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jueves, 3 de enero de 2019

LOS HISTORIADORES ESPERAN QUE EL PRESIDENTE DUQUE CORRIJA SU ERROR




El 2019 es el año en el que el país celebrará el bicentenario de la independencia de Colombia. Eso lo recordó el presidente de la República, Iván Duque, en su cita en Cartagena con el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo. El primer mandatario aseguró que “hace 200 años el apoyo de los padres fundadores de los Estados Unidos a nuestra independencia fue crucial, por lo que recibir hoy su visita (en referencia a Pompeo) nos llena de alegría y de honor”.
La Presidencia publicó ese trino en el perfil del primer mandatario y desde ese instante la afirmación comenzó levantar una oleada de críticas. Semana Educación habló con el historiador Arnovy Fajardo, profesor de la Universidad Externado de Colombia. El docente aseguró que es imposible que personajes como Benjamin Franklin, Thomas Jefferson, Alexander Hamilton y George Washington apoyaran un proceso de independencia de Colombia, cuando muchos ya habían muerto y otros estaban retirados de la vida pública por su avanzada edad.
SEMANA: ¿Es cierto o no que los próceres de la independencia de Estados Unidos apoyaron la independencia de Colombia?
Arnovy Fajardo: No es cierto. El error del discurso del presidente Iván Duque está en afirmar que los personajes que crearon Estados Unidos hacia 1783 participaron en nuestra independencia, que ocurrió casi 30 años después. Los hombres del siglo XVIII como Benjamin Franklin, Thomas Jefferson, Alexander Hamilton y George Washington, no tenían manera de participar en algo que ocurrió varias décadas después con personajes como Bolívar, Nariño, Santander, Miranda, entre otros. Sin embargo, lo que sí hubo fue influencias ideológicas por parte de algunos pensadores y próceres norteamericanos, aunque no las únicas, porque otros países también los influenciaron.
SEMANA: ¿Cuáles fueron esas ideas que influenciaron a los próceres de la independencia de Colombia?
A.F.: En el caso de los líderes de la independencia de Estados Unidos, la principal idea que atrajo a muchos los próceres colombianos fue crear un país federal bajo un modelo republicano. Históricamente se conocía que la única federación que había funcionado en la antigüedad era Roma. Pero, al conocer que Estados Unidos se conformó como un país independiente, bajo un gobierno republicano y bajo un modelo de federación de los territorios fue muy atractivo aquí, porque si lo habían logrado en un país grande como ese, en Colombia podría ser viable.
SEMANA: Si Estados Unidos no apoyó el proceso de independencia de Colombia ¿Qué países sí lo hicieron?
A.F.: Personajes como Miranda y Nariño pensaron en Inglaterra, un país del que esperaban una declaración de guerra abierta contra España. Pero nunca lograron obtener ese apoyo de manera oficial, porque en esta época Inglaterra estaba aliada con España para luchar contra Napoléon. Sin embargo, se conocen casos de soldados irlandeses e ingleses que llegaron a los Llanos de Venezuela para apoyar el proceso de independencia. También se buscó apoyo comercial de Inglaterra que se dio de manera no oficial. Francia también jugó un papel muy importante. Por ejemplo, en 1822, por vía de Francisco Antonio Zea salió una guia de Colombia en la cual se describe al país y se cuenta cómo fue el proceso de independencia. De esa forma no solo buscaron reconocimiento diplomático, sino también de establecer nexos comerciales e incluso atraer migración europea. Y se conoce que también se obtuvo un importante apoyo de Haití, apoyo que estaba relacionado con la abolición de la esclavitud.
SEMANA: ¿Qué significa para usted como historiador la afirmación del presidente Duque?
A.F.: Lo que refleja el error del presidente son las deficiencias de la enseñanza de las Ciencias Sociales en nuestro país. Todo, porque hace más de 20 años se decidió conjugar la enseñanza de la Historia con materias como Geografía y Valores cívicos. Lo cual ha causado que los docentes tengan poco tiempo para enseñar de manera concienzuda tanto la historia como la geografía del país. Eso lleva a que los jóvenes se queden con cierta información superficial. Es una lástima, porque hay buenos profesores que tienen una actitud crítica y que hacen bien su trabajo, pero a veces los planes curriculares diseñados no responden a estos discursos críticos.
"Lo que refleja el error del presidente son las deficiencias de la enseñanza de las Ciencias Sociales en nuestro país".
SEMANA: Hasta el momento el mandatario no ha eliminado esta afirmación de su cuenta de Twitter y tampoco se ha pronunciado sobre el tema…
A.F.: Los historiadores esperamos que el presidente salga a desmentir esa afirmación porque pierde credibilidad como mandatario. Además, se ve muy mal que celebremos el bicentenario de la Batalla de Boyacá y de la independencia de Colombia sin reconocer tremendo error histórico. Es imperdonable que el presidente no sea capaz de asumir que cometió un error y que no lo corrija.
REVISTA SEMANA

viernes, 16 de noviembre de 2018

ASÍ REGISTRA LA PRENSA INTERNACIONAL LAS MUERTES DE PIZANO Y SU HIJO



La prensa del mundo ha registrado con asombro lo que pasa en este momento en Colombia. Las pruebas sobre el caso Odebrecht que dejó Jorge Enrique Pizano antes de morir. La conversación que sostuvo en 2015 con Néstor Humberto Martínez sobre las irregularidades de los contratos de Odebrecht. La muerte de su hijo Alejandro Pizano por envenenamiento con cianuro y que ponen en duda las razones de la muerte de su propio padre, en momentos en los que se investiga si sufrió un infarto fulminante como en principio se dijo. Todo eso, no sólo han captado la atención de los medios nacionales, sino que tienen a la prensa del mundo pegada de cada suceso.
El diario brasilero Folha de S.Paulo cubrió la noticia pues, como se sabe, el caso Odebrecht logró mover los cimientos más firmes del empresariado y de la política carioca. En una nota titulada “Muertes misteriosas marcan caso de corrupción de Odebrecht en Colombia”, se dice: “Dos decesos en los últimos días escandalizaron a la opinión pública y otra vez arrojaron luz sobre las investigaciones sobre el escándalo Odebrecht en Colombia, donde el contratista brasileño habría pagado sobornos…”. En la nota se habla de Jorge Enrique Pizano como testigo clave para la Fiscalía y se señala como un misterio su muerte y la de su hijo.
Por su parte, Bloomberg reseñó el caso haciendo un largo recuento, el artículo empieza así: “Cuando apareció en la televisión colombiana el lunes por la noche, Jorge Enrique Pizano estaba muerto. Había pregrabado la entrevista, dijo a la cámara, porque como controller que había marcado los pagos sospechosos en un gran proyecto de infraestructura, fue objeto de un complot. Después de que Pizano muriera de lo que se suponía que era un ataque al corazón, su hijo Alejandro Pizano Ponce de León llegó de España. En la casa de la familia en las afueras de Bogotá, donde ocurrió la muerte, Alejandro tomó un sorbo de una botella de agua en el escritorio de su padre, se enfermó violentamente y murió de camino al hospital. La causa: envenenamiento por cianuro”.
Desde el mismo titular, Bloomberg usa la palabra anglosajona “bizarre” para nombrar el caso, palabra que se puede traducir como algo “sumamente extraño”; además enlazan las muertes con el accidente automovilístico que sufrió en Chile la fiscal del caso, Amparo Cerón, y que la dejó en coma para recuperar el conocimiento semanas después.
Bloomberg asegura que Pizano tenía planeado liberar más información del caso después de abandonar Colombia y que, incluso, había planeado tener una reunión con sus periodistas. “El extraño giro de los acontecimientos agrega preguntas a un caso que se ha convertido en un dolor de cabeza prolongado para Grupo Aval, un conglomerado financiero que posee varios de los bancos más grandes de Colombia y está controlado por Luis Carlos Sarmiento, de 85 años, cuyo valor neto estimado de $ 11.1 mil millones lo hace latino La sexta persona más rica de Estados Unidos. Su filial Corficolombiana tenía una participación del 33 por ciento en el proyecto Ruta del Sol II”.
The Washington Post tituló su nota publicada este miércoles como “Nuevos alegatos de que el fiscal colombiano encubrió sobornos” y empieza explicando las repercusiones que tienen las grabaciones que dejó Pizano “desde más allá de la tumba”. El artículo explica la relación de Néstor Humberto Martínez con el grupo aval y como, después de conocer la contratación ilegal que hubo en el caso Odebrecth, terminó nombre como Fiscal General.
En su artículo, el periódico estadounidense recoge: “El sindicato que representa a miles de trabajadores judiciales pidió el martes la renuncia de Martínez, diciendo que su aparente fracaso en denunciar la corrupción que aprendió en su práctica legal socava su credibilidad como el abanderado de las luchas de los colombianos por la justicia”.
El periódico El País de España no dudó en reseñar la noticia: “La investigación del caso Odebrecht en Colombia se asoma al abismo de una red criminal que va más allá de los sobornos pagados por la constructora brasileña a cambio de concesiones. La muerte fulminante de un testigo clave y, al cabo de tres días, la de su hijo, envenenado, ensombrecen las indagaciones de un escándalo que se remonta a la financiación de las campañas presidenciales de 2010 y 2014”.
El caso Odebrecht Colombia, aunque ha tenido más de ochenta capturados, aún parece inconcluso. Las acusaciones que dejó Jorge Enrique Pizano para después de su muerte, arrojan luces sobre un caso que no está cerrado y que ahora tiene los ojos del mundo encima. 
Tomado de revista SEMANA

lunes, 12 de noviembre de 2018

HISTÓRICA Y PREOCUPANTE ALZA DE COMBUSTIBLES



La navidad de los colombianos este año no tiene cara de ser la más amable, la posibilidad de que el 80 por ciento de los productos de la canasta familiar sea gravado con IVA  y el aumento en los precios de la gasolina y el ACPM, a partir de hoy 11 de noviembre, vaticinan una fuerte apretada de cinturón porque una vez aumenta el precio de los combustibles los precios de todo lo demás ascienden vertiginosamente.
Para Bogotá el valor que se fijó es de $9.462 el galón de gasolina, $98 pesos más con respecto al mes de octubre y de $8.916 para el ACPM, con un aumento de $94 frente al mes anterior. El promedio del alza en la gasolina en las 13 principales ciudades del país es de $95 pesos frente al mes pasado y del ACPM el promedio nacional es de $90 pesos. Desde hace tres meses el precio de los combustibles ha subido cada 30 días, los expertos aseguran que es un alza ‘histórica’.
En Villavicencio la gasolina tiene el precio más alto con  $9660 pesos y Pasto la más barata con un valor de $7199. Si se tiene en cuenta que buena parte de la carga se mueve por la vía al llano, las consecuencias se reflejarán en el aumento de precio en todos los productos de consumo.
Los transportadores reunidos en Fedetranscarga ya pusieron el grito en el cielo y señalaron que la medida implica un incremento del valor de los fletes en 35 por ciento en costos de operación y reclamaron por el incremento acumulado en el precio del galón en lo que va corrido del año y ya está por encima de 730 pesos y por eso están pidiendo que se extiendan los períodos de ajuste en la fijación del nuevo precio.
La Federación de transportadores sostiene que en 2018 “se ha generado una descompensación de la carga, debido al déficit de la balanza comercial por el aumento de las importaciones y la disminución de las exportaciones.”
Y si eso les pasa a los grandes del transporte, para el ciudadano de a pie las cosas no son mejores, su desbalance se concentra también en que con los mismos bajos ingresos tienen que costear el alza de la gasolina, el ACPM, los comestibles, vestuario, vivienda, educación, impuestos, transporte y de recreación ni hablar, si acaso salir a un parque, pero eso si sin posibilidad de comprar crispetas o conos de helado para los niños.
Los grandes del transporte están solicitando mesa de diálogo con el gobierno para revisar la fórmula que fija los precios, teniendo en cuenta los costos de producción, mezcla y tasas impositivas y es probable que les digan que sí, que se sentarán con ellos, pero de poco servirá porque  la medida se veía venir y es irreversible.
Aun cuando el precio del crudo bajó y el barril se cotiza en U$70 dólares, el mismo precio de comienzos de año, la gasolina está subiendo, yendo en contravía de lo que fue siempre una constante en el sentido de que cuando el crudo subía, el combustible también,pero las cosas cambiaron.  Es de suponer que el déficit del país es tan grave que nos va a tocar asumirlo a todos los colombianos, y no solo a los de clase media, que está a punto de colapsar ante la perspectiva de que la carga del IVA le haga la vida cada vez más difícil.
La justificación de que no habrá más impuestos para los grandes capitales a fin de que creen más empleos ojalá se cumpla y no se sigan cerrando más empresas con el consecuente aumento del desempleo y no terminen  las familias de clase media las que carguen con toda la carga.

Tomado de KIENYKE

lunes, 27 de agosto de 2018

LA CORRUPTORA DE CARTAGENA



Bronceada, voluptuosa, de pelo negro hasta la cadera, el abdomen marcado, diseño de sonrisa y senos de infarto. Así es Liliana del Carmen Campos Puello, una cartagenera de 42 años que tiene dos hijos y una nieta, y que bien podría pasar por una ‘cuchibarbie’ común y corriente. Sin embargo, ya no puede pavonear sus cirugías plásticas por la Heroica. Hace unos días, en
un gigantesco operativo contra la trata de personas y la prostitución infantil, las autoridades la capturaron por ser la presunta cabeza de la red de proxenetismo más grande de Cartagena. ‘la Madame’, ‘la Cuchibarbie’, ‘Vara de Caballo’, ‘la Ronca’... tiene muchos alias, muchas curvas y muchos líos con la ley.
Liliana Campos creció en el barrio popular Blas de Lezo, en el suroccidente de la capital de Bolívar, como la segunda de cuatro hermanos en el seno de una familia de origen humilde. Bonita y alta desde sus días de colegiala en la Institución Educativa Lourdes, ubicada en el Pie de la Popa, sus amigos le decían que tenía porte de modelo, algo que no dejó de aprovechar.
En los años noventa, en busca del sueño americano, entró indocumentada a Estados Unidos por la frontera mexicana, con el pelo tinturado de fucsia y ansias de dinero. Cuando volvió a Colombia había subido de estrato. Según investigaciones de las autoridades, se pasó a vivir al barrio El Recreo de su ciudad natal y empezó a reclutar jovencitas de sus antiguas barriadas, a quienes les enseñaba cómo interactuar con sus clientes, turistas nacionales y extranjeros en fiestas sexuales y orgías colmadas de alcohol y drogas.
En un punto, a los vecinos les pareció raro que tantas niñas llegaran a buscarla, así que cuando vio que levantaba sospechas decidió mudarse al exclusivo barrio Castillogrande, cerca de la zona turística, donde montó una agencia de modelaje como fachada. Así le era más fácil no generar suspicacias y comenzar a erigir su imperio sexual.
Según la Fiscalía, con presuntos nexos con hoteleros, extranjeros y miembros de las autoridades colombianas, ‘la Madame‘ lideraba “un corredor sexual” en las playas cartageneras y en las islas de Cholón y Playa Blanca. Supuestamente, tenía un grupo de WhatsApp llamado ‘Eventos Cartagena y eventos internacionales’, desde donde coordinaba los servicios, los horarios, las rutinas y, además, distribuía un “catálogo” en el que exhibía a sus “empleadas”, algunas de ellas entre los 14 y los 17 años. Cobraba unos tres millones de pesos por cada una, siempre con comisiones astronómicas: dos millones para ella, uno para la joven.
A ‘la Madame’ le encantaba ‘chicanear’ en redes sociales. En una de las fotos, que hoy hacen parte del acervo probatorio en su contra, posa sonriente mientras sostiene en las manos varios cientos de dólares junto a gruesos fajos de billetes de 50.000 pesos y carteras de marca. Champaña, yates de lujo y paisajes paradisíacos enmarcaban sus publicaciones, generalmente rodeada de mujeres jóvenes con nalgas de acero y bikinis diminutos. “Enseñando a las empleadas”, como le gustaba titular sus videos, era una de sus formas de promocionarse, siempre con poca ropa y mucho reguetón.
Cuando las bacanales no tenían lugar en yates, los hombres recogían a las jóvenes en la emblemática Plaza de los Coches o en la Torre del Reloj, en el Centro Histórico, en pleno corazón turístico de Cartagena. Luego, salían hacia hostales u hoteles cercanos que también estarían implicados en el llamado “cartel del sexo”. Los administradores se hacían los de la vista gorda y permitían que los hombres ingresaran sin registro oficial hotelero y ocuparan habitaciones de manera clandestina.
Pero los servicios no se quedaban en la Heroica. Al parecer, ‘la Madame’ tenía tantos contactos que sus servicios eran transnacionales. Conseguía visas y pasaportes para sacar a las jóvenes del país, especialmente a las Bahamas y Miami. Les entregaba dólares para su manutención los primeros días y, una vez allá, les retenía los documentos hasta el día que regresaban.
Para desenmarañar la red de prostitución, las autoridades desplegaron una operación con agentes encubiertos, cámaras escondidas y rastreos telefónicos. Pero fue solo hasta finales de julio que lograron conseguir las pruebas suficientes para dar el golpe. Un agente encubierto siguió a ‘la Madame’ hasta un centro comercial en el que se reunió con un grupo de turistas. Tras enseñarles el “catálogo” para su bacanal isleña, dejó todo coordinado, se montó en un carro lujoso, como acostumbraba, y volvió a su casa.
Al día siguiente fue capturada. Liliana del Carmen Campos se bajó de la patrulla de Policía llorando, sin maquillaje, en pinta dominguera, de sudadera y tenis blancos. Dos funcionarios de la Dijín la custodiaron hasta el Centro de Servicios Judiciales en la plaza Benkos Biohó del centro de Cartagena. Luego, al borde de un ataque de nervios, se presentó ante la jueza segunda penal de garantías, quien determinó que la diligencia sería a puerta cerrada, sin permitir el acceso a los medios de comunicación. La Fiscalía le imputó los cargos de trata de personas, concierto para delinquir e inducción a la prostitución, los cuales no aceptó. Por si fuera poco, ‘La Madame’ tiene antecedentes por tráfico de heroína y por ingreso y permanencia irregular en Estados Unidos. La pena podrían llegar a 23 años de cárcel.
Lo cierto es que la Operación Vesta I, coordinada entre la Policía Nacional, la Fiscalía, Migración Colombia y la agencia de cooperación internacional Homeland Security Investigations de Estados Unidos (ICE/HIS), no dejó títere con cabeza. Las autoridades desmantelaron cuatro redes de prostitución, en las que explotaban sexualmente a cerca de 250 menores de edad. Algunas de ellas son venezolanas que, huyendo de la crisis humanitaria de su país, llegaron a Cartagena para ganar en pesos. Las autoridades migratorias afirmaron que estas jóvenes no serán deportadas sino que las atenderá el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar.
Con 13 allanamientos, la Policía capturó a 18 personas y realizó diligencia de seguimiento a cinco hoteles de la ciudad. Entre estos está la Casa Benjamín, en el barrio El Laguito, que sería propiedad del israelí Assi Moosh Ben Mush. Mush fue expulsado de Colombia el año pasado, luego de atemorizar por meses a la población de Taganga con sus escabrosas redes de turismo sexual y sus bacanales que podían durar varios días. Hoy es buscado con circular azul de la Interpol, así como el argentino Marcos Gabriel Franco, el alemán Thomas Daniel Dominique y los estadounidenses Michael Finale y Griffith Terán, supuestamente cabecillas de la red criminal de prostitución y que deberán responder por el delito de abuso sexual a menores de 14 años.
Además, entre los capturados están Javier Tovar y Naymiro Cabarca, dos integrantes de la Policía que supuestamente exigían dinero para no capturar a los turistas que pagaban por servicios sexuales. En uno de los casos más escandalosos, está el capitán de Infantería de Marina de 35 años Raúl Danilo Romero Pabón, quien ya fue destituido de la Armada y que, al parecer, era uno de los clientes más asiduos.
Romero Pabón aceptó los cargos de concierto para delinquir, estímulo a la prostitución a menores de edad, demanda y explotación sexual comercial de persona menor de 18 años y utilización de medios de comunicación para facilitar explotación sexual comercial de menores, por los que tiene medida de aseguramiento. Como un depredador sexual, andaba en moto por los extramuros en busca de jovencitas o las contactaba por redes sociales para abusarlas. Luego compraba su silencio para mantener la imagen de militar intachable. Pero definitivamente lo más aberrante es que, como si el trauma no fuera ya imborrable, les hacía tatuar sus iniciales o, a veces, su nombre grande y en letra cursiva. Las marcaba.
Señoras de barrios exclusivos, turistas extranjeros, criminales perseguidos por la Interpol y funcionarios públicos corruptos. Este no es el primer escándalo de turismo y explotación sexual en Cartagena, pero definitivamente es, hasta el momento, el más grande.
Publicado en SOHO


martes, 26 de junio de 2018

LA CIA YA CONOCE LA FECHA DEL PRÓXIMO COLAPSO DE LA ECONOMÍA MUNDIAL





No olvides esta fecha: 2 de Septiembre de 2018.
Ese día iniciará la época más oscura en la historia económica mundial, según una de las mentes más brillantes de la Comunidad de Inteligencia Internacional.
El ex asesor de amenazas financieras de la CIA, Jim Rickards, ha advertido que “se está agotando el tiempo para protegerse de un colapso financiero que borrará del mapa millones de puestos de trabajo, fondos de retiro y créditos hipotecarios”…
Colombia podría ser el principal afectado de esta caída junto con otros países de la región.
“Cada 40 años aproximadamente se produce una caída del sistema monetario mundial. La última vez que esto ocurrió fue en 1971, por lo que ya llevamos 6 años de retraso”, explicó.
Pero para Jim Rickards esto no es necesariamente una mala noticia: “Como en todas las crisis habrá ganadores y perdedores. Lo que de verdad importa es posicionarse en el lado de los que ganan dinero”, afirmó.
En su libro “La Gran Caída: Cómo hacer crecer su riqueza durante el colapso que se aproxima”, Rickards revela paso a paso cómo se desencadenará la nueva crisis mundial, cuáles son las divisas que perderán todo su valor y cómo ganar dinero en este escenario.
Y comparte el Plan de Supervivencia que diseñó Rickards para proteger tu patrimonio a partir de hoy.
Este libro se ha convertido en un best-seller a nivel mundial (tanto que ha sido traducido en 8 idiomas).
Y por la gravedad del asunto, la editorial ha accedido por el día de hoy a permitir su descarga on-line.
Nadie conoce el sistema monetario como Jim Rickards
Antes de publicar La Gran Caída, Rickards protagonizó algunos de los eventos más importantes de los últimos 30 años.
A principios de los ‘80 contribuyó a las negociaciones que pusieron fin a la crisis de los rehenes en Irán.
A finales de la década del 90, la Reserva Federal lo convocó para prevenir un derrumbe de 1.25 trillones de dólares durante el colapso de Long Term Capital Management.
Y, tras los ataques del 11 de septiembre, la CIA le encomendó la tarea de rastrear operaciones financieras con posible originen terrorista.
Actualmente trabaja como Editor de Agora Publicaciones desde donde anticipó el Brexit y el triunfo de Trump en las elecciones varias semanas antes de que ocurrieran.
La pregunta que nos deberíamos estar haciendo ahora es: ¿Y si Rickards tiene razón nuevamente?
Si así fuera, la única manera de estar protegido es leyendo su libro..

La mayoría conoce a Jim Rickards por ser el autor que ha estado dos veces en la lista de best-sellersdel New York Times. Sus libros han sido traducidos a 8 idiomas recibiendo excelentes críticas del Financial Times y Bloomberg entre otros medios especializados.
También es conocido como el experto en Guerras Financieras que aparece en televisión. Ya que es invitado frecuentemente por Fox, CNN, CNBC y Bloomberg TV entre otros.
Pero su fama, en realidad, se la forjó en los 35 años que trabajó con éxito en Wall Street, en donde tuvo un rol decisivo en los eventos económicos más importantes de los últimos años.
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ARTICULO TOMADO DE LA RED

miércoles, 29 de noviembre de 2017

LA MASACRE DE LAS BANANERAS SÍ EXISTIÓ: LA DEMOLEDORA RESPUESTA DE UNA HISTORIADORA A MARÍA FERNANDA CABAL


La representante a la Cámara María Fernanda Cabal sorprendió este martes con una declaración que dejó boquiabierto a más de un historiador y estudioso de los orígenes de la violencia en Colombia. En el programa de Vicky Dávila, de La W Radio, la congresista uribista dijo que la masacre de las bananeras, ocurrida en los años veinte en Colombia, era un mito histórico de la "narrativa comunista".
"[...] Gabriel García Márquez crea el mito de los 3.000 trabajadores asesinados; no los consigue usted ni recogidos de las poblaciones vecinas para que vayan y trabajen. Eso no es cierto”, dijo Cabal.
La historiadora Leidy J. Torres Cendales escribió para SEMANA este texto sustentado con datos y telegramas de la época, en el que deja entrever que lo de Cabal no es más que una distorsión de la realidad con fines políticos en tiempos de la posverdad. Este es el escrito:
La Masacre de las bananeras de 1928 es uno de los hechos históricos más recordados por los colombianos. En su momento fue reivindicada por el movimiento obrero y por Jorge Eliécer Gaitán, pero quien lograría generalizar el conocimiento del suceso fue Gabriel García Márquez. En Cien Años de Soledad, el Nóbel puso en la boca de José Arcadio Buendía la polémica cifra de muertos que ha mantenido vivo el debate: “debían ser como tres mil”. Hoy, nuevamente, ese número y la existencia misma de la masacre son objeto de discusión por las declaraciones de la congresista María Fernanda Cabal. No obstante, habría que recordarle que dicha controversia es vieja y ha sido ampliamente desarrollada por los historiadores profesionales.
© Semana La masacre de las bananeras sí existió: la demoledora respuesta de una historiadora a María Fernanda Cabal
Ya en 1998, cuando se cumplían 70 años de los sucesos, Eduardo Posada
Carbó sugirió que la cifra de García Márquez era imprecisa y que la ficción literaria había calado demasiado hondo entre los historiadores. A partir de allí, algunos de ellos empezaron a escudriñar en periódicos colombianos como El Espectador y El Tiempo, pero sobre todo en fuentes extranjeras como el New York Times y los National Archives of Washington, buscando una visión más sopesada y alejada de la “narrativa comunista”, como la llama Cabal. A partir de dichos datos, los historiadores han concluido que, efectivamente, detrás de las cifras de la masacre hay una enorme indefinición. No obstante, de falta de certezas en los números a negar la masacre hay un largo trecho.
No es cierto, como dice la congresista, que 3 mil fuera un número exagerado de trabajadores para la zona bananera. Desconoce Cabal la importancia económica del cultivo de banano de las primeras décadas del siglo XX, las dimensiones de la migración de campesinos hacia las plantaciones y las cifras que el mismo New York Times registra el 26 de noviembre de 1928, cuando establece la cantidad de huelguistas en 12 mil.
La representante a la Cámara se queda también con la versión oficial, publicada en El Tiempo el 6 de diciembre de 1928, según la cual los huelguistas abandonaron la vía pacífica y optaron por vías de hecho, “forzando” al ejército a intervenir. Ignora, de nuevo, la congresista Cabal, que el mismo Jefe Civil y militar de la Provincia de Santa Marta, el General Carlos Cortés Vargas, enviado por el presidente Miguel Abadía a lidiar con el conflicto, señalaba apenas un día antes de la masacre que “la organización de los huelguistas era sorprendente” y “aunque armados de machetes ni huyen ni atacan, pero rodean las tropas con la esperanza de que los oficiales simpaticen con ellos”. De hecho, el mismo periódico El Espectador titulaba el 10 de diciembre que Cortés Vargas había descargado “sobre una multitud obrera inerme y pacífica”.
La masacre de las bananeras sí existió: la demoledora respuesta de una historiadora a María Fernanda Cabal
Finalmente, frente a la cifra de muertos, debemos recordar como el mismo
general Carlos Cortés Vargas reconoció en sus memorias la existencia de 9 muertos. Si 9 personas asesinadas no le parecen suficientes a la Senadora para aceptar que lo ocurrido en Ciénaga fue una masacre, tendremos entonces que recurrir nuevamente a Washington. El Embajador norteamericano en Colombia para 1928, Jefferson Caffery, reportó 100 muertos recién ocurrida la masacre. Para el 14 de diciembre sus estimaciones sobrepasaban el centenar y los heridos los contaba en más doscientos. Ya en uno de sus últimos telegramas sobre el tema tenía “el honor de informar que el asesor legal de la UFC aquí en Bogotá dijo ayer que el total de huelguistas muertos por las autoridades militares colombianas estaban entre 500 y 600”. (National Archives of Washington).
La masacre de las bananeras sí existió: la demoledora respuesta de una historiadora a María Fernanda Cabal
Actualmente son pocos los historiadores que creen en la existencia de una
única verdad sobre el pasado. La mayoría de nosotros sometemos nuestro conocimiento, como el de todas las ramas del saber, a la pregunta de quién lo enuncia, cómo y con qué intereses. No obstante, una cosa es asumir la responsabilidad de reconstruir  los hechos históricos integrando la pluralidad de versiones y otra muy distinta aceptar la manipulación y distorsión de la realidad con fines políticos, la mal llamada “posverdad”. Las cifras sobre la masacre de las bananeras son controvertibles, por supuesto, como también lo es la cantidad de personas torturadas y asesinadas en los campos de concentración de Auschwitz. Incluso las circunstancias en las cuales se abrió fuego a los huelguistas en 1928 también pueden ser discutidas. Sin embargo, ese debate debe pasar por los argumentos informados, basados en fuentes de información relativamente creíbles y por la sensibilidad, que parece hemos perdidos los colombianos, para sentir la misma indignación por la matanza de 9 trabajadores, de 600, o de 3.000. El punto no es el número de muertos, sino la necesidad de no invisibilizar las víctimas de la violencia, vengan del espectro que vengan, en el presente o en el pasado.
*Historiadora. Magíster en Historia.
Docente Facultad de Filosofía y Humanidades

Universidad de la Salle

miércoles, 31 de agosto de 2016

OPINIÓN DE HÉCTOR ABAD FACIOLINCE SOBRE EL DOCUMENTO PARA EL PLEBISCITO

Reflexión del hijo de una víctima de la violencia colombiana

Poesía y prosa de un acuerdo imperfecto

El autor de “El olvido que seremos” leyó las 297 páginas del pacto de paz entre el Gobierno colombiano y la guerrilla de las Farc y estas son sus conclusiones
El Acuerdo de Paz entre el Gobierno y las FARC tiene mucho de poesía (ilusión, alegría, esperanza), pero también mucho de prosa: habrá complicaciones, desengaños, enemigos furiosos, contragolpes… Ojalá no haya atentados ni venganzas, como ocurrió otras veces. Si la gente no ha salido masivamente a las plazas a celebrar con palomas blancas y pañuelos al viento, no es porque no esté contenta, sino porque las nuevas plazas del mundo son las redes sociales y porque Colombia ha tenido tantas desilusiones y los enemigos de la paz están tan llenos de odio, que más vale manifestar nuestra alegría con serenidad, discretamente, sin humillar con tanta felicidad a los que piensan que el país ha caído de rodillas ante el comunismo. Antes de ir a la prosa del Acuerdo, recitemos la parte poética con todo el optimismo que se merece un momento histórico tan trascendental como este.
Este Acuerdo de Paz es un sueño cumplido y una noticia maravillosa para los colombianos. Esta ilusión se había frustrado tantas veces, que ahora parece mentira y todavía no nos la creemos. Como logro político, es el mayor éxito diplomático y jurídico de un gobierno desde que tengo memoria. Su significado es histórico y su importancia social inmensa e indudable. Nuestros negociadores civiles y militares, sacrificados y eficientes, se merecen todo nuestro agradecimiento; como mínimo habrá que darles la Cruz de Boyacá por los servicios prestados al país. Y un descanso tan largo como estos años de cansancio. Los efectos benéficos de los diálogos para la disminución de la violencia común y política han sido evidentes incluso desde antes de la firma del Acuerdo: el solo hecho de sentarse a hablar en La Habana moderó el conflicto armado: hubo muchos menos civiles, soldados, policías y guerrilleros muertos. Hoy celebramos este Acuerdo, en un país que de tanto pelear se había acostumbrado a la guerra, como algo maravilloso y extraordinario, como un raro regalo de esperanza. Colombia ha sufrido tanto, hemos tenido tantas víctimas y tanto dolor, que este Acuerdo nos llena de orgullo y felicidad. El futuro, al fin, parece tener una cara distinta, una cara de dicha.
Dicho lo anterior, sin embargo, hay que entrar en la prosa del asunto. Lo primero que hay que decir es que el texto mismo del Acuerdo es lo menos bueno de todo el Acuerdo, por mucho que un mamotreto así haya sido necesario o inevitable para equilibrar tantos temores, obligaciones y para conciliar intereses opuestos. De la Calle y Jaramillo querían la cárcel para sus adversarios, pero no la temían para sí. La guerrilla no aceptaba “las mazmorras del régimen”; pretendía un premio y no un castigo por sus muertos. Se encontró un punto medio. Por eso el texto es complejo, farragoso y difícil de leer.
Para empezar, es mucho más largo que la misma Constitución. Consta de 297 páginas en letra menuda o, para ser más precisos, de 128 mil palabras, cuatro mil párrafos, 839 mil caracteres y se requieren al menos ocho horas de concentración para leerlo bien. Toda una novela, y no muy amena: pesada, repleta de formalismos y de siglas, de parágrafos, repeticiones, notas y salvedades. Hacía mucho no me fatigaba tanto leyendo. Es como leer 300 páginas de instrucciones de uso de un aparato completamente desconocido para nosotros: el mecanismo formal y legal de algo muy extraño para Colombia, la paz.
Si quitamos adverbios, artículos, preposiciones y conectores lógicos, la palabra que más se repite en el Acuerdo es precisamente la palabra “acuerdo” (1024 veces). La sigla FARC está escrita 597 veces, la palabra “gobierno” 513 y la palabra “paz” se repite 502 veces. Para encontrar en el texto una cosa palpable, no sustantivos abstractos como “derecho”, “participación” o “proceso”, hay que buscar mucho. El más frecuente es “arma” (200 veces), pero como ven todavía es un sustantivo genérico: no es un fusil, una pistola, una granada o un revólver. En general todo el texto del acuerdo está hecho de ideas, de aspiraciones, de filigranas jurídicas o de propósitos bien intencionados, pero uno nunca sabe si las grandes palabras (justicia, verdad, reconciliación, igualdad, derechos) van a encarnar en realidades concretas.
Uno descansa cuando lee algo exacto que se puede tocar con las manos: cada guerrillero raso recibirá 689 billetes de mil pesos mensuales durante dos años. Se podrá estar de acuerdo o en desacuerdo con este sueldo, pero al menos se entiende. Es mucho más fácil que descifrar parrafadas jurídicas de bostezo como “el espacio de interlocución y seguimiento para la seguridad y protección de las y los integrantes de los partidos y movimientos políticos y sociales, especialmente los que ejerzan la oposición, y el nuevo movimiento que surja del tránsito de las FARC-EP a la actividad política legal y de sus integrantes en proceso de reincorporación a la vida civil…”. Mientras uno medita en quiénes serán “las y los” integrantes de los movimientos en tránsito, le echa humo el cerebro. El Acuerdo abusa del lenguaje incluyente, tiene más incisos, límites, plazos y salvedades que la promesa de compraventa de una hacienda, y creo que en últimas se prestará para muchas controversias en las que todas las partes (según como interpreten el texto) tendrán la razón, y entraremos en una maraña jurídica sin fin para desenredar el enredo. Pero en fin, discutir por una interpretación, será algo que cae en el terreno de la política y no de la guerra.
Aun para un lector entrenado y voluntarioso, recorrer las páginas del Acuerdo es tedioso y demorado. De inmediato se nota que el documento fue redactado, corregido, revisado e intervenido por muchas manos, y que cada una de esas manos quiso introducir incisos y precisiones, excepciones, leguleyadas, minucias jurídicas y requisitos especiales. Por eso leerlo produce una especie de mareo, hasta que comprendemos que lo típico de un buen acuerdo es que no deje a nadie del todo contento. Se entiende que en un tema tan difícil, en un texto que intenta preverlo todo, haya hallazgos y soluciones originales, pero también que algo tan ambicioso y grande no puede ser perfecto: por largo y detallado que sea un escrito, la realidad es siempre más compleja, impredecible y creativa. La realidad sorprende siempre. Aunque crean que todo está en el documento, siempre habrá alguna cosa que quedó por fuera, no fue bien definida o no quedó clara, y habrá que sentarse a resolverla sin pegarse al texto del Acuerdo como si fuera la Biblia. El papel lo aguanta todo; habrá que ver hasta dónde vamos a ser capaces de hacer realidad los sueños, porque la realidad es mucho más difícil de corregir que los escritos, y casi nunca se parece a ellos.
En cuatro años de discusiones sin fin, de rabia, cansancio, disputas, desencuentros, intermediarios, reconciliaciones, etc., me imagino que era inevitable producir un documento que a veces parece un quebradero de cabeza. Las FARC, en su misma inseguridad, y por mucho que lleven medio siglo en la selva, son tan santanderistas como el resto del país. Se dice que Colombia es una de las naciones con más abogados por habitantes de la Tierra. De alguna manera el Acuerdo es un selfie de lo que somos los colombianos: un país florido y barroco, contradictorio, embelesado en una verborrea incontenible. Pero si no fuera así, tampoco habrían podido firmar nada. Para avanzar hay que ceder, así sea a costa de la brevedad y de la claridad. Aquí nadie queda contento si no consta en el acta la más pequeña ocurrencia de su propia cosecha. Si queda escrita y firmada, todos quedan felices y sienten que derrotaron al contrincante con los propios argumentos. Así que bienvenida esta explosión de palabrería, si esta sustituye la explosión de fragmentos y esquirlas de artillería. De eso se trataba, ¿no?, de reemplazar las balas (y me perdonan) por babas. Al menos estas últimas ofenden, cansan, fastidian, pero no matan.
Una vez hecha esta crítica inevitable al texto de los Acuerdos como tal, podemos volver otra vez a la poesía de lo conseguido en La Habana, a la sustancia, a su significado simbólico, y también a sus efectos concretos y reales en el nuevo país que tenemos. Desde este jueves 24 de agosto de 2016, desde el punto de vista del ánimo y de las sensaciones, Colombia es un país diferente. Dos partes que se odiaron, combatieron y mataron durante decenios, se dan la mano y resuelven que no se van a seguir matando. Los enemigos a muerte deciden dejar de ser enemigos para ser adversarios políticos sin armas. ¡Por Dios, con todas las leguleyadas farragosas que quieran, esto no es poco, esto es de verdad grandioso y nuevo! Ojalá Uribe nos hubiera dejado leer los acuerdos de Ralito; ojalá nos hubiera invitado a las víctimas a hacer las paces con los paramilitares; ojalá hubiera convocado a un plebiscito en el que yo también habría votado sí, como votaré en este.
Lo conseguido por Santos es lo que todos los gobiernos colombianos venían buscando al menos desde los tiempos de Belisario Betancur: acabar con un conflicto que no solo trajo muertos, sufrimientos, mutilaciones, huérfanos, viudas, desplazados y destrucción sin fin, sino que incluso propició la creación y la reproducción de otros males tan horribles o incluso peores que la guerrilla: los paramilitares y los mafiosos. Sin guerrilla no habría habido AUC, y sin un Estado que debía pelear en tantos frentes, los narcos, los delincuentes comunes y demás ilegales no habrían ganado tanto espacio y tanto poder destructivo en campos y ciudades, e incluso en el alma misma de la guerrilla, que muchas veces pareció podrida y sin remedio. También parte del ejército se corrompió con la guerra y se volvió aliado de criminales sanguinarios. La guerra sucia nos hizo ver todas las mentiras de una democracia que parecía falsa e hipócrita. Esta paz le permite también regenerarse a esa parte del ejército que traicionó los ideales de la justicia.
Es natural que un sueño tan antiguo despierte envidias y resentimiento. Belisario ya está curado de espantos y se va por el sí sensatamente. Pastrana y Uribe –y es muy humano– se sofocan de celos. Hay que entenderlos. Le ponen la máscara de la “impunidad”, la “traición” o el “engaño” a un sentimiento personal comprensible: Santos está logrando lo que ellos no pudieron por mucho que quisieran. Por eso intentarán aguar la fiesta el 2 de octubre. Nuestra alegría será más grande que su amargura por el éxito ajeno.
Desde hace decenios era claro que lo primero para poder encaminar a Colombia por una senda de justicia, democracia y desarrollo era acabar con esa anomalía del conflicto armado interno. El pueblo le dio un mandato a Uribe para destruir a la guerrilla, y él avanzó en ese propósito, pero no logró aniquilarla y al final de su segundo mandato las posibilidades de derrota total se estancaron. Era el momento de un cambio estratégico con una guerrilla debilitada, y Juan Manuel Santos, como un gran estadista, olió la ocasión perfecta. El segundo mandato que el pueblo le dio a Santos fue tan claro como el que antes le había dado a Uribe: ¡Consiga la paz con las FARC! Y acaba de lograrlo. Es un éxito inmenso, apabullante. Y un éxito tan grande que, si es sensato, deberá asumir con humildad e inteligencia. A veces ganar puede incluso ser más difícil que perder, y aquí el gobierno ganó por goleada. Ahora le toca administrar generosamente la victoria. Aun con el Premio Nobel, que seguramente le será concedido, Juan Manuel Santos tendrá que ser muy humilde y muy sabio en este triunfo histórico para poder dejarle al próximo gobierno –ojalá con un presidente amigo de la paz– un escenario de posconflicto ya trazado, una senda tranquila de reconciliación en que se empiece a implementar un texto muy ambicioso y complejo, y no un camino de escollos, un embrollo de peleas, polarización y violencia física o verbal. Ahora, al empezar la dura fase que llega siempre tras un armisticio, el presidente necesitará más que nunca serenidad, seriedad y humildad para afrontar las dificultades políticas, sociales y económicas que vendrán.
El tribunal especial para la paz y las comisiones de verdad servirán para saber verdades incómodas, pero no deben usarse para reabrir heridas, sino para sanarlas y seguir adelante. Colombia ha sido capaz de sobrevivir sin disolverse a medio siglo de violencia y dolor en todas partes, sobre todo en el campo. Si con semejante violencia, con cilindros bombas, minas antipersona, voladuras de torres, oleoductos y puentes, secuestros, desaparecidos y motosierras, el país ha podido avanzar lentamente, ahora que vamos a vivir en un escenario más pacífico y estable, podemos empezar a soñar de verdad con una democracia plena, menos injusta, más igualitaria e incluyente. Los más entusiastas con estos Acuerdos somos las víctimas, pues nuestra mayor aspiración es que nuestros hijos y nietos vivan en un país mucho mejor que el que padecimos. Después del sí a los acuerdos en el plebiscito, que ojalá los pacíficos ganemos por una mayoría feliz y abrumadora, nos corresponde a todos trabajar por ese país posible, por ese gran país soñado, que el conflicto y la violencia nos negaron desde el nacimiento.
*En el libro “El olvido que seremos” se cuenta la historia de vida del médico y líder de derechos humanos Héctor Abad Gómez, muerto a manos de paramilitares el 25 de agosto de 1987, y se retrata a una generación de pensadores de izquierda asesinada en la década de los 80.
PUBLICADO EN EL PERIÓDICO EL ESPECTADOR

jueves, 9 de junio de 2016

LIQUIDAN TIENDAS DEL GURU DE LAS DIETAS JORGE HANE


Luego de la millonaria sanción por publicidad engañosa impuesta por la Superintendencia de Industria y Comercio a Jorge Hané y su Reduce Fat Fast, Supersociedades ordenó la liquidación de la firma en Colombia.
Según el diario El País de Cali, “Mediante Auto 430-008819 de junio de 2016, la Supersociedades decretó la apertura del proceso de liquidación judicial pues durante el proceso de sus acreedores laborales demostraron la terminación de sus contratos de trabajo y el cierre del domicilio social de la sociedad”.
Jorge Hané Laboratories Colombia S.A.S, había iniciado el pasado 11 de marzo un proceso de reorganización luego de la sanción de 708 millones de pesos y, en su momento, informaron que “la situación de caja de la compañía era extremadamente limitada, como consecuencia de la disminución en ventas derivada de los problemas de publicidad”.
La promotora encargada por la Supersociedades, María Inés Fonseca, recalcó que: “El proceso de reorganización  nunca pudo ser atendido en el domicilio de la empresa, lo que afectó su trabajo de verificación correspondiente a los créditos, contratos, facturas, títulos valores, contabilidad, libros oficiales y demás informes fundamentales para el reconocimientos de la acreencias”.
De igual forma el Superintendente Francisco Reyes Villamizar manifestó que: “el proceso de reorganización está diseñado para empresas que sean viables con miras a lograr su recuperación, es necesario conocer de primera mano los reportes contables y financieros de la misma”.
Por lo anterior, el Superintendente informó que debido al incumplimiento de estos reportes se decidió dar inicio al proceso de liquidación inmediata conforme a la Ley 1116 de 20016 a Jorge Hané Laboratories Colombia S.A.S.
Finalmente, Supersociedades dijo que la firma “no podrá volver a realizar operaciones propias de su objeto social y únicamente podrá desarrollar los actos necesarios tendientes a la inmediata adjudicación del patrimonio”. Además, dentro de los cinco días hábiles siguientes, la compañía tendrá que entregar al liquidador los libros de contabilidad y demás documentos relacionados con sus negocios.


domingo, 7 de febrero de 2016

EL AVION DE SANTOS

Por Daniel Samper Ospina en REVISTA SEMANA
No se lo voy a negar a nadie: descansé cuando el ex presidente Uribe no aceptó la invitación para viajar con Santos a la celebración de los 15 años del Plan Colombia en la Casa Blanca. Imaginaba la escena en el aeropuerto militar de Catam y me llenaba de ansiedad. Uribe llegaría con Pachito Santos.
–Pero si la invitación era para usted solo, doctor Uribe –le reclamaría Santos.
–¿Y no dizque uno podía traer una maleta? –reviraría Uribe.
Pachito, efectivamente, terminaría viajando en la bodega: su condición de carga para el uribismo lo habilitaría para ocupar tal compartimento. Y Uribe amagaría con ingresar al avión, pero instantes antes señalaría otra nave:
–Presidente Santos, ándate vos en ese helicóptero, y nos vemos allá…
¿Cómo podía ser un vuelo de seis horas en que Uribe y Santos comparten avión? ¿Pelearían a grito herido ante el primer conflicto?
–Quitá el brazo de mi apoyabrazos!
–El suyo es el de la derecha, señor Uribe.
–Y el de vos el de la ultraizquierda, traidor…
–Traidor usted, ¡rufián de barrio!
–Parate a ver, canalla, castrochavista…
–No puedo, porque me estoy apretando el cinturón.
Posteriormente, se echarían en cara la paternidad del escándalo de Reficar, asunto que, según Santos, comenzó en el gobierno anterior. Y razón no le falta. La verdad es que el gobierno de Uribe produjo unos engendros lamentables: para empezar, la propia presidencia de Santos.
Con todo, era preferible la pelea de los ex mandatarios a que se reconciliaran en pleno vuelo y terminaran saludándose con cariño:
–Hola, Juan Manuel: pareces una quinceañera.
Porque, en tal caso, ya no habría motivos para apoyar a Santos. Siempre lo diré: Uribe es el primer responsable de que no pueda ejercer mi antisantismo a plenitud. En el preciso momento en que aclaro la garganta para hablar del gobierno perverso del presidente, surge un grito guerrerista de Uribe que me obliga a situarme en la misma orilla, si no de Santos, al menos de su proceso de paz. Porque nadie podrá quitarle al presidente que delineó un proceso de paz sólido. Son las ventajas de saber utilizar el delineador.
El hecho es que Uribe no viajó, para fortuna de todos: no se sumó a la formidable celebración del Plan Colombia en la que Santos tiró la casa por la ventana. Llevó dos aviones: dos. El primero era una nave de carga acondicionada para invitados especiales, en la que cabía un coctel entero: viajaron empresarios, políticos, ex generales acompañados por sus familias. El avión casi hace escala en Cartagena para recoger a medio Hay Festival. Pudo haber ido hasta Pum Pum Espinosa: ¡hasta la Chiqui Echavarría!
Eso en cuanto al primer avión; el segundo era lo que un periodista llamaba “el focker del presidente”, frase que rechazo de entrada porque no es manera de llamar a un mandatario, tenga las credenciales eróticas que tenga.
En esas dos naves, pues, la comitiva se desplazó a Estados Unidos con la misma velocidad con que los campesinos se desplazaban durante el Plan Colombia, y por un momento tuve la felicidad secreta de no hacer parte del paseo, sin querer decir con esto que no me habría encantado codearme con el general Serrano y su hijo Franz y estrechar la mano de los senadores gringos que nos salvaron de nosotros mismos desinteresadamente, muy queridos. Pero imaginaba a Telésforo Pedraza bailando al compás del grupo Delirio, por ejemplo, y me resultaba liberador no ser testigo presencial de la escena.
A medida que pasaban las notas de prensa, sin embargo, reconocí que me estaba dando consuelo. ¿A quién quiero engañar?, me dije: ¡habría dado la vida por estar en la cochada de los buenos, de los que salvaron el país! Inundar las selvas de glifosato; ser sobrino de Pastrana y no de mi tío Ernesto, por ejemplo, quien, dicho sea de paso, no clasificó al paseo porque dejó vencer la visa. Ahora organiza un encuentro de desagravio con los hijos de Barco y Belisario. Lo llamará ‘El Plan Barichara’, porque, por consideración con el líder conservador, lo harán allá.
A la Casa Blanca, en cambio, viajaron los que redimieron a la patria, aunque, por desgracia, no juntos. Pastrana no se quiso montar en el chárter presidencial, e hizo bien, porque seguramente Santos lo habría mandado en clase económica, mientras él se acomodaba plácidamente en clase ejecutiva: Santos, finalmente, es un traidor de clase. Además, lo habría sentado al lado de una silla vacía, para que recordara viejas épocas, y le pondría conversación:
–Andrés, hombre, ¿por qué no le gusta mi proceso de paz?
–Porque uno no negocia con bandidos: máximo los nombra en la Secretaría General.
–Pero usted negoció con las Farc…
–Porque en mi época eran buenos.
–¿No será envidia?
–No señor: usted se recuerda que mi proceso de paz sí fue serio, o si no pregúntele a Marbelle: llevamos a Jorge Barón, a Gali Galiano. La gente estaba feliz. En cambio en este ni siquiera hay despejes.

La jornada, en todo caso, terminó de manera feliz. Hubo desayunos, bailes y discursos memorables. Tristemente, Pastrana y Santos no limaron asperezas. Y Uribe sigue bravo. Pero siempre queda la opción de que hagan las paces en otra cumbre. Quizás en los 15 años del Plan Barichara.