo, en un país que de tanto pelear se había acostumbrado a la guerra, como algo maravilloso y extraordinario, como un raro regalo de esperanza. Colombia ha sufrido tanto, hemos tenido tantas víctimas y tanto dolor, que este Acuerdo nos llena de orgullo y felicidad. El futuro, al fin, parece tener una cara distinta, una cara de dicha.
Dicho lo anterior, sin embargo, hay que entrar en la prosa del asunto. Lo primero que hay que decir es que el texto mismo del Acuerdo es lo menos bueno de todo el Acuerdo, por mucho que un mamotreto así haya sido necesario o inevitable para equilibrar tantos temores, obligaciones y para conciliar intereses opuestos. De la Calle y Jaramillo querían la cárcel para sus adversarios, pero no la temían para sí. La guerrilla no aceptaba “las mazmorras del régimen”; pretendía un premio y no un castigo por sus muertos. Se encontró un punto medio. Por eso el texto es complejo, farragoso y difícil de leer.
Para empezar, es mucho más largo que la misma Constitución. Consta de 297 páginas en letra menuda o, para ser más precisos, de 128 mil palabras, cuatro mil párrafos, 839 mil caracteres y se requieren al menos ocho horas de concentración para leerlo bien. Toda una novela, y no muy amena: pesada, repleta de formalismos y de siglas, de parágrafos, repeticiones, notas y salvedades. Hacía mucho no me fatigaba tanto leyendo. Es como leer 300 páginas de instrucciones de uso de un aparato completamente desconocido para nosotros: el mecanismo formal y legal de algo muy extraño para Colombia, la paz.
Si quitamos adverbios, artículos, preposiciones y conectores lógicos, la palabra que más se repite en el Acuerdo es precisamente la palabra “acuerdo” (1024 veces). La sigla FARC está escrita 597 veces, la palabra “gobierno” 513 y la palabra “paz” se repite 502 veces. Para encontrar en el texto una cosa palpable, no sustantivos abstractos como “derecho”, “participación” o “proceso”, hay que buscar mucho. El más frecuente es “arma” (200 veces), pero como ven todavía es un sustantivo genérico: no es un fusil, una pistola, una granada o un revólver. En general todo el texto del acuerdo está hecho de ideas, de aspiraciones, de filigranas jurídicas o de propósitos bien intencionados, pero uno nunca sabe si las grandes palabras (justicia, verdad, reconciliación, igualdad, derechos) van a encarnar en realidades concretas.
Uno descansa cuando lee algo exacto que se puede tocar con las manos: cada guerrillero raso recibirá 689 billetes de mil pesos mensuales durante dos años. Se podrá estar de acuerdo o en desacuerdo con este sueldo, pero al menos se entiende. Es mucho más fácil que descifrar parrafadas jurídicas de bostezo como “el espacio de interlocución y seguimiento para la seguridad y protección de las y los integrantes de los partidos y movimientos políticos y sociales, especialmente los que ejerzan la oposición, y el nuevo movimiento que surja del tránsito de las FARC-EP a la actividad política legal y de sus integrantes en proceso de reincorporación a la vida civil…”. Mientras uno medita en quiénes serán “las y los” integrantes de los movimientos en tránsito, le echa humo el cerebro. El Acuerdo abusa del lenguaje incluyente, tiene más incisos, límites, plazos y salvedades que la promesa de compraventa de una hacienda, y creo que en últimas se prestará para muchas controversias en las que todas las partes (según como interpreten el texto) tendrán la razón, y entraremos en una maraña jurídica sin fin para desenredar el enredo. Pero en fin, discutir por una interpretación, será algo que cae en el terreno de la política y no de la guerra.
Aun para un lector entrenado y voluntarioso, recorrer las páginas del Acuerdo es tedioso y demorado. De inmediato se nota que el documento fue redactado, corregido, revisado e intervenido por muchas manos, y que cada una de esas manos quiso introducir incisos y precisiones, excepciones, leguleyadas, minucias jurídicas y requisitos especiales. Por eso leerlo produce una especie de mareo, hasta que comprendemos que lo típico de un buen acuerdo es que no deje a nadie del todo contento. Se entiende que en un tema tan difícil, en un texto que intenta preverlo todo, haya hallazgos y soluciones originales, pero también que algo tan ambicioso y grande no puede ser perfecto: por largo y detallado que sea un escrito, la realidad es siempre más compleja, impredecible y creativa. La realidad sorprende siempre. Aunque crean que todo está en el documento, siempre habrá alguna cosa que quedó por fuera, no fue bien definida o no quedó clara, y habrá que sentarse a resolverla sin pegarse al texto del Acuerdo como si fuera la Biblia. El papel lo aguanta todo; habrá que ver hasta dónde vamos a ser capaces de hacer realidad los sueños, porque la realidad es mucho más difícil de corregir que los escritos, y casi nunca se parece a ellos.
En cuatro años de discusiones sin fin, de rabia, cansancio, disputas, desencuentros, intermediarios, reconciliaciones, etc., me imagino que era inevitable producir un documento que a veces parece un quebradero de cabeza. Las FARC, en su misma inseguridad, y por mucho que lleven medio siglo en la selva, son tan santanderistas como el resto del país. Se dice que Colombia es una de las naciones con más abogados por habitantes de la Tierra. De alguna manera el Acuerdo es un selfie de lo que somos los colombianos: un país florido y barroco, contradictorio, embelesado en una verborrea incontenible. Pero si no fuera así, tampoco habrían podido firmar nada. Para avanzar hay que ceder, así sea a costa de la brevedad y de la claridad. Aquí nadie queda contento si no consta en el acta la más pequeña ocurrencia de su propia cosecha. Si queda escrita y firmada, todos quedan felices y sienten que derrotaron al contrincante con los propios argumentos. Así que bienvenida esta explosión de palabrería, si esta sustituye la explosión de fragmentos y esquirlas de artillería. De eso se trataba, ¿no?, de reemplazar las balas (y me perdonan) por babas. Al menos estas últimas ofenden, cansan, fastidian, pero no matan.
Una vez hecha esta crítica inevitable al texto de los Acuerdos como tal, podemos volver otra vez a la poesía de lo conseguido en La Habana, a la sustancia, a su significado simbólico, y también a sus efectos concretos y reales en el nuevo país que tenemos. Desde este jueves 24 de agosto de 2016, desde el punto de vista del ánimo y de las sensaciones, Colombia es un país diferente. Dos partes que se odiaron, combatieron y mataron durante decenios, se dan la mano y resuelven que no se van a seguir matando. Los enemigos a muerte deciden dejar de ser enemigos para ser adversarios políticos sin armas. ¡Por Dios, con todas las leguleyadas farragosas que quieran, esto no es poco, esto es de verdad grandioso y nuevo! Ojalá Uribe nos hubiera dejado leer los acuerdos de Ralito; ojalá nos hubiera invitado a las víctimas a hacer las paces con los paramilitares; ojalá hubiera convocado a un plebiscito en el que yo también habría votado sí, como votaré en este.
Lo conseguido por Santos es lo que todos los gobiernos colombianos venían buscando al menos desde los tiempos de Belisario Betancur: acabar con un conflicto que no solo trajo muertos, sufrimientos, mutilaciones, huérfanos, viudas, desplazados y destrucción sin fin, sino que incluso propició la creación y la reproducción de otros males tan horribles o incluso peores que la guerrilla: los paramilitares y los mafiosos. Sin guerrilla no habría habido AUC, y sin un Estado que debía pelear en tantos frentes, los narcos, los delincuentes comunes y demás ilegales no habrían ganado tanto espacio y tanto poder destructivo en campos y ciudades, e incluso en el alma misma de la guerrilla, que muchas veces pareció podrida y sin remedio. También parte del ejército se corrompió con la guerra y se volvió aliado de criminales sanguinarios. La guerra sucia nos hizo ver todas las mentiras de una democracia que parecía falsa e hipócrita. Esta paz le permite también regenerarse a esa parte del ejército que traicionó los ideales de la justicia.
Es natural que un sueño tan antiguo despierte envidias y resentimiento. Belisario ya está curado de espantos y se va por el sí sensatamente. Pastrana y Uribe –y es muy humano– se sofocan de celos. Hay que entenderlos. Le ponen la máscara de la “impunidad”, la “traición” o el “engaño” a un sentimiento personal comprensible: Santos está logrando lo que ellos no pudieron por mucho que quisieran. Por eso intentarán aguar la fiesta el 2 de octubre. Nuestra alegría será más grande que su amargura por el éxito ajeno.
Desde hace decenios era claro que lo primero para poder encaminar a Colombia por una senda de justicia, democracia y desarrollo era acabar con esa anomalía del conflicto armado interno. El pueblo le dio un mandato a Uribe para destruir a la guerrilla, y él avanzó en ese propósito, pero no logró aniquilarla y al final de su segundo mandato las posibilidades de derrota total se estancaron. Era el momento de un cambio estratégico con una guerrilla debilitada, y Juan Manuel Santos, como un gran estadista, olió la ocasión perfecta. El segundo mandato que el pueblo le dio a Santos fue tan claro como el que antes le había dado a Uribe: ¡Consiga la paz con las FARC! Y acaba de lograrlo. Es un éxito inmenso, apabullante. Y un éxito tan grande que, si es sensato, deberá asumir con humildad e inteligencia. A veces ganar puede incluso ser más difícil que perder, y aquí el gobierno ganó por goleada. Ahora le toca administrar generosamente la victoria. Aun con el Premio Nobel, que seguramente le será concedido, Juan Manuel Santos tendrá que ser muy humilde y muy sabio en este triunfo histórico para poder dejarle al próximo gobierno –ojalá con un presidente amigo de la paz– un escenario de posconflicto ya trazado, una senda tranquila de reconciliación en que se empiece a implementar un texto muy ambicioso y complejo, y no un camino de escollos, un embrollo de peleas, polarización y violencia física o verbal. Ahora, al empezar la dura fase que llega siempre tras un armisticio, el presidente necesitará más que nunca serenidad, seriedad y humildad para afrontar las dificultades políticas, sociales y económicas que vendrán.
El tribunal especial para la paz y las comisiones de verdad servirán para saber verdades incómodas, pero no deben usarse para reabrir heridas, sino para sanarlas y seguir adelante. Colombia ha sido capaz de sobrevivir sin disolverse a medio siglo de violencia y dolor en todas partes, sobre todo en el campo. Si con semejante violencia, con cilindros bombas, minas antipersona, voladuras de torres, oleoductos y puentes, secuestros, desaparecidos y motosierras, el país ha podido avanzar lentamente, ahora que vamos a vivir en un escenario más pacífico y estable, podemos empezar a soñar de verdad con una democracia plena, menos injusta, más igualitaria e incluyente. Los más entusiastas con estos Acuerdos somos las víctimas, pues nuestra mayor aspiración es que nuestros hijos y nietos vivan en un país mucho mejor que el que padecimos. Después del sí a los acuerdos en el plebiscito, que ojalá los pacíficos ganemos por una mayoría feliz y abrumadora, nos corresponde a todos trabajar por ese país posible, por ese gran país soñado, que el conflicto y la violencia nos negaron desde el nacimiento.
*En el libro “El olvido que seremos” se cuenta la historia de vida del médico y líder de derechos humanos Héctor Abad Gómez, muerto a manos de paramilitares el 25 de agosto de 1987, y se retrata a una generación de pensadores de izquierda asesinada en la década de los 80.
PUBLICADO EN EL PERIÓDICO EL ESPECTADOR

ESTA ES LA PREGUNTA PARA LOS COLOMBIANOS EN EL PLEBISCITO POR LA PAZ



La refrendación se realizará el próximo domingo 2 de octubre.
El presidente Juan Manuel Santos expidió el decreto con la firma del gabinete de ministros, para convocar a los colombianos a votar por el plebiscito por la paz el próximo domingo 2 de octubre. 
Horas antes, se conoció la pregunta que los ciudadanos deberán responder para refrendar o desaprobar los acuerdos a los que llegaron las delegaciones del Gobierno y las Farc en La Habana, Cuba, después de más de cuatro años de conversaciones.
 “¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?”, es el interrogante que se encontrará en las urnas.
Según lo expresó Santos, el decreto se acomoda a las exigencias de la Corte Constitucional. Además, se mostró confiado en el respaldo de los ciudadanos.
“Es una pregunta clara y sencilla que no da lugar a confusión. Cumple las condiciones de la Corte (…) Esperamos que le den un sí a este acuerdo para terminar definitivamente medio siglo de guerra”, afirmó desde la Casa de Nariño acompañado de todos sus ministros.

¿Apoya usted el acuerdo final para la 

terminación del conflicto y la construcción de 

una paz estable y duradera?


Este lunes el Congreso avaló la realización del plebiscito como mecanismo de refrendación, por lo que los presidentes de la Cámara y el Senado entregaron al jefe de Estado la autorización para aplicarlo. De acuerdo con lo pactado, para que gane el SÍ, deberá registrarse el 13% del censo electoral, es decir, mínimo 4.396.626 votos.
Una vez conocido el cuestionamiento, las críticas no se hicieron esperar. Hay quienes señalan que contiene “trampa”, al no estar explícito que el acuerdo es entre el Gobierno y las Farc. Otros mostraron su desacuerdo al decir que así se estaría induciendo la respuesta.
Esta herramienta de participación ciudadana se usa luego de la socialización de los acuerdos. Así lo estableció la Corte Constitucional como una de las ‘reglas de juego’ para llevar a cabo este proceso.
¿Quiénes pueden votar?
Los colombianos mayores de edad, que tengan su cédula inscrita ante la Registraduría Nacional. La entidad reveló que el censo está en 34 millones 700 mil personas habilitadas. Para esta ocasión no habrá nuevas inscripciones.


miércoles, 24 de agosto de 2016

EL COSTO QUE PAGAN LOS URIBISTAS PRÓFUGOS DE LA JUSTICIA


Además de caro, les debe resultar agobiante. Los cuatro famosos ex funcionarios que han huido del país para no enfrentar a la justicia colombiana-a la que califican de estar viciada por intereses políticos -, deben estar preocupados tanto porque Bogotá consiga sus extradiciones, como porque el dinero ahorrado no les alcance para sobrevivir como prófugos.
Sufren el agravante de estar en boca de la opinión pública día tras día, lo que presiona al gobierno para que consiga con prontitud su regreso al país, así tengan asilo o estén en trámite de conseguirlo.
Está claro que la figura de refugio es un alivio momentáneo, porque como se vio con María del Pilar Hurtado, ese seguro puede ser retirado por la influencia del país que solicita su extradición o por las mismas decisiones de la política domestica.
La suerte de estos reconocidos ex funcionarios se sigue enredando. El caso de Andrés Felipe Arias, exministro de Agricultura responsabilizado de las irregularidades del programa Agro Ingreso Seguro, se sumergió en una carrera entre su solicitud de asilo en Estados Unidos y la petición que pronto elevará el gobierno colombiano para que le nieguen el refugio y sea deportado.
El ex comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, al parecer consiguió un asilo en Canadá. No obstante, el alivio no lo exime del todo ante futuros requerimientos de la justicia colombiana.
María del Pilar Hurtado estaría acorralada en Panamá luego de que su asilo fue declarado inconstitucional y tras quedarse sin su padrino protector: el ex presidente Ricardo Martinelli. Lo más probable es que, sin su escudo, tenga que escabullirse a Costa Rica antes de que la capture la policía por solicitud de Colombia.
Y la ex contralora Sandra Morelli se valió de su nacionalidad italiana para trastearse a Europa y decidir no volver hasta que su proceso judicial no esté dirigido por el actual fiscal Eduardo Montealegre.
De estos ex funcionarios, María del Pilar Hurtado es quien lleva más tiempo prófuga de la justicia colombiana: casi cuatro años. Luis Carlos Restrepo suma más de dos años viviendo entre Estados Unidos y Canadá.
Andrés Felipe Arias partió hace tres  meses a Miami, justo cuando se filtró que la Corte Suprema lo condenaría; y Sandra Morelli lleva apenas un par de semanas en el autoexilio, pues se fue tan pronto terminó su trabajo en el organismo de control.
Sean cuatro años o dos semanas, un prófugo de la justicia se enfrenta a una situación de supervivencia costosa que logra palear por un tiempo con sus ahorros, pero que se puede dificultar si el asilo y el permiso de trabajo no es otorgado con prontitud. ¿Qué tan caro le podría resultar la vida a un prófugo con familia, que antes estuvo acostumbrado a una vida de lujos y comodidades? Analice las siguientes cifras que, cabe aclarar, no cuentan con otro de los más caros servicios: el de los abogados.
Andrés Felipe Arias
Lugar donde se encontraría: Miami
Estimado de gastos mensuales: mínimo US$2.800 (5’434 mil pesos)
Andrés Felipe Arias, su esposa y sus dos hijos prefirieron escapar del país a reconocer la condena impuesta por la Corte Suprema de Justicia que obliga al ex ministro de Agricultura a pagar 17 años de prisión y asumir una multa de 30 mil millones de pesos.
Se estima que el pasado viernes 13 de junio, Arias y su familia viajaron en la noche con destino a Miami, Estados Unidos. El exministro fue visto en una oficina gubernamental pidiendo asilo por persecución política en esa ciudad.
Gracie Gómez, abogada de inmigración de La Florida y experta en asesoría para solicitudes de asilo, explicó a KienyKe.com que Arias tendría que demostrar, con suficiente documentación y pruebas, que si regresa a Colombia será objeto de persecución y violación de sus derechos.
“Es un trámite muy difícil. Y si es por asuntos de ideas políticas puede tardar más. Tengo casos en trámite que duran hasta casi tres años”, explica.
Andrés Felipe Arias habría iniciado sus requerimientos de asilo en julio y tiene en su contra que el máximo tribunal de justicia de Colombia emitió una sentencia que lo declara culpable.
Durante este periodo, así ya haya una solicitud formal de ayuda, el Gobierno norteamericano no ofrece ningún auxilio de manutención. Solo si le es aprobado el asilo, recibe un permiso de trabajo y las autoridades le ayudan al beneficiario a conseguir un buen empleo, una licencia de conducción y otros favores sociales. Cinco años más tarde, el asilado puede obtener la ciudadanía estadounidense.

Andrés Felipe Arias estaría estudiando pasar su asilo -si lo consigue- entre Miami o Los Ángeles.
Pero si Arias no ha conseguido el asilo y no contaría con permiso legal para ejercer trabajos formales, su situación económica estaría en serias dificultades.
A finales de 2013, KienyKe.com contactó a Andrés Felipe Arias para solicitarle una entrevista, y él mismo manifestó que su situación económica era crítica y temía que una condena llevara a su familia a la ruina.
Si esto se mantiene igual, las cuentas de la familia Arias-Serrano deben estar en dificultades. Miami es una ciudad muy costosa e incluso las poblaciones aledañas no se caracterizan por tener precios bajos.
Una casa en Miami, con dos habitaciones y un baño, se arrienda amoblada en 2.390 dólares mensuales (4 millones 630 mil pesos).
Un apartamento, con dos habitaciones y sin muebles se puede conseguir en 1.450 dólares, y amoblado puede ser rentado por 1.600 dólares (3’100.000 pesos).
Considerando que Arias debe estar en permanente contacto con abogados -tanto en Estados Unidos como en Colombia-, su cuenta de telefonía móvil con plan de datos puede sumar hasta 80 dólares, en plan económico y estimando que un solo celular baste para toda la familia.
Por servicios públicos, como agua y luz eléctrica, los costos de los recibos pueden ser de 150 dólares, sin contar el gasto de aire acondicionado, lo que sumaría otros 40 dólares a la cuenta.
Y por alimentación, que es otro de los grandes gastos para una familia de cuatro miembros, el dinero presupuestado por mes debe ser unos 900 dólares en una ciudad como Miami (1’740.000 pesos).
Para movilizarse en la ciudad, el exministro tendría dos opciones: un carro particular, aunque tenga que invertir 3.60 dólares por galón de gasolina. Un taxi que suma un dólar por cuadra avanzada, lo que hace que una carrera no baje de 30 dólares. O el metrobus, cuyo pasaje vale 2.25 dólares.
Por otro lado se ha rumorado que Andrés Felipe Arias y su familia podrían irse a vivir a California, pues tendría varios conocidos en Los Ángeles, ciudad en la que hizo estudios de posgrado antes de vincularse al gobierno de Álvaro Uribe.
Si lo decidiera, podría arrendar un apartamento cómodo y amoblado por 1.550 dólares. También encontraría una casa mediana, con muebles por 2 mil dólares al mes.
Respecto a la alimentación, los costos de Los Ángeles son similares a los de Miami, y se estima que para los cuatro podrían gastar unos mil dólares por mes.
Los servicios públicos pueden costarles 120 dólares en promedio y el transporte público implica un boleto de autobús por $1.50 o carreras de taxi con 2.39 dólares por cada kilómetro recorrido.
Luis Carlos Restrepo
Lugar donde se encontraría: Canadá
Estimado de gastos mensuales: mínimo US$3.000 (5’900 mil pesos)
El excomisionado de Paz, Luís Carlos Restrepo al parecer consiguió asilo en Canadá. De su paradero no se sabía desde enero de 2012 y siempre se especuló que podría estar o en Estados Unidos o en su vecino del norte.
En efecto habría conseguido el beneficio de las autoridades canadienses y se estima que podría estar en dos posibles ciudades: Toronto o Montreal.
Cabe recordar que Restrepo es requerido por la justicia para que responda por la falsa desmovilización de un grupo de supuestos guerrilleros de la compañía ‘Cacica La Gaitana’ de las Farc. Restrepo vive con su esposa, Juana Jeanneth Rubio, y sus tres hijos: Felipe, Camilo y Carlos.
De acuerdo con la revista Semana, el ex comisionado de paz Luis Carlos Restrepo consiguió asilo en Canadá.
Comparando las dos ciudades donde se presume que reside Restrepo, su costo de supervivencia era bastante alto. Con su asilo obtiene un permiso de trabajo del que antes carecía.
En Toronto o Montreal un mercado diario de leche, pan, arroz, huevos, queso, frutas, verduras y agua, podría valer 43 dólares estadounidenses. Los servicios públicos en promedio cuestan 164 dólares y el servicio de internet para hogares se puede adquirir en 48 dólares.
La renta de un apartamento en Toronto, de tres habitaciones, cuesta 2.600 dólares canadienses al mes. El mismo apartamento en Montreal se consigue por 1.631 dólares.
Otros gastos, como transporte y llamadas, pueden sumarle al excomisionado de paz unos 300 dólares.
Canadá es la tercera gran potencia global que más recibe solicitudes de asilo, después de Estados Unidos y Francia. El sistema ha sido criticado por ser abusado debido a varias solicitudes fraudulentas de personas que solo buscan conseguir una residencia en el país. Al obtener ese estatus, es posible obtener una ciudadanía ante las autoridades canadienses.
María del Pilar Hurtado
Lugar donde se encontraría: Panamá
Estimado de gastos mensuales: en promedio 3’500.000 pesos.
La ex directora del desaparecido Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, e involucrada en un escándalo sobre interceptaciones ilegales de comunicaciones en Colombia, recibió el beneficio del asilo por parte del ex presidente panameño Ricardo Martinelli.
Sin embargo este año su condición se puso en la cuerda floja ante una revisión de la Corte Suprema que declaró inconstitucional la protección otorgada.
Sobre su situación hay varias dudas. En principio se rumoró que era protegida de Martinelli y que él le brindaba todos los beneficios para su manutención desde 2010. Tras la decisión de la Corte y la llegada de Juan Carlos Varela al poder, los auxilios se habrían acabado para ella.
El abogado Ángel Álvarez, que consiguió que se declarara ilegal el asilo de Hurtado, dijo que a mediados de este año la prófuga colombiana se casó con el empresario Horacio José Arteaga, con lo que aseguraba su tranquilidad económica.

Autoridades panameñas aseguran que -según sus registros- María del Pilar Hurtado no ha salido de su país.
Hurtado vivía en el sector de La Alameda, uno de los barrios más exclusivos de Ciudad de Panamá. Allí un arriendo de una casa varía entre 2’025.000 y 4’105.000 pesos colombianos. Un mercado para una familia de tres personas puede ser, en promedio, de un millón de pesos;  el transporte en taxi en la capital panameña tiene una tarifa mínima de 2.450 pesos y por cada kilómetro recorrido se adicional 1.942 pesos.
En servicios públicos, con Internet incluido, la cuenta es de casi 300 mil pesos.
De tener que huir a Costa Rica, Hurtado encontraría un país con precios más bajos, pero sin ahorros suficientes para subsistir cómodamente sin los permisos de trabajo que se logran con el asilo.
Sandra Morelli
Gastos mensuales en Italia: en promedio 4’000.000 pesos, sin arriendos.
La situación de Sandra Morelli es diferente y llena de ventajas. La ex contralora es solicitada por petición de la fiscalía de Colombia para que responda por presuntas irregularidades en la contratación de un edificio donde funciona actualmente el órgano de control. Para evitar el juicio, Morelli huyó a Italia, país del que también es ciudadana.
La autoexiliada Morelli dice que no tiene garantías en Colombia y que su caso obedece a una persecución liderada por el fiscal general Eduardo Montealegre, con quien sostuvo grandes diferencias en los últimos años.
Italia la recibe como una ciudadana más y no permite que la extraditen a Colombia. Su estatus le permite tener todos los derechos de la residencia en dicho país, y de paso, en la Unión Europea.
Sandra Morelli estudió una especialización en Derecho Administrativo en la Universidad de Bologna y además adquirió una casa en dicha nación, que conservaba como lugar para disfrutar sus vacaciones.
Al margen del arriendo de un apartamento, que en el centro de Roma puede costar más de 5 millones de pesos y a las afueras no baja de 3 millones, la vida en la mayoría de ciudades del país es bastante costosa.

Sandra Morelli permanecerá en Europa aprovechando su ciudadanía italiana.
Una comida en un restaurante promedio, para una persona, costaría al menos 40 mil pesos colombianos, y una cena para dos en un establecimiento más fino, no baja de 140 mil pesos.
Una botella de agua cuesta 2.400 pesos, mientras que una de Coca-cola puede llegar a los 4 mil pesos.
Un mercado, que incluya alimentos básicos como arroz, cereales, carne, pollo, leche, frutas, verduras, agua potable y pan puede ser de un millón y medio de pesos, pensando en alimentar a tres o cuatro personas.
Los servicios públicos básicos más internet costarían 450 mil pesos y el transporte es uno de los gastos más elevados que hay que tener en cuenta: la carrera mínima de taxi es de 8.794 pesos, y cada kilómetro adicional se cobra con 3 mil pesos de más. El galón de gasolina cuesta 16.782 pesos colombianos, uno de los más caros del continente.

Morelli tiene a su favor que cuenta con la nacionalidad italiana, la cual le abriría desde ya un abanico de posibilidades laborales. La ex funcionaria además consiguió ahorrar una buena cantidad de dinero durante su trabajo como Contralora devengó 23 millones de pesos mensuales.