miércoles, 5 de noviembre de 2014

EL SENADOR URIBE Y LA PAZ (durante su gobierno 2002-2010)


LOGRAR LA PAZ
Las últimas semanas han estado acompañadas, al menos desde las principales tribunas de la prensa colombiana, de distintas revelaciones sobre los intentos pasados que el expresidente Álvaro Uribe Vélez hizo para lograr un acuerdo negociado con la guerrilla de las Farc: en el listado se encuentran nombres nuevos y viejos, acercamientos y propuestas, mediadores y grabaciones.
Por: Elespectador.com

De todo. Un compendio probatorio entero que han celebrado, sobre todo, los malquerientes del hoy senador del Centro Democrático, quien, valga decirlo, es posiblemente el principal opositor (al menos el más visible e insistente) al proceso de paz que, en Cuba, negocia Juan Manuel Santos como presidente. Las réplicas de estos secretos —que para el expresidente no lo son— no se han hecho esperar.
El senador del Partido de la U Roy Barreras presentó esta semana un capítulo más de ese largo libro de los ocho años del gobierno pasado: reveló una ley que promovió el senador Uribe durante su gestión, en la que, a grandes rasgos, creaba unas circunscripciones especiales de paz para que tuvieran lugar en “las elecciones a corporaciones públicas que se realicen antes del 7 de agosto de 2006”, o que abría la posibilidad para que el Ejecutivo nombrara “directamente, por una sola vez, un número plural de congresistas, diputados y concejales, en representación de los mencionados grupos en proceso de paz y desmovilizados”. La Corte Constitucional tumbó en su momento dicho parágrafo metido en la ley de referendo que se sometió a aprobación final de los colombianos.
A lo que quiere llegar el senador Barreras con todo esto es a que entendamos los ciudadanos que “Uribe no sólo intentó la paz y no sólo ofreció de todo, sino que de manera anticipada en el referendo pretendió otorgarse facultades especiales para nombrar a dedo curules para los grupos ilegales y no sólo las guerrillas, sino también para los paramilitares”. Sus palabras exactas.
Ese, al parecer, es el ejercicio de memoria colectiva que este país pretendidamente necesita: saber que el principal opositor a los diálogos de paz de hoy intentó ayer, en otras condiciones que unos califican de más laxas, un proceso del que podrían hacerse las mismas críticas. Eso es lo que nos han vendido a nosotros como sociedad. Una línea más en ese gran relato colectivo de polarización que ha caracterizado a Colombia durante los últimos tiempos.
La memoria sobre los hechos del pasado podría llevar, sin embargo, a una conclusión bien distinta. Una más provechosa que parta, como hemos pedido desde este espacio en más de una ocasión, de un consenso mínimo de verdad. Que al parecer existe. No es desde el revanchismo histórico, desde el desenfado crítico, de donde podemos echar mano para encarar un nuevo episodio como el de un proceso de paz que se discute de forma lenta pero que parece que eventualmente llegará a algún lado. ¿O cómo es que han sido interpretadas estas oportunas revelaciones de hechos? ¿Cómo es que quieren vendernos esa verdad?
El provecho es otro, el mensaje subyacente que hay, la otra cara de la moneda: lo difícil que es lograr una paz concertada entre dos partes. Lo difícil que es conseguir un consenso (de las instituciones, de la sociedad) para lograr un proceso de reconciliación en el que se cambien las balas por las palabras políticas. Si fue considerado en el pasado, es posible que sea considerado en el futuro. La eventualidad no es un disparate. ¿Lo consideramos?

PERIODICO EL ESPECTADOR de Bogotá, Colombia

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