Mostrando entradas con la etiqueta paz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta paz. Mostrar todas las entradas

martes, 6 de diciembre de 2016

LA SEGURIDAD, EL PRINCIPAL TEMOR DE LOS GUERRILLEROS DE LAS FARC AL DEJAR LAS ARMAS


La incertidumbre sobre cómo se garantizará la seguridad de los guerrilleros una vez dejen las armas, ronda la mente de muchos de los miembros de las FARC que esperan en sus campamentos a que llegue la jornada "D+5" en la que comenzarán a abandonar sus fusiles.
"En nuestra seguridad es en lo que nosotros siempre pensamos", explicó a Efe "Jenny Cabrales", de 34 años, 19 de ellos en la guerrilla.
Pese a ese temor latente a qué pasará cuando deje su fusil y "tome la palabra", cree que si el objetivo es alcanzar la paz deben "arriesgar y eso incluye la vida".
Desde su campamento en las estribaciones de la Serranía del Perijá, cercana a la aldea de Conejo, en el caribeño departamento de La Guajira, "Jenny" enumera los últimos asesinatos de los líderes sociales a lo largo del país.
Tan solo este domingo Carlos Ramírez, defensor de derechos humanos y reclamante de tierras del resguardo indígena Wayú de Mayamangloma, en el municipio guajiro de Fonseca, fue víctima de un atentado, aseveró.
Pese a que las condiciones de seguridad del grueso de la guerrilla en las zonas de campamentos ha mejorado ostensiblemente desde que comenzó el cese bilateral del fuego el pasado agosto, en ese punto de preagrupamiento transicional los guerrilleros mantienen vigilancia armada las 24 horas del día.
A la duda sobre la seguridad personal de los guerrilleros se suma la incertidumbre frente a su futuro laboral, ya que muchos de ellos no saben de qué van a vivir, cómo se van a sostener, en qué se podrán emplear en el momento en que definitivamente entren a la vida civil y ya no estén bajo el amparo de la guerrilla.
El plan de "Jenny", al igual que el de muchos de sus compañeros, es "empezar a realizar una labor comunitaria de organización de masas" y dedicarse de lleno al trabajo en el partido político legal que funden las FARC tras desmovilizarse.
Sin embargo, esta mujer menuda en la que no se notan el paso de los años ni la rudeza de la vida en la selva, confesó que aunque se están preparando para el tránsito a la vida urbana, sabe que el día que vuelvan finalmente a la legalidad se van a "estrellar con la realidad del diario vivir".
"Jenny" confía en poder realizar ese trabajo político en la vida civil, pues manifiesta que no sabe en qué se podría emplear: "Ni siquiera sé como puedo llegar a una empresa a pedir empleo, solo sé que piden muchos papeles que yo no tengo".
Esta integrante de la "Unidad Efraín Guzmán", que hace parte de la seguridad personal de "Bertulfo Álvarez", alias de Emilio Cabrera Díaz, uno de los líderes de las FARC, aseguró que entró a la guerrilla por convicción política y que con el pasar de los años este convencimiento se "reforzó aun más".
Manifestó que conoce a las FARC desde que tenía cinco años, cuando "los muchachos llegaban hasta la finca que cuidaba mi padre en un pueblito del César (departamento del norte de Colombia) y le ayudaban con la cosecha".
"A mis dos hermanas y a mi las guerrilleras nos peinaban, jugaban con nosotras y nos trataban muy bien", apostilló.
Una de las motivaciones que tuvo "Jenny" para ingresar a la guerrilla fue la pobreza en que vivía su familia: "Fueron muy pocos los diciembres en que mis hermanos y yo estrenamos (ropa), mi papá era tire y tire machete para cosechar la tierra pero la plata no alcanzaba".
"Veía que la gente alrededor de mi familia también era muy pobre y eso es lo que tenemos que cambiar", agregó.
Hoy 19 años después, con el nuevo acuerdo de paz firmado el pasado 24 de noviembre y refrendado finalmente por el Congreso la semana pasada, "Jenny" pasa los días entre los quehaceres cotidianos, las guardias de seguridad que le toca hacer, el acercamiento con la comunidad de Conejo y el estudio del texto de los acuerdos. 

 TOMADO DE AGENCIA DE NOTICIAS 

martes, 8 de noviembre de 2016

PROCESO DE PAZ: 21 PUNTOS PARA PONERSE “DE ACUERDO”


Los promotores del No, el gobierno y las Farc llevan más de un mes intentando llegar a puntos comunes. Esa tarea se ha vuelto tan titánica como difícil. El viernes pasado los negociadores del gobierno llevaron a la Habana más de 400 propuestas. Y se espera con estas construir un nuevo documento. El tiempo que tome ese ejercicio es difícil de determinar, aunque el presidente Santos señaló que espera que en los diálogos no se vayan más allá de noviembre.
Quienes sí se pusieron de acuerdo fueron las principales organizaciones sociales del país. En un documento de ocho páginas estas proponen 21 puntos necesarios para avanzar en el proceso de paz.
El documento está firmado por rl Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad (Dejusticia), la Comisión Colombiana de Juristas (CCJ), la Corporación Excelencia en la Justicia (CEJ), el Departamento de Derecho Constitucional de la Universidad Externado de Colombia, la Fundación Ideas para la Paz (FIP), el Instituto de Ciencia Política (ICP), la Misión de Observación Electoral (MOE) y más de una decena de profesores de universidades de todo el país, entre muchos otros.
Todos ellos aseguran que tienen “planteamientos adicionales”, pero que los elementos que plantean en esos 22 puntos “enfrentan razonablemente las principales críticas y temores de quienes votaron NO en el plebiscito pero, a la vez, preservan la estructura y la esencia del Acuerdo Final”.
Esta es su fórmula:
1. Diálogo incluyente y de calidad entre todos los sectores políticos: Las ONG destacan el ejercicio que se ha hecho entre el gobierno y la oposición y resaltan “la importancia de continuar con esa metodología de forma permanente, continua y como vehículo de comunicación entre la Mesa de conversaciones y los voceros del NO. Con genuina voluntad política de todos los sectores involucrados, esto permitirá acercar posiciones, generar diálogos reposados, construir confianza y, en últimas, acercarnos al llamado ‘consenso nacional por la paz’”.
2. Medidas jurídicas urgentes en el Congreso: Los expertos piden adelantar pronto Ley de amnistía para los guerrilleros. “Tal medida jurídica comprende los delitos que no constituyan crímenes internacionales ni graves violaciones a los derechos humanos, los cuales deberán ser investigados, juzgados y sancionados. En todo caso, la amnistía tendría que estar condicionada a la finalización del proceso colectivo de dejación de armas y su aplicación procederá luego de que se alcance un nuevo Acuerdo de paz”, sostienen.
3. Seguridad política y jurídica: “Así, en vez de su ingreso indefinido al bloque de constitucionalidad, el Acuerdo Final debería establecer que éste informará las normas que se expidan para su implementación y servirá de criterio de interpretación de aquellas”.
4. Respaldar la Jurisdicción Especial para la Paz: “La JEP debe ser preservada como instancia judicial autónoma, independiente y de cierre, que administre justicia frente a todos los crímenes internacionales cometidos con ocasión del conflicto armado. Admitimos que deben introducirse las precisiones necesarias a la JEP para enfrentar las objeciones razonables a su funcionamiento. El Acuerdo debería fijar un límite temporal y razonable de la JEP... Igualmente, el Acuerdo debería precisar las atribuciones de la JEP frente a cosa juzgada y reforzar las garantías de independencia e imparcialidad de los integrantes de la JEP, así como precisar su forma de articulación con el conjunto de la rama judicial”
5. La JEP y los terceros: “El Acuerdo prevé que la JEP sólo puede vincular a aquellos terceros que hubieran tenido una participación determinante o habitual en los crímenes internacionales más graves y representativos. La mayor parte de los terceros que puedan tener alguna responsabilidad en el conflicto armado no caen en esa situación, con lo cual quedan sujetos a las penas de la justicia ordinaria…”
6. La responsabilidad de mando: “El Acuerdo debería precisar la responsabilidad de los mandos de las FARC-EP y de los agentes estatales por los actos de sus subordinados, con base en los elementos del artículo 28 del Estatuto de Roma. Habría lugar a tal responsabilidad si los mandos (i) tenían comando y control efectivo, o autoridad y control efectivo de los subordinados; (ii) hubieren sabido o, por las circunstancias del momento, hubieren debido saber de la ocurrencia de esos delitos no amnistiables; y (iii) y no hubieren tomado todas las medidas necesarias y razonables a su alcance para prevenir o prohibir su ocurrencia.
7. La restricción de la libertad: “El Acuerdo debería fijar las condiciones de cumplimiento de la restricción efectiva de la libertad. Esa restricción puede cumplirse en zonas rurales de transición…Así mismo, debe establecerse la administración de tales zonas, la cual podría ser realizada por un órgano internacional como las Naciones Unidas…El Acuerdo también debería precisar que, luego de la finalización del proceso de dejación de armas (día D+181), los excombatientes que hayan dejado las armas deben trasladarse a las zonas rurales de transición para iniciar a descontar el cumplimiento de la sanción de restricción efectiva de la libertad.
8. Participación política: “Uno de los principales objetivos de este proceso de paz es el tránsito de política con armas al ejercicio de la política en un marco de legalidad. Con ese propósito, el Acuerdo permite que líderes de las FARC-EP, que sean responsables de crímenes internacionales, puedan ejercer cargos de elección popular. Pero algunos sectores de la sociedad colombiana rechazan su inmediata elección en órganos de representación política. Teniendo en cuenta estas dos premisas, que debe haber un tránsito de las armas a la política, pero que para algunos no puede ser inmediato, la solución está entonces en que los derechos de participación política de los excombatientes de las FARC-EP que sean condenados por delitos no amnistiables vayan siendo recuperados progresivamente, en la medida en que se verifique el cumplimiento efectivo de las sanciones correspondientes…”
9. El problema de las drogas: “Habría que precisar de manera explícita el compromiso de las FARC-EP de esclarecimiento de la verdad y no repetición”.
10. Tratamiento penal del narcotráfico: “La base de estas negociaciones es el reconocimiento de las FARC-EP como actor político. Además, ninguna norma constitucional o internacional prohíbe amnistiar el narcotráfico. Pero dada la gravedad de ese delito para la sociedad colombiana en este caso, el Acuerdo debería explicitar que el tratamiento penal especial sería otorgado a condición de que el involucramiento en el narcotráfico no haya buscado un provecho personal y haya colaboración efectiva en términos de erradicación y sustitución de cultivos ilícitos, y entrega de información y de bienes para reparar materialmente a las víctimas.
11. Entrega de bienes: “En términos generales, el Acuerdo debería explicitar el compromiso de las FARCEP de poner a disposición de la sociedad colombiana todos los bienes derivados de la denominada “economía de guerra”, en especial, para que éstos contribuyan a la reparación de las víctimas”.
12. No persecución a pequeños cultivadores: “El Acuerdo debería mantener la renuncia condicionada a la acción penal para pequeños cultivadores. Esa disposición es consecuente con el enfoque general de derechos humanos y salud pública que se adopta para la solución del problema de drogas ilícitas, sin perjuicio de las decisiones de política pública que fueren adoptadas en esta materia”
13. Reforma rural para proteger a los campesinos: “El asunto agrario es uno de los factores que dio lugar y ha contribuido a la permanencia del conflicto armado interno. Tal protección del campesinado no se opone a la economía de mercado ni a la inversión de capital en el sector rural. En esta materia, el Acuerdo es consecuente con la Constitución y el ordenamiento colombiano. Por eso, el Acuerdo podría precisar que protege la propiedad privada, con las limitaciones y restricciones propias de su función social y ecológica, fijadas en la Constitución…”
14. La extinción de dominio: “El Acuerdo debería precisar que los procesos de extinción de dominio, por violación de la función social y ecológica de la propiedad, proceden en los términos consagrados en la Constitución y en las leyes vigentes o aquellas que sean democráticamente debatidas en el futuro por el Congreso”.
15. Fondo Nacional de Tierras: “El Acuerdo debería fijar de manera explícita que la competencia para adjudicar terrenos del Fondo de Tierras radica en el Gobierno Nacional, con base en unos criterios técnicos y en la participación de las comunidades”.
16. Zonas de Reserva Campesina: “El Acuerdo debería explicitar que uno de los criterios para la constitución de Zonas de Reserva Campesina es que los terrenos solicitados no se traslapen con títulos colectivos. Igualmente, se podría precisar que se priorizarán las solicitudes de Zonas de Reserva Campesina en terrenos que estén libres de cultivos ilícitos. Las solicitudes sobre terrenos que no cumplan esa condición deberían ser intervenidas por el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito”.

17. Participación ciudadana y ejercicio de la oposición: “La sostenibilidad de la paz dependerá de que los ciudadanos nos organicemos políticamente, participemos en el diseño del proceso y seamos veedores de su implementación. El Acuerdo podría aclarar que, en los espacios de participación, deberá invitarse también a otros actores relevantes, como gremios y empresarios. Además, el Acuerdo podría precisar que tales espacios de participación, en todo caso, ni reemplazan ni constituyen consulta previa, la cual está regulada en la Constitución y en las demás normas del actual ordenamiento colombiano; y tampoco reemplazan a las autoridades locales.

martes, 18 de octubre de 2016

LA REVELADORA ENTREVISTA DE DANIEL CORONELL A IVAN MARQUEZ

El presidente de Univisión y columnista de la revista Semana, Daniel Coronell, hizo hace pocos días una entrevista reveladora con el líder de las FARC Iván Márquez. La cadena publicó esta tarde el video de ese encuentro que desde ya promete dar mucho de qué hablar.
Coronell comenzó diciéndole a Márquez que la entrevista sería breve pues no buscaba hacer reflexiones sobre las generalidades del proceso, sino puntualizar sobre algunas dudas acerca del problema actual que atraviesa el proceso.
Márquez no quiso contestar la pregunta de cuántos guerrilleros tienen las FARC. Aseguró que esa cifra sólo se podrá tener cuando las milicias lleguen a los puntos de concentración. Coronell le dijo que le hacía esa pregunta pues sabía que sostener una milicia de miles de hombres no era fácil ni económico, y que quería saber qué implicaciones tendría esto en el sostenimiento del cese del fuego.
El líder guerrillero contestó que afortunadamente el presidente había prolongado ese cese del fuego hasta el 31 de diciembre, lo que para él significa que está “en plena vigencia el acuerdo final”. Agregó que desde hace unos meses las FARC suspendieron las “impuestaciones”, es decir, los cobros (extorsiones o secuestros) que les hacen a miles de colombianos en las regiones “en función de la rebelión”.
Agregó que van a tener que recurrir a las organizaciones internacionales para mantener el “ejército encampamentado en tregua”, pues es algo “muy costoso”.
Coronell le preguntó cuál era la posibilidad de que se rompiera el cese del fuego y Márquez contestó: “Vamos a hacer hasta lo imposible por mantener esta situación y salvar el acuerdo final firmado en Cartagena por el presidente Santos y Timoleón Jiménez”.
Agregó que ese grupo guerrillero está en sintonía con el sentimiento de los miles de colombianos que han salido a marchar para pedir que no se rompa el proceso de paz. “Para nosotros en cierta medida este es otro tipo de refrendación de los acuerdos”, dijo.
Frente al triunfo del No en el plebiscito, dijo que las FARC han asumido con serenidad los resultados, pues “respetan el juego de la democracia”. Aseguró, eso sí, que el rechazo a los acuerdos ganó precariamente.
“Nosotros pensamos que las FARC están abiertas a buscar soluciones a este impase que se nos ha presentado. Tenemos en cuenta que el No no es homogéneo, no es el señor Uribe. Él representa un sector del No. Hay un sector fuerte que representa a los cristianos de Colombia y hay otros sectores”, dice.
“Pensamos que hay que escucharlos y vamos a hacerlo con mucho respeto”, agregó. Márquez aseguró que la nueva fase del proceso será que ellos van a extraer las cosas positivas de las propuestas que les hagan llegar los del No. Después, la mesa va a tomar una decisión al respecto.
Sobre la pregunta si están dispuestos a renegociar algo de lo ya acordado, el jefe guerrillero aseguró que en ese documento están los puntos esenciales para llegar a una paz estable y duradera. Subrayó que están dispuestos a ceder “en todo lo que sea positivo y nos saque de una larga confrontación de 50 años”.
“Renegociar el acuerdo es un asunto muy complejo, pero vamos a analizarlo… complejo porque eso nos haría invertir más años de negociación”, aclaró. Para él si se tardaron cinco años en llegar a estos puntos, una renegociación sobre bases que no son positivas les va a hacer gastar más tiempo y corren el riesgo de que el “proceso de paz termine mal”. “Prolongar nos va a producir más muertos y nosotros queremos evitar esto”, agregó.
Coronell le preguntó puntualmente por el tema de la ideología de género y el líder guerrillero contó que se habían reunido ya con voceros de los cristianos a quienes les explicaron que hay un sector político malintencionado que quiso generar confusión sobre ese punto. Aclaró que sólo se trata de reivindicar los derechos de las mujeres.
Sobre los derechos de la población LGBTI sólo dijo: “es un tema complejo pero hay que respetarlo, y nosotros estamos en esa onda también… los cristianos saben que son hijos de Dios”.
En otro tema polémico, la exigencia de que la justicia sea más dura con los responsables de crímenes de lesa humanidad, reiteró lo que para las FARC siempre ha sido un punto de honor: que la Jurisdicción Especial para la Paz no puede ser sólo para los guerrilleros, sino para todos los actores de la guerra: Ejército, Policía y la cúpula política como ministros, medios de comunicación y empresarios que han contribuido a la violencia.
Aclaró que, para él, todos estos actores deben acudir en las mismas condiciones para ofrecer verdad. Aunque en ese sistema fueron excluidos expresamente los presidentes del país, Márquez dijo que los “presidentes tendrían que ir a responder, por supuesto”. Agregó que no existe otra manera de llegar a la reconciliación que la del perdón y la verdad.
Al final, ante la pregunta de Daniel Coronell de si las FARC estarían dispuestas a prolongar la entrada a la política e los guerrilleros, Márquez dijo que en ningún proceso de paz del mundo los líderes de una guerrilla se han desmovilizado para terminar en la cárcel.
En relación con los paramilitares, Márquez dijo que no estaban en el mismo saco, pues ellos habían sido utilizados por el Estado mientras la guerrilla actuaba en contra de este.
Márquez coincidió con el pedido del presidente Santos de darle celeridad a la etapa que se está viviendo con los promotores del No. Aseguró que de lo contrario, el país podría pasar del “limbo al infierno”, pero que su deseo es que sea lo más pronto posible en un lapso no muy amplio para que no se muera el proceso de paz. “Ya escucharon al señor Álvaro Uribe todo lo que tenía que decir”, agregó y recalcó que están a la espera de revisar esa y todas las demás propuestas que les lleguen desde la sociedad colombiana.

domingo, 18 de septiembre de 2016

OPINION DE UN ESCRITOR RUSO SOBRE LA PAZ EN COLOMBIA

La verdadera paz en Colombia

Artículo de mi amigo EVGENY ZHUKOV, Escritor y periodista.
Lo reproduzco con autorización del autor
 
Colombia es una olla a presión, cuya tapa será levantada este 2 de octubre cuando se vote el plebiscito por la Paz. Los medios de comunicación bombardean, cada uno desde su arma de comunicación masiva preferida, con toneladas de propaganda barata, a veces mediante manipulaciones sutiles, a veces de forma directa y burda, dependiendo del público al que se dirigen. Las razones tanto del SÍ como del NO se ventilan a diestra y siniestra y todos los medios son válidos: desde los más bajos hasta los más altruistas.
Que SÍ, que NO, que la PAZ, que la impunidad, que el perdón…
Nadie parece comprender que la firma no es importante. Es un mero acto protocolario. Es una constatación de que el grupo armado deja las armas. Si gana el SÍ, el proceso será más fácil. Si gana el NO, el proceso se hará de igual forma, tan solo un poco más complicada; no se preocupen. Esa decisión está tomada. El problema vendrá después: cuando esa PAZ, de la que tanto se ha hablado, comience a construirse.
Construir la paz no es fácil. Requiere de la participación ciudadana. Requiere de perdón y olvido. Requiere de una mano bondadosa, pero firme, que lleve a una Colombia unida a construir esa PAZ. Y aquí es donde veo el principal bache en el camino de la paz. Más que bache, es una montaña que no sé cómo bordear. Y esa montaña se resume en la lucha de poderes, que, desde el nacimiento de la Gran Colombia, cual herrumbre, viene destruyendo cualquier remache con el que se intenta sujetar el país en un todo:
  • Santander contra Bolívar.
  • Terratenientes y esclavistas versus innovadores y liberalistas.
  • Liberales contra conservadores.
  • Iglesia contra liberales.
  • Capitalistas contra comunistas.
  • Diferentes grupos guerrilleros contra todos.
  • Narcotráfico contra todos.
  • Paramilitares contra todos.
  • Todos contra todos y,
  • La última perla que Colombia y los colombianos han soportado los últimos seis años: Uribe contra Santos y el mundo…
Ese es el problema al que se enfrentarán los colombianos. El que cree que con poner un SÍ o un NO en un pedazo de papel hace su aporte a la paz que en su interior interpreta como correcta, está totalmente equivocado. La lucha por la paz hasta ahora comienza.
Los colombianos están divididos en dos bandos, a todas luces irreconciliables: Uribistas y No Uribistas. Las pasiones están encendidas y las disputas se ven y se oyen no solo entre desconocidos, sino entre amigos y dentro de los núcleos familiares. Los gritos y los insultos: ¿acaso este es el principio de la paz que estamos necesitando? Los engaños, traiciones, mentiras, calumnias e injurias: ¿así es como se construye la paz?
No. Esos, precisamente, son los ecos de la guerra que el país ha vivido desde el momento en que el señor Bolívar comenzó a liberar a América del Sur de los conquistadores. Desde ese momento la lucha por el poder jamás ha parado. Ha sido una lucha sangrienta, con millones de muertos. Tan solo consulten la historia de Colombia desde 1810 hasta la fecha. Existieron treguas entre guerras, pero Colombia JAMÁS ha disfrutado de una VERDADERA paz. Y desde 1948, Colombia ni siquiera tregua ha tenido…
Ahora, los que están participando en el proceso democrático denominado plebiscito, son los nietos (si no los bisnietos) de aquellos que han vivido en guerra. Fueron criados en medio de cuentos de terror sobre los guerrilleros, el narcotráfico, los militares, los políticos corruptos y la iglesia como un ente manipulador y traidor… En los casos más afortunados, tan sólo han visto las noticias por televisión o les han llegado a través de terceros. En los menos afortunados, fueron actores principales y el terror y la pérdida dejaron una marca visible en sus almas y a veces hasta en los cuerpos.
Son generaciones que fueron enseñadas a que la “malicia indígena” es algo bueno. A que el “a papaya dada, papaya partida” debe aplicarse en todo momento. Que se debe escoger el partido político que esté dominando para asegurar un puesto, sin importar valores, criterios y medios para lograrlo. A que el modo de vida ha de ser egoísta y de desconfianza absoluta, ya que todo y todos están en contra tuya y te pueden traicionar. Y hay que aprovechar cualquier descuido para tomar ventaja y olvidarse del juego limpio.
Esa es la realidad de la lucha de poderes que se ha reflejado en la educación y el modo de ser de los colombianos. Solo el fútbol es capaz de hacer olvidar esas diferencias y unificar por un momento los corazones. Pero de esta forma NO es posible construir paz alguna, ya que incluso el amado fútbol ha dejado centenares de muertos y lisiados, solo porque el color de la camiseta del prójimo era del color equivocado…
Entonces, ¿cómo se construye la paz? ¿Qué camino ha de seguir Colombia, si en verdad quiere que la paz, la VERDADERA PAZ llegue? Conozco ese camino: es difícil. Tiene muchos baches. Y los principales baches serán el orgullo propio. El egoísmo. El egocentrismo. El resentimiento. El odio. Pero el bache más difícil de todos será: la falta de interés y participación.
Lo principal es que hay que comprender que la paz no llega. Por la paz se lucha. Tan solo que la lucha debe dejar de ser entre los colombianos. Y más bien, unidos, los colombianos luchemos por la paz. No existe otra forma. Se los aseguro.
Para ello hay que, literalmente, destruir décadas (si no es centenares) de años de odios arraigados por generaciones (cosa poco fácil). Colombia debe unirse bajo un solo estandarte, en lugar de elegir cientos, para dirigirse a un mismo rumbo, en lugar de a todos lados. Aceptar que la paz es posible sólo si dejamos las disputas internas y que los intereses de la NACIÓN denominada COLOMBIA, primen sobre los intereses individuales.
Si el país se une, no habrá grupo subversivo que pueda hacerle frente. No habrá narcotráfico que pueda prosperar. Únicamente de esta forma se puede lograr una “Paz Estable y Duradera”, como pretenciosamente anunció el presidente.
Si el país se une, habrá trabajo, dinero, salud y educación, ya que los recursos dejarán de invertirse en conflictos internos, buscando fragmentar aún más la sociedad, para defender los intereses de unos pocos señores feudales modernos. Al contrario, podrán invertirse en la construcción de una nueva Colombia. Tan solo miren los autodenominados “países del primer mundo”; ellos tienen algo en común: todos sus ciudadanos luchan por los intereses de la nación en primer lugar; después por los propios.
Si tan solo esto fuera posible en Colombia…
Entonces sí tendríamos una verdadera paz.

miércoles, 31 de agosto de 2016

OPINIÓN DE HÉCTOR ABAD FACIOLINCE SOBRE EL DOCUMENTO PARA EL PLEBISCITO

Reflexión del hijo de una víctima de la violencia colombiana

Poesía y prosa de un acuerdo imperfecto

El autor de “El olvido que seremos” leyó las 297 páginas del pacto de paz entre el Gobierno colombiano y la guerrilla de las Farc y estas son sus conclusiones
El Acuerdo de Paz entre el Gobierno y las FARC tiene mucho de poesía (ilusión, alegría, esperanza), pero también mucho de prosa: habrá complicaciones, desengaños, enemigos furiosos, contragolpes… Ojalá no haya atentados ni venganzas, como ocurrió otras veces. Si la gente no ha salido masivamente a las plazas a celebrar con palomas blancas y pañuelos al viento, no es porque no esté contenta, sino porque las nuevas plazas del mundo son las redes sociales y porque Colombia ha tenido tantas desilusiones y los enemigos de la paz están tan llenos de odio, que más vale manifestar nuestra alegría con serenidad, discretamente, sin humillar con tanta felicidad a los que piensan que el país ha caído de rodillas ante el comunismo. Antes de ir a la prosa del Acuerdo, recitemos la parte poética con todo el optimismo que se merece un momento histórico tan trascendental como este.
Este Acuerdo de Paz es un sueño cumplido y una noticia maravillosa para los colombianos. Esta ilusión se había frustrado tantas veces, que ahora parece mentira y todavía no nos la creemos. Como logro político, es el mayor éxito diplomático y jurídico de un gobierno desde que tengo memoria. Su significado es histórico y su importancia social inmensa e indudable. Nuestros negociadores civiles y militares, sacrificados y eficientes, se merecen todo nuestro agradecimiento; como mínimo habrá que darles la Cruz de Boyacá por los servicios prestados al país. Y un descanso tan largo como estos años de cansancio. Los efectos benéficos de los diálogos para la disminución de la violencia común y política han sido evidentes incluso desde antes de la firma del Acuerdo: el solo hecho de sentarse a hablar en La Habana moderó el conflicto armado: hubo muchos menos civiles, soldados, policías y guerrilleros muertos. Hoy celebramos este Acuerdo, en un país que de tanto pelear se había acostumbrado a la guerra, como algo maravilloso y extraordinario, como un raro regalo de esperanza. Colombia ha sufrido tanto, hemos tenido tantas víctimas y tanto dolor, que este Acuerdo nos llena de orgullo y felicidad. El futuro, al fin, parece tener una cara distinta, una cara de dicha.
Dicho lo anterior, sin embargo, hay que entrar en la prosa del asunto. Lo primero que hay que decir es que el texto mismo del Acuerdo es lo menos bueno de todo el Acuerdo, por mucho que un mamotreto así haya sido necesario o inevitable para equilibrar tantos temores, obligaciones y para conciliar intereses opuestos. De la Calle y Jaramillo querían la cárcel para sus adversarios, pero no la temían para sí. La guerrilla no aceptaba “las mazmorras del régimen”; pretendía un premio y no un castigo por sus muertos. Se encontró un punto medio. Por eso el texto es complejo, farragoso y difícil de leer.
Para empezar, es mucho más largo que la misma Constitución. Consta de 297 páginas en letra menuda o, para ser más precisos, de 128 mil palabras, cuatro mil párrafos, 839 mil caracteres y se requieren al menos ocho horas de concentración para leerlo bien. Toda una novela, y no muy amena: pesada, repleta de formalismos y de siglas, de parágrafos, repeticiones, notas y salvedades. Hacía mucho no me fatigaba tanto leyendo. Es como leer 300 páginas de instrucciones de uso de un aparato completamente desconocido para nosotros: el mecanismo formal y legal de algo muy extraño para Colombia, la paz.
Si quitamos adverbios, artículos, preposiciones y conectores lógicos, la palabra que más se repite en el Acuerdo es precisamente la palabra “acuerdo” (1024 veces). La sigla FARC está escrita 597 veces, la palabra “gobierno” 513 y la palabra “paz” se repite 502 veces. Para encontrar en el texto una cosa palpable, no sustantivos abstractos como “derecho”, “participación” o “proceso”, hay que buscar mucho. El más frecuente es “arma” (200 veces), pero como ven todavía es un sustantivo genérico: no es un fusil, una pistola, una granada o un revólver. En general todo el texto del acuerdo está hecho de ideas, de aspiraciones, de filigranas jurídicas o de propósitos bien intencionados, pero uno nunca sabe si las grandes palabras (justicia, verdad, reconciliación, igualdad, derechos) van a encarnar en realidades concretas.
Uno descansa cuando lee algo exacto que se puede tocar con las manos: cada guerrillero raso recibirá 689 billetes de mil pesos mensuales durante dos años. Se podrá estar de acuerdo o en desacuerdo con este sueldo, pero al menos se entiende. Es mucho más fácil que descifrar parrafadas jurídicas de bostezo como “el espacio de interlocución y seguimiento para la seguridad y protección de las y los integrantes de los partidos y movimientos políticos y sociales, especialmente los que ejerzan la oposición, y el nuevo movimiento que surja del tránsito de las FARC-EP a la actividad política legal y de sus integrantes en proceso de reincorporación a la vida civil…”. Mientras uno medita en quiénes serán “las y los” integrantes de los movimientos en tránsito, le echa humo el cerebro. El Acuerdo abusa del lenguaje incluyente, tiene más incisos, límites, plazos y salvedades que la promesa de compraventa de una hacienda, y creo que en últimas se prestará para muchas controversias en las que todas las partes (según como interpreten el texto) tendrán la razón, y entraremos en una maraña jurídica sin fin para desenredar el enredo. Pero en fin, discutir por una interpretación, será algo que cae en el terreno de la política y no de la guerra.
Aun para un lector entrenado y voluntarioso, recorrer las páginas del Acuerdo es tedioso y demorado. De inmediato se nota que el documento fue redactado, corregido, revisado e intervenido por muchas manos, y que cada una de esas manos quiso introducir incisos y precisiones, excepciones, leguleyadas, minucias jurídicas y requisitos especiales. Por eso leerlo produce una especie de mareo, hasta que comprendemos que lo típico de un buen acuerdo es que no deje a nadie del todo contento. Se entiende que en un tema tan difícil, en un texto que intenta preverlo todo, haya hallazgos y soluciones originales, pero también que algo tan ambicioso y grande no puede ser perfecto: por largo y detallado que sea un escrito, la realidad es siempre más compleja, impredecible y creativa. La realidad sorprende siempre. Aunque crean que todo está en el documento, siempre habrá alguna cosa que quedó por fuera, no fue bien definida o no quedó clara, y habrá que sentarse a resolverla sin pegarse al texto del Acuerdo como si fuera la Biblia. El papel lo aguanta todo; habrá que ver hasta dónde vamos a ser capaces de hacer realidad los sueños, porque la realidad es mucho más difícil de corregir que los escritos, y casi nunca se parece a ellos.
En cuatro años de discusiones sin fin, de rabia, cansancio, disputas, desencuentros, intermediarios, reconciliaciones, etc., me imagino que era inevitable producir un documento que a veces parece un quebradero de cabeza. Las FARC, en su misma inseguridad, y por mucho que lleven medio siglo en la selva, son tan santanderistas como el resto del país. Se dice que Colombia es una de las naciones con más abogados por habitantes de la Tierra. De alguna manera el Acuerdo es un selfie de lo que somos los colombianos: un país florido y barroco, contradictorio, embelesado en una verborrea incontenible. Pero si no fuera así, tampoco habrían podido firmar nada. Para avanzar hay que ceder, así sea a costa de la brevedad y de la claridad. Aquí nadie queda contento si no consta en el acta la más pequeña ocurrencia de su propia cosecha. Si queda escrita y firmada, todos quedan felices y sienten que derrotaron al contrincante con los propios argumentos. Así que bienvenida esta explosión de palabrería, si esta sustituye la explosión de fragmentos y esquirlas de artillería. De eso se trataba, ¿no?, de reemplazar las balas (y me perdonan) por babas. Al menos estas últimas ofenden, cansan, fastidian, pero no matan.
Una vez hecha esta crítica inevitable al texto de los Acuerdos como tal, podemos volver otra vez a la poesía de lo conseguido en La Habana, a la sustancia, a su significado simbólico, y también a sus efectos concretos y reales en el nuevo país que tenemos. Desde este jueves 24 de agosto de 2016, desde el punto de vista del ánimo y de las sensaciones, Colombia es un país diferente. Dos partes que se odiaron, combatieron y mataron durante decenios, se dan la mano y resuelven que no se van a seguir matando. Los enemigos a muerte deciden dejar de ser enemigos para ser adversarios políticos sin armas. ¡Por Dios, con todas las leguleyadas farragosas que quieran, esto no es poco, esto es de verdad grandioso y nuevo! Ojalá Uribe nos hubiera dejado leer los acuerdos de Ralito; ojalá nos hubiera invitado a las víctimas a hacer las paces con los paramilitares; ojalá hubiera convocado a un plebiscito en el que yo también habría votado sí, como votaré en este.
Lo conseguido por Santos es lo que todos los gobiernos colombianos venían buscando al menos desde los tiempos de Belisario Betancur: acabar con un conflicto que no solo trajo muertos, sufrimientos, mutilaciones, huérfanos, viudas, desplazados y destrucción sin fin, sino que incluso propició la creación y la reproducción de otros males tan horribles o incluso peores que la guerrilla: los paramilitares y los mafiosos. Sin guerrilla no habría habido AUC, y sin un Estado que debía pelear en tantos frentes, los narcos, los delincuentes comunes y demás ilegales no habrían ganado tanto espacio y tanto poder destructivo en campos y ciudades, e incluso en el alma misma de la guerrilla, que muchas veces pareció podrida y sin remedio. También parte del ejército se corrompió con la guerra y se volvió aliado de criminales sanguinarios. La guerra sucia nos hizo ver todas las mentiras de una democracia que parecía falsa e hipócrita. Esta paz le permite también regenerarse a esa parte del ejército que traicionó los ideales de la justicia.
Es natural que un sueño tan antiguo despierte envidias y resentimiento. Belisario ya está curado de espantos y se va por el sí sensatamente. Pastrana y Uribe –y es muy humano– se sofocan de celos. Hay que entenderlos. Le ponen la máscara de la “impunidad”, la “traición” o el “engaño” a un sentimiento personal comprensible: Santos está logrando lo que ellos no pudieron por mucho que quisieran. Por eso intentarán aguar la fiesta el 2 de octubre. Nuestra alegría será más grande que su amargura por el éxito ajeno.
Desde hace decenios era claro que lo primero para poder encaminar a Colombia por una senda de justicia, democracia y desarrollo era acabar con esa anomalía del conflicto armado interno. El pueblo le dio un mandato a Uribe para destruir a la guerrilla, y él avanzó en ese propósito, pero no logró aniquilarla y al final de su segundo mandato las posibilidades de derrota total se estancaron. Era el momento de un cambio estratégico con una guerrilla debilitada, y Juan Manuel Santos, como un gran estadista, olió la ocasión perfecta. El segundo mandato que el pueblo le dio a Santos fue tan claro como el que antes le había dado a Uribe: ¡Consiga la paz con las FARC! Y acaba de lograrlo. Es un éxito inmenso, apabullante. Y un éxito tan grande que, si es sensato, deberá asumir con humildad e inteligencia. A veces ganar puede incluso ser más difícil que perder, y aquí el gobierno ganó por goleada. Ahora le toca administrar generosamente la victoria. Aun con el Premio Nobel, que seguramente le será concedido, Juan Manuel Santos tendrá que ser muy humilde y muy sabio en este triunfo histórico para poder dejarle al próximo gobierno –ojalá con un presidente amigo de la paz– un escenario de posconflicto ya trazado, una senda tranquila de reconciliación en que se empiece a implementar un texto muy ambicioso y complejo, y no un camino de escollos, un embrollo de peleas, polarización y violencia física o verbal. Ahora, al empezar la dura fase que llega siempre tras un armisticio, el presidente necesitará más que nunca serenidad, seriedad y humildad para afrontar las dificultades políticas, sociales y económicas que vendrán.
El tribunal especial para la paz y las comisiones de verdad servirán para saber verdades incómodas, pero no deben usarse para reabrir heridas, sino para sanarlas y seguir adelante. Colombia ha sido capaz de sobrevivir sin disolverse a medio siglo de violencia y dolor en todas partes, sobre todo en el campo. Si con semejante violencia, con cilindros bombas, minas antipersona, voladuras de torres, oleoductos y puentes, secuestros, desaparecidos y motosierras, el país ha podido avanzar lentamente, ahora que vamos a vivir en un escenario más pacífico y estable, podemos empezar a soñar de verdad con una democracia plena, menos injusta, más igualitaria e incluyente. Los más entusiastas con estos Acuerdos somos las víctimas, pues nuestra mayor aspiración es que nuestros hijos y nietos vivan en un país mucho mejor que el que padecimos. Después del sí a los acuerdos en el plebiscito, que ojalá los pacíficos ganemos por una mayoría feliz y abrumadora, nos corresponde a todos trabajar por ese país posible, por ese gran país soñado, que el conflicto y la violencia nos negaron desde el nacimiento.
*En el libro “El olvido que seremos” se cuenta la historia de vida del médico y líder de derechos humanos Héctor Abad Gómez, muerto a manos de paramilitares el 25 de agosto de 1987, y se retrata a una generación de pensadores de izquierda asesinada en la década de los 80.
PUBLICADO EN EL PERIÓDICO EL ESPECTADOR

sábado, 25 de junio de 2016

URIBE SE RETIRA DE MISA PARA NO DAR SALUDO DE LA PAZ


El insólito hecho tuvo lugar en la parroquia de San Judas en inmediaciones de Rionegro, Antioquia. El expresidente Álvaro Uribe asistía, como todos los domingos, a la misa del mediodía en compañía de su familia y un selecto grupo de 200 de sus escoltas.
Se le veía muy atento al evangelio y al posterior sermón del sacerdote pero sorprendió a su séquito cuando llegó la hora de dar el saludo de la paz, momento en el que se retiró sin mediar palabra. Acto seguido escribió en su cuenta de Twitter: “Gbno Santos presiona a la Iglesia con gravarla de impuestos si no apoya proceso con narcoguerrilla. No saludo esa paz” y adjuntó una foto de la catedral de Notre Dame.

Luego del bochornoso incidente, el expresidente volvió a la pequeña iglesia del nororiente antioqueño y recibió la comunión de manos del párroco. Minutos después de nuevo trinó: “Recibo la comunión porque soy hombre probo. No me dejo enmermelar por castrochavistas” y luego explicó en 83 trinos por qué se había negado a recibir el saludo de la paz.
El pintoresco evento causó revuelo en redes sociales  en donde los usuarios se manifestaron en contra y a favor del expresidente. De los muchos tuits al respecto, destacamos este de un reconocido columnista: “El presidente Uribe comulga luego de negar el saludo de paz. No comulgo con eso”.
Tomado de Actualidad Panamericana

domingo, 7 de febrero de 2016

EL AVION DE SANTOS

Por Daniel Samper Ospina en REVISTA SEMANA
No se lo voy a negar a nadie: descansé cuando el ex presidente Uribe no aceptó la invitación para viajar con Santos a la celebración de los 15 años del Plan Colombia en la Casa Blanca. Imaginaba la escena en el aeropuerto militar de Catam y me llenaba de ansiedad. Uribe llegaría con Pachito Santos.
–Pero si la invitación era para usted solo, doctor Uribe –le reclamaría Santos.
–¿Y no dizque uno podía traer una maleta? –reviraría Uribe.
Pachito, efectivamente, terminaría viajando en la bodega: su condición de carga para el uribismo lo habilitaría para ocupar tal compartimento. Y Uribe amagaría con ingresar al avión, pero instantes antes señalaría otra nave:
–Presidente Santos, ándate vos en ese helicóptero, y nos vemos allá…
¿Cómo podía ser un vuelo de seis horas en que Uribe y Santos comparten avión? ¿Pelearían a grito herido ante el primer conflicto?
–Quitá el brazo de mi apoyabrazos!
–El suyo es el de la derecha, señor Uribe.
–Y el de vos el de la ultraizquierda, traidor…
–Traidor usted, ¡rufián de barrio!
–Parate a ver, canalla, castrochavista…
–No puedo, porque me estoy apretando el cinturón.
Posteriormente, se echarían en cara la paternidad del escándalo de Reficar, asunto que, según Santos, comenzó en el gobierno anterior. Y razón no le falta. La verdad es que el gobierno de Uribe produjo unos engendros lamentables: para empezar, la propia presidencia de Santos.
Con todo, era preferible la pelea de los ex mandatarios a que se reconciliaran en pleno vuelo y terminaran saludándose con cariño:
–Hola, Juan Manuel: pareces una quinceañera.
Porque, en tal caso, ya no habría motivos para apoyar a Santos. Siempre lo diré: Uribe es el primer responsable de que no pueda ejercer mi antisantismo a plenitud. En el preciso momento en que aclaro la garganta para hablar del gobierno perverso del presidente, surge un grito guerrerista de Uribe que me obliga a situarme en la misma orilla, si no de Santos, al menos de su proceso de paz. Porque nadie podrá quitarle al presidente que delineó un proceso de paz sólido. Son las ventajas de saber utilizar el delineador.
El hecho es que Uribe no viajó, para fortuna de todos: no se sumó a la formidable celebración del Plan Colombia en la que Santos tiró la casa por la ventana. Llevó dos aviones: dos. El primero era una nave de carga acondicionada para invitados especiales, en la que cabía un coctel entero: viajaron empresarios, políticos, ex generales acompañados por sus familias. El avión casi hace escala en Cartagena para recoger a medio Hay Festival. Pudo haber ido hasta Pum Pum Espinosa: ¡hasta la Chiqui Echavarría!
Eso en cuanto al primer avión; el segundo era lo que un periodista llamaba “el focker del presidente”, frase que rechazo de entrada porque no es manera de llamar a un mandatario, tenga las credenciales eróticas que tenga.
En esas dos naves, pues, la comitiva se desplazó a Estados Unidos con la misma velocidad con que los campesinos se desplazaban durante el Plan Colombia, y por un momento tuve la felicidad secreta de no hacer parte del paseo, sin querer decir con esto que no me habría encantado codearme con el general Serrano y su hijo Franz y estrechar la mano de los senadores gringos que nos salvaron de nosotros mismos desinteresadamente, muy queridos. Pero imaginaba a Telésforo Pedraza bailando al compás del grupo Delirio, por ejemplo, y me resultaba liberador no ser testigo presencial de la escena.
A medida que pasaban las notas de prensa, sin embargo, reconocí que me estaba dando consuelo. ¿A quién quiero engañar?, me dije: ¡habría dado la vida por estar en la cochada de los buenos, de los que salvaron el país! Inundar las selvas de glifosato; ser sobrino de Pastrana y no de mi tío Ernesto, por ejemplo, quien, dicho sea de paso, no clasificó al paseo porque dejó vencer la visa. Ahora organiza un encuentro de desagravio con los hijos de Barco y Belisario. Lo llamará ‘El Plan Barichara’, porque, por consideración con el líder conservador, lo harán allá.
A la Casa Blanca, en cambio, viajaron los que redimieron a la patria, aunque, por desgracia, no juntos. Pastrana no se quiso montar en el chárter presidencial, e hizo bien, porque seguramente Santos lo habría mandado en clase económica, mientras él se acomodaba plácidamente en clase ejecutiva: Santos, finalmente, es un traidor de clase. Además, lo habría sentado al lado de una silla vacía, para que recordara viejas épocas, y le pondría conversación:
–Andrés, hombre, ¿por qué no le gusta mi proceso de paz?
–Porque uno no negocia con bandidos: máximo los nombra en la Secretaría General.
–Pero usted negoció con las Farc…
–Porque en mi época eran buenos.
–¿No será envidia?
–No señor: usted se recuerda que mi proceso de paz sí fue serio, o si no pregúntele a Marbelle: llevamos a Jorge Barón, a Gali Galiano. La gente estaba feliz. En cambio en este ni siquiera hay despejes.

La jornada, en todo caso, terminó de manera feliz. Hubo desayunos, bailes y discursos memorables. Tristemente, Pastrana y Santos no limaron asperezas. Y Uribe sigue bravo. Pero siempre queda la opción de que hagan las paces en otra cumbre. Quizás en los 15 años del Plan Barichara.