viernes, 19 de agosto de 2011

EN LA MUERTE DE UN VIEJO AMIGO


Para Luis Fernando Peña Hernández
No sé porqué la vida se acaba tan pronto para algunas personas; en los últimos años me ha correspondido despedir muchos amigos, y este muchos es un decir porque son más de diez pero menos de veinte, para mí son muchos y no tengo el número exacto y no quiero ponerme a hacer cuentas en este momento en que me duele la partida de todos. Hace dos años por el mes de mayo le tocó el turno a Orlando Malo y hoy a Luis Fernando Peña Hernández; ambos de mi barrio de la niñez y juventud, ambos conocidos y apreciados por todos.
Y como casualidad de la vida o de la muerte a los dos se los llevó la parca por medio de un cáncer. Esa fue la herramienta escogida por la huesuda para segarles la existencia. Cada vez que un conocido se va me pongo a pensar si yo seré el próximo viajero en el tren de la muerte, y cuando la hoz horrenda de esa señora implacable corta de un tajo el palpitar de un amigo entrañable la preocupación es mayor… ¿Seré el que sigue en su lista? Pero siguen transcurriendo los años y pasando los trenes de todos los viajeros de este mundo y yo sigo presenciando la partida de ellos.
Con Luis Fernando me unió un vínculo especial durante unos dos años. Mi amigo más entrañable era su hermano Ricardo pero, con Querubín o Baches como cariñosamente era apodado, construimos castillos en el aire y sueños financieros que jamás fructificaron y de los que nadie supo nunca, ni sabrán porque la parte que le correspondía contar se la llevó a la tumba y mi cincuenta por ciento lo guardo también como una confidencia debida al amigo que se marchó para siempre.
Pienso que la vida da muchas sorpresas, demasiadas desagradables, digo yo. Cuando voy a mi querida ciudad de Facatativá veo por sus calles algunos personajes desagradables, por no decir maleantes reconocidos, que siguen recorriendo las calles como dueños y señores; ya casi no encuentro  a mis amigos y vecinos de antaño; muchas casas están en ruinas y luego me entero que sus habitantes se marcharon hace años o fallecieron, la lista de estas últimas personas es larga, muy extensa pienso y para mi desdicha la mayoría de mis conocidos que la integran (incluyendo los buenos y los malos) son de los primeros, de los que no merecían marcharse aun.
Devolviendo mis recuerdos encuentro a Mauricio Bernal, de los primeros en dejar este mundo, al “Gato”, Miguel Medellín, Oscar Torres, Joaquín Ramos, los hijos de mis amigos, mi hermano Francisco, Luis González, el Mono Malo y ahora  Luis Fernando, solo por nombrar los jóvenes.  A las personas mayores no las incluyo porque ya habían cumplido su ciclo vital y nadie sale vivo de este mundo, como dicen los campesinos, tampoco incluyo personas de otros barrios ni bebés, sólo a los que compartieron conmigo juegos, tristezas, trago, y de vez en cuando trompadas, que de todo había. En las largas vacaciones de fin de año creábamos equipos para realizar OLIMPIADAS que incluían lucha libre y boxeo. Algunas veces el perdedor quedaba resentido y horas después la pelea terminaba fuera del ring con narices y bocas rotas y sangre.
Querubín era de los calmados, más bien prefería ser árbitro que participar en las competencias, su talante no daba para enfrentarse a golpes con nadie y como réferi era un desastre pero se hacía querer. En un partido de fútbol se ganó una ensalada (así llamábamos por la época darle golpes con las manos abiertas a un muchacho que hubiera cometido una estupidez); uno de los jugadores metió el balón en su propio arco, Luis Fernando hizo sonar el pito y señaló la esquina diciendo: “Autogol, o sea corner”… rechifla y ensalada.
Tengo un libro a medias que cuenta todas estas anécdotas y me prometo, con cada muerte de mis amigos, que voy a terminarlo para que las memorias no queden en el olvido. Al paso que vamos de pronto el próximo soy yo y los que sigan  vivos irán olvidando los hechos que yo tengo en desorden en mis cuadernos y en mi cabeza. A Luis Fernando le deseo paz en su tumba. Esto puede sonar a muy trillado pero es cierto, todos los de mi barrio TISQUESUSA  de Facatativá nos recordamos mutuamente y sentimos un gran dolor en cada despedida del amigo que terminó su viaje en este mundo. Gracias Luis Fernando por el tiempo que compartimos y que todo sea mejor para ti en el otro mundo.
Edgar Tarazona Ángel Agosto 15 de 2011  

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