miércoles, 30 de septiembre de 2009

El maestro galáctico


En una agrupación tan disímil de infantes, con representantes infantiles de varios puntos de la galaxia, era muy difícil, casi imposible, adelantar una labor pedagógica adecuada y fructífera. La edad mental en los distintos planetas difería en forma abismal con la edad cronológica.
El niño Zok  del planeta Mentak tenía  mil años de edad; provenía de un astro donde el promedio de vida era de seis mil años de la Tierra. El niño Cl de Cloridia andaba por los seis meses de nacido y provenía de un planeta carbónico donde el promedio vital sólo alcanzaba los tres años y medio terrestres.
Entre estos dos extremos existían 98 niños de diferentes edades cronológicas (según el cómputo terrenal) pero con  una edad mental similar. Convivían en el kínder  niños de diez meses. Dos años, 100 años, 350 años, etc. Y todos con un cociente intelectual de un terrícola de cinco años. Este curso era un pre escolar.
El interrogante que debía resolver el Maestro era: ¿Cuál método era el adecuado para manejar un grupo tan heterogéneo? Cl dormía cada dos horas durante una hora y media; Zok cada quince días caía en un sueño profundo que duraba doce días; Mob orinaba en tres segundos mientras Mixis demoraba una hora en cada meada.
Algunos estudiantes asistían al parvulario con escafandra; otros, eran masas gelatinosas entre urnas de cristal, con mecanismos adecuados para la intercomunicación; unos reptaban y otros tenían la capacidad de volar; la mayoría caminaba pero sus extremidades inferiores variaban en tamaño, cantidad y forma,
El lenguaje era el problema menor; poseían el Multilingüe, un aparato novedoso que traducía cualquier idioma en fracciones de segundo en las diversas direcciones de los comprometidos en el proceso comunicativo…
Al maestro lo enviaron a esta colonia penal como castigo por desobediencia, y parte de su recuperación consistía en enseñarles a los hijos de los reclusos. Miró con desdén el grupo que le correspondía por tiempo indefinido. La incógnita del método no le quitaría el sueño ni el apetito. Él era inmaterial, telépata e inmortal…

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