viernes, 19 de agosto de 2011

ADIOS A UN AMIGO


En la mirada crepuscular de mi amigo
 vi el retrato adelantado de mi propia muerte.
Muchos recuerdos se agolparon en un instante después de la llamada que me confirmó tu muerte. Orlando, fueron algunos años cerca; demasiados distanciados en dos extremos de la geografía de nuestra patria. La niñez y parte de la juventud compartidas quedaron en los archivos de mi memoria; algunas anécdotas hacen parte de mis sueños de escritor y circulan convertidas en relatos.
Dicen que no hay muerto malo. Tú eres una  excepción, pero no por tu comportamiento que fue excelente, no, por tu apellido; era lo único malo que tenías: Orlando Malo García. Perdona, tú sabes que ni en los momentos más críticos puedo dejar el sentido del humor que te hacía reír; bueno, a ti y a todos los amigos de ese barrio querido de nuestros de nuestros mejores años. Algunos se fueron antes que tú, otros, no sabemos a dónde se marcharon, los demás, esperamos el turno ineludible sin saber cuándo nos toca. La mayoría nos perdimos por los caminos intrincados de la Rosa de los Vientos.
¡Qué ironía! Es la señora Muerte la que ocasiona los reencuentros. Después de la ceremonia los abrazos y promesas de llamadas para recordar el pasado que ya es irremediable. Promesas incumplidas y citas que jamás se darán… hasta el próximo entierro. Mi hermano, Mono Malo, ¿qué puedo agregar? Lo que haya de bueno más allá de la muerte es para ti. Como tu cuerpo se convirtió en cenizas no puedo desear paz en tu tumba. Creo que las van a esparcir al viento en alguno de los sitios que amabas. Tu memoria será literatura en alguno de mis cuentos.
Q.E.P.D

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