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sábado, 14 de mayo de 2016

LAS ULTIMAS Y VENENOSAS PULLAS DE SANTOS A URIBE



Este viernes, durante el VII Congreso Nacional del Partido Liberal que se llevó a cabo en el centro de convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada de Bogotá, el presidente de la República Juan Manuel Santos lanzó una venenosa pulla contra el senador del Centro Democrático, Álvaro Uribe Vélez.
“En mi gobierno ningún funcionario, ningún miembro de mi gabinete está preso o está acusado o está prófugo. En mi gobierno nadie ha chuzado a la oposición, ni mucho menos a la Corte Suprema. En mi gobierno nadie está preso por haber comprado la reelección y en mi gobierno la familia presidencial no tiene una sola tacha”, dijo el mandatario.
Pero hay más. Santos hizo referencia a la llamada resistencia civil que convocó el expresidente Uribe para hacer frente a los acuerdos a los que el gobierno está llegando en Cuba con las Farc. El jefe de Estado comparó la iniciativa con acciones lideradas por el exjefe paramilitar, Carlos Castaño.
“Hay quienes no pueden resistir este avance, quienes están desesperados porque se les va a acabar su oxígeno, que es el miedo y la guerra. Y han acudido a todo tipo de ataques, inclusive llamando a la resistencia civil, esa misma que antes proponía Carlos Castaño. Pues a esa resistencia civil le vamos a responder con una movilización contundente en favor de la paz. Porque el país no quiere más guerra”.
Frente a sus aliados políticos del Partido Liberal, Santos se mostró particularmente molesto contra quienes se oponen a su gobierno, específicamente, contra el Centro Democrático.

“La oposición ha hecho todo lo posible para que esto no suceda, y ha jugado sucio. Ha enviado comunicaciones tratando de desprestigiar al gobierno y al país con mentiras. Y eso lo digo porque ustedes lo están viendo todos los días (…) se rasgan las vestiduras porque a Colombia la exaltan en los escenarios internacionales y dicen: ‘ese gobierno es corrupto porque está comprando los medios de comunicación para apoyar la paz’. Que tengo un sobrino dirigiendo una revista, hágame el favor”, manifestó.

domingo, 7 de febrero de 2016

EL AVION DE SANTOS

Por Daniel Samper Ospina en REVISTA SEMANA
No se lo voy a negar a nadie: descansé cuando el ex presidente Uribe no aceptó la invitación para viajar con Santos a la celebración de los 15 años del Plan Colombia en la Casa Blanca. Imaginaba la escena en el aeropuerto militar de Catam y me llenaba de ansiedad. Uribe llegaría con Pachito Santos.
–Pero si la invitación era para usted solo, doctor Uribe –le reclamaría Santos.
–¿Y no dizque uno podía traer una maleta? –reviraría Uribe.
Pachito, efectivamente, terminaría viajando en la bodega: su condición de carga para el uribismo lo habilitaría para ocupar tal compartimento. Y Uribe amagaría con ingresar al avión, pero instantes antes señalaría otra nave:
–Presidente Santos, ándate vos en ese helicóptero, y nos vemos allá…
¿Cómo podía ser un vuelo de seis horas en que Uribe y Santos comparten avión? ¿Pelearían a grito herido ante el primer conflicto?
–Quitá el brazo de mi apoyabrazos!
–El suyo es el de la derecha, señor Uribe.
–Y el de vos el de la ultraizquierda, traidor…
–Traidor usted, ¡rufián de barrio!
–Parate a ver, canalla, castrochavista…
–No puedo, porque me estoy apretando el cinturón.
Posteriormente, se echarían en cara la paternidad del escándalo de Reficar, asunto que, según Santos, comenzó en el gobierno anterior. Y razón no le falta. La verdad es que el gobierno de Uribe produjo unos engendros lamentables: para empezar, la propia presidencia de Santos.
Con todo, era preferible la pelea de los ex mandatarios a que se reconciliaran en pleno vuelo y terminaran saludándose con cariño:
–Hola, Juan Manuel: pareces una quinceañera.
Porque, en tal caso, ya no habría motivos para apoyar a Santos. Siempre lo diré: Uribe es el primer responsable de que no pueda ejercer mi antisantismo a plenitud. En el preciso momento en que aclaro la garganta para hablar del gobierno perverso del presidente, surge un grito guerrerista de Uribe que me obliga a situarme en la misma orilla, si no de Santos, al menos de su proceso de paz. Porque nadie podrá quitarle al presidente que delineó un proceso de paz sólido. Son las ventajas de saber utilizar el delineador.
El hecho es que Uribe no viajó, para fortuna de todos: no se sumó a la formidable celebración del Plan Colombia en la que Santos tiró la casa por la ventana. Llevó dos aviones: dos. El primero era una nave de carga acondicionada para invitados especiales, en la que cabía un coctel entero: viajaron empresarios, políticos, ex generales acompañados por sus familias. El avión casi hace escala en Cartagena para recoger a medio Hay Festival. Pudo haber ido hasta Pum Pum Espinosa: ¡hasta la Chiqui Echavarría!
Eso en cuanto al primer avión; el segundo era lo que un periodista llamaba “el focker del presidente”, frase que rechazo de entrada porque no es manera de llamar a un mandatario, tenga las credenciales eróticas que tenga.
En esas dos naves, pues, la comitiva se desplazó a Estados Unidos con la misma velocidad con que los campesinos se desplazaban durante el Plan Colombia, y por un momento tuve la felicidad secreta de no hacer parte del paseo, sin querer decir con esto que no me habría encantado codearme con el general Serrano y su hijo Franz y estrechar la mano de los senadores gringos que nos salvaron de nosotros mismos desinteresadamente, muy queridos. Pero imaginaba a Telésforo Pedraza bailando al compás del grupo Delirio, por ejemplo, y me resultaba liberador no ser testigo presencial de la escena.
A medida que pasaban las notas de prensa, sin embargo, reconocí que me estaba dando consuelo. ¿A quién quiero engañar?, me dije: ¡habría dado la vida por estar en la cochada de los buenos, de los que salvaron el país! Inundar las selvas de glifosato; ser sobrino de Pastrana y no de mi tío Ernesto, por ejemplo, quien, dicho sea de paso, no clasificó al paseo porque dejó vencer la visa. Ahora organiza un encuentro de desagravio con los hijos de Barco y Belisario. Lo llamará ‘El Plan Barichara’, porque, por consideración con el líder conservador, lo harán allá.
A la Casa Blanca, en cambio, viajaron los que redimieron a la patria, aunque, por desgracia, no juntos. Pastrana no se quiso montar en el chárter presidencial, e hizo bien, porque seguramente Santos lo habría mandado en clase económica, mientras él se acomodaba plácidamente en clase ejecutiva: Santos, finalmente, es un traidor de clase. Además, lo habría sentado al lado de una silla vacía, para que recordara viejas épocas, y le pondría conversación:
–Andrés, hombre, ¿por qué no le gusta mi proceso de paz?
–Porque uno no negocia con bandidos: máximo los nombra en la Secretaría General.
–Pero usted negoció con las Farc…
–Porque en mi época eran buenos.
–¿No será envidia?
–No señor: usted se recuerda que mi proceso de paz sí fue serio, o si no pregúntele a Marbelle: llevamos a Jorge Barón, a Gali Galiano. La gente estaba feliz. En cambio en este ni siquiera hay despejes.

La jornada, en todo caso, terminó de manera feliz. Hubo desayunos, bailes y discursos memorables. Tristemente, Pastrana y Santos no limaron asperezas. Y Uribe sigue bravo. Pero siempre queda la opción de que hagan las paces en otra cumbre. Quizás en los 15 años del Plan Barichara.

jueves, 23 de octubre de 2014

LA ESTRATEGIA DE ZANAHORIA Y GARROTE CONTRA URIBE


La estrategia de zanahoria y garrote contra Uribe

Mientras el presidente Santos propone un acercamiento, la Unidad Nacional arremete contra

 el exmandatario por sus posturas sobre la paz.

El presidente Uribe y el Centro Democrático ya le han pedido al Gobierno respeto como oposición. /Archivo - El Espectador
Bien se sabía que desde que el expresidente Álvaro Uribe llegó al Congreso como líder de la bancada del Centro Democrático, el ambiente sería hostil y los enfrentamientos con la coalición de gobierno y la misma izquierda democrática —representada en el Polo—, agudos y constantes. El martes, mientras el país esperaba un debate sobre el metro de Bogotá, al cual no asistieron los citados, algunos parlamentarios de la Unidad Nacional aprovecharon para irse lanza en ristre contra el exmandatario por sus posiciones y filtraciones frente al proceso de paz que se adelanta con las Farc en La Habana. Cuestionamientos que no fueron espontáneos, pues según conoció El Espectador, fueron planificados estratégicamente.
Como quien dice, estrategia de ‘zanahoria y garrote’, porque horas antes, el presidente Juan Manuel Santos, en una entrevista con el director de Noticias RCN, Rodrigo Pardo, había planteado la posibilidad de reconciliarse con Uribe. “Yo estoy más que dispuesto a reunirme con el senador Uribe, con el Centro Democrático, para discutir todos estos temas con criterio patriótico, con miras a lograr una buena paz para todos los colombianos. Creo que esa es la obligación de cualquier buen ciudadano. Si el presidente Uribe quiere venir aquí a Palacio, será bienvenido para discutir los asuntos primordiales de la nación”, dijo.
Lo cierto es que mientras el país político debatía la posibilidad de que mandatario y exmandatario se sentaran a conciliar sus diferencias, los principales alfiles de la Unidad Nacional se reunían con los ministros de la Presidencia, Néstor Humberto Martínez, y del Interior, Juan Fernando Cristo, para recibir los argumentos con los que cuestionarían al expresidente en la plenaria del Senado. Tan es así que la senadora Claudia López, de la Alianza Verde y férrea opositora de Uribe, reclamó: “El país conoce mis profundas diferencias con el expresidente, pero esos debates deben darse con garantías, sin huidas ni tomas a mansalva”, cuestionando a la Unidad Nacional por “tomarse e improvisar la discusión en torno al proceso de paz”.
Lo claro es que el libreto estaba escrito. Los congresistas se inscribieron en orden para hacer cada una de las denuncias y críticas contra Uribe. El primero fue Luis Fernando Velasco, liberal, quien se refirió a las capitulaciones (críticas) que ha realizado el uribismo a los acuerdos logrados hasta ahora en la mesa de negociación en Cuba, que empezaron en 52 y ayer elevó a 68. Velasco presentó un video de Noticias Uno en el que quedaba clara la intención del exmandatario de despejar Pradera y Florida (Valle del Cauca) para la liberación de secuestrados, por solicitud de los gobiernos de Francia, España y Suiza.
El turno siguiente fue para el senador Roy Barreras, de la U, quien con presentación y documentos en mano refutó cada una de las 52 capitulaciones y enfatizó: “No hay una sola frase de ese documento espurio y delirante que sea cierta. El objetivo es quitarles a los colombianos la esperanza de la paz, sembrar el miedo entre sus electores y convencerlos de que el único camino es la guerra”. Y después tomó la palabra elsenador Armando Benedetti, también de la U, quien presentó un convenio con el cual excomisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo se habría “congraciado” con el empresario Henry Acosta Patiño, quien prestaba sus buenos oficios como mediador para un posible diálogo con las Farc.
El convenio tenía como finalidad “aunar esfuerzos entre las partes con el fin de generar condiciones de confianza que permitan entablar conversaciones con el Gobierno Nacional en la búsqueda del interés supremo de la paz, para lo cual se financiarán y adelantarán las actividades necesarias para ello, a través del programa de Desarrollo Agrícola y Social”, señaló la denuncia de Benedetti.
Eso sí, las réplicas de Uribe y su guardia pretoriana en el Senado no se hicieron esperar. “La Unidad Nacional se vino en gavilla con un debate improvisado sobre el proceso de paz (...) pero no les funcionó la encerrona. Algún senador habló de polarización, claro que sí, la polarización la provocaron este Gobierno y sus amigos cuando decidieron hipócritamente dividir el país entre amigos de la paz y amigos de la guerra, guerra que en otro momento la mayoría llamó seguridad democrática para hacerse elegir”, respondió la senadora uribista Paola Holguín.
También hablaron Carlos Fernando Galán, la exfiscal Viviane Morales, Horacio Serpa, Mauricio Lizcano, Efraín Cepeda y Guillermo García Realpe. El debate resultó tan acalorado que hubo amague de pelea entre Uribe y Realpe. Sobre las 11:00 de la noche se levantó la plenaria, que resultó ser el reflejo de la extrema polarización política que vive hoy Colombia y que incluso cada vez toma mayores tintes judiciales, pues hay quienes creen que el hecho de que Uribe filtre información reservada sobre los operativos para sacar a guerrilleros hacia La Habana, como lo hizo en un trino el mismo martes, es una violación a la Ley de Inteligencia que merece ser investigada.

Así las cosas, si había alguien que guardaba la esperanza de que Santos y Uribe tuvieran un acercamiento en aras de la paz, el panorama político deja entrever que eso está bien lejano, al menos por ahora. Y hay que hacer esa salvedad, porque aquel lugar común de que en política todo es posible, sí que aplica en Colombia. Casos se han visto, si no, habría que preguntarle al mismo Uribe y al expresidente Andrés Pastrana, agua y aceite en el pasado pero unidos en la pasada campaña electoral por cuenta de su oposición a Santos. Además, las palabras del jefe de Estado ayer en La Dorada (Caldas), son más que evidentes: “Sigan en su guerra, sigan con su pobreza, que el pueblo colombiano, la gran mayoría de los colombianos, seguimos en el camino hacia la paz, hacia la equidad y hacia la mejor educación (...) yo a ellos les digo: sigan con su cuento, que el pueblo está con nosotros, el pueblo está con nosotros”. Al que le caiga el guante...

tomado de la sección política de EL ESPECTADOR

jueves, 19 de junio de 2014

LAS REACCIONES DE UN SOCIÓPATA, despues de las elecciones

Las reacciones... ¿de un sociópata?

Cecilia Orozco Tascón
Por: Cecilia Orozco Tascón
DEL PERIÓDICO EL ESPECTADOR, BOGOTA DC, COLOMBIA
Apenas terminando el domingo, Álvaro Uribe notificó, no al país que lo conoce bien sino a sus seguidores, que hasta ese instante llegaba la presunta jefatura de Óscar Iván Zuluaga, quien podrá continuar a su lado pero en el lugar que le corresponde, es decir, segundo suyo: minutos después de que su subalterno aceptara el resultado de la votación y felicitara a Santos, lo desautorizó.
Agazapado en su tierra, esperó a que los contendores terminaran sus intervenciones para asegurar exactamente lo contrario de Zuluaga, o sea, que la reelección de Santos no es legítima porque, según él, “hubo presión violenta de grupos terroristas sobre los electores”. Cómo sería de absurda la afirmación que hizo sin presentar un solo caso concreto que la misión de observadores de la OEA lo desmintió. Claro, sabemos que las opiniones de los demás le importan un pepino y, también, que su cinismo no tiene límites. Por eso señaló con pasmosa tranquilidad que “hubo compra de votos, violación de la Ley de Garantías, propaganda ilegal con dineros del Estado y con personajes que cumplen funciones públicas”, e indicó, sin sonrojo, que “¡debemos levantarnos en contra de la pedagogía del miedo convertida en política!”. ¿Perdón? ¿A quién se refería el exmandatario? ¿A Santos o a sí mismo y sus administraciones abusivas del poder?
Colombia padece de alzhéimer, pero no tanto para olvidar que en 2006, y particularmente en 2002, hubo “pedagogía política del miedo” como nunca. Y “presión violenta de grupos paramilitares sobre los electores”, “compra de votos, violación de la Ley de Garantías, propaganda ilegal con dineros del Estado y con funcionarios” como, por ejemplo, los consejeros Moreno, Gaviria y Arango, y los ministros Valencia, Pretelt y Palacios.
El uribismo, contagiado de las características de personalidad de su líder, denuncia, con una propiedad desconcertante, el espurio origen de los votos de los musas que favorecieron a Santos. Por supuesto que son espurios. No caeremos en la estupidez de negarlo. Pero están tan contaminados ahora como antes, cuando acompañaban a Uribe. No vamos tan lejos. La semana pasada apareció Uribe, en visita de campaña en Bucaramanga, con el honorable senador Mauricio Aguilar, hijo del excelentísimo condenado parapolítico Hugo Aguilar y hermano del gobernador Richard Aguilar, elegido por los dos anteriores. ¿Para qué y por qué? ¿Para garantizar la pureza del voto o para aprovechar el esquema pervertido de los ñoños? ¡Ay, la memoria selectiva cómo puede distorsionar las verdades! ¿Alguien ha podido borrar de la historia la yidispolítica o el uso de los dineros del Estado en los consejos comunitarios?
El otro día cayó en mis manos un texto sobre una enfermedad mental que no es fácil de detectar. La descripción del paciente: es encantador y carismático y su personalidad es magnética, por lo que genera mucha admiración. Puede ser excelente orador y acudir al lenguaje poético para hipnotizar a la audiencia. Tiene delirios de grandeza y siente que tiene derecho sobre posiciones y personas. Cree que es la autoridad absoluta. Se le dificulta controlar respuestas emotivas como la ira, la impaciencia o el enojo y arremete con rapidez contra los demás.
Actúa por fuera de las normas sociales y puede comportarse de manera escandalosa y sin medir las consecuencias. Es artista del engaño y la mentira, pero es muy convincente por su autoconfianza y firmeza. Suele ser líder, atraer personas más débiles que él, intoxicadas por su encanto. Es incapaz de sentir culpa y, por eso, puede hacer daño, amenazar y lastimar sin tener remordimientos y utilizar la aparente compasión para manipular a los otros. Y lo logra. El que sufre esta sintomatología se llama sociópata. Debería ser tratado como tal y no como jefe de la oposición. Digo yo.
  • Cecilia Orozco Tascón | Elespectador.com