martes, 29 de junio de 2010

MI HERMANO GEMELO





Esta historia no es mía; la escuché hace años de labios de mi abuelita, la mujer que más me ha querido en este mundo. Me miraba y suspiraba sin decir ninguna palabra, apenas se le humedecían los ojos cansados y me abrazaba con ternura mientras decía en un susurro:

- Mi niño lindo… si tú supieras…

Nunca decía otra cosa y con el tiempo la curiosidad comenzó a martirizarme hasta hacerse dolorosa. Tal vez yo tenía siete u ocho años cuando me atreví a preguntarle:

- Abuelita, ¿qué es lo que yo debería saber?

Dio un gran suspiro y se le soltaron al mismo tiempo un raudal de lágrimas y un secreto, que me ha tenido en pena demasiados años, que me acompañará hasta la muerte. Demoró varios minutos y me confesó:

- Mi niño amado – dijo con voz entrecortada y quejumbrosa- es que usted es uno de los gemelos.

- ¿Cómo dice, abuelita?

- Que ustedes fueron dos, nacieron idénticos y era imposible distinguirlos.

- ¿Pero, qué pasó con mi hermanito?

- ¡Ay, mi niño, un día, al bañarlos, me descuidé y uno de ustedes se ahogó!

No sé si ustedes comprendan mi drama, el mismo que agobiaba a mi nana, pasar la vida con el dilema si el muerto fue mi hermano o fui yo.

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