lunes, 16 de marzo de 2015

CARTA AL EX-PRESIDENTE URIBE de Maria Jimena Duzan

Por María Jimena Duzan

Carta al expresidente Uribe:
El único que se sostiene inamovible en su posición es usted. ¿No se ha dado cuenta de que corre el riesgo de quedarse solo navegando contra la corriente?
Es probable que cuando esta columna aparezca, ya el país conozca su respuesta a la carta que le envió el procurador Alejando Ordóñez, en la que lo invita a reconsiderar su negativa a que el uribismo forme parte de la Comisión Asesora de Paz propuesta la semana pasada por el presidente Juan Manuel Santos. Ojalá me equivoque, pero mi detector de percepciones, me dice que usted no va a cambiar de opinión, así tenga el mejor concepto del procurador Ordóñez y lo considere una persona afín a su pensamiento. Sin tapujos, le va a decir que gracias por sus oficios, pero que no acepta su ofrecimiento porque usted va a seguir desde su orilla oponiéndose al proceso de paz con alma vida y sombrero. Posiblemente envolverá su negativa con el argumento ya conocido de que se trata de una “paz con impunidad” que busca doblegar al Estado democrático para que caiga en las fauces del terrorismo y del castro-madurismo, y que además obliga a las Fuerzas Armadas a la indignidad de sentarse de tú a tú en La Habana. No soy nadie que usted merezca escuchar porque no formo parte  de su séquito. Probablemente me tenga entre su lista negra porque siempre he sido una fiel crítica suya, sin embargo, reconozco que usted representa a una cantidad de colombianos que creen en su ideario que deben ser escuchados con respeto.

No obstante, creo que esta vez se equivoca al insistir en hacer una oposición cerrera a un proceso de paz que si bien tiene aún muchos nudos gordianos por resolver y no avanza al ritmo que muchos deseáramos, sí está empezando a generar nuevos hechos frente a los cuales nadie, ni siquiera usted, puede ser indiferente.

Aunque insista en negarlo, lentamente los miedos y temores que atormentaron al principio a varios sectores del país frente a lo que podía suponer una negociación con las Farc se han ido disipando. Los primeros en cambiar sus miradas y flexibilizarlas han sido –fíjese usted– los militares, uno de los sectores de la sociedad que usted siempre ha creído interpretar.

Esa peligrosa división que se vivió en las pasadas elecciones presidenciales cuando usted centró sus esfuerzos en convencer a los coroneles y generales de que no apoyaran el proceso de paz, se ha ido evaporando con el paso de los hechos. Sin duda la presencia de los generales en la Mesa de La Habana es un hecho histórico que muestra cómo la tesis de que Santos le estaba entregando el país al castro-chavismo no se la creyeron en los cuarteles. Contrario a lo que usted pensaba, expresidente, hoy los miliares han llegado a la conclusión de que si el proceso avanza es mejor estar dentro que afuera.

Hasta el explosivo procurador Alejandro Ordóñez, opositor acérrimo al proceso de paz, se ha dado cuenta de que es hora de abrir las compuertas y de extender un ramo de olivo. Para el procurador, el uribismo debería entrar a la Comisión Asesora de Paz porque puede ser la oportunidad de “construir, disentir, coincidir, y ejercer la crítica propositiva”. ¿Quién se iba a imaginar que ese tono conciliador pudiera ser de alguien tan sectario como el procurador Ordóñez?

Incluso en el seno de su partido, el Centro Democrático, empieza a prosperar una línea impulsada por Carlos Holmes Trujillo más amiga de flexibilizar posiciones y buscar puntos de encuentro con el gobierno Santos. Mientras las cosas van cambiando el único que se sostiene inamovible en su posición es usted, señor expresidente. ¿No se ha dado cuenta de que por ese camino corre el riesgo de quedarse solo navegando contra la corriente?

Sé que en su gobierno usted hizo muchos esfuerzos por abrir un proceso de paz con las Farc pero las cosas no se dieron para infortunio de los colombianos. Y aunque puedo equivocarme, algo me dice que su oposición al proceso no radica en que usted no crea en la vía de la negociación política, sino en la animadversión que usted y el presidente Santos se profesan. Pero además, no se confunda: se puede participar en el proceso de paz sin dejar de ser uno de los jefes de la oposición en Colombia. No es requisito ser santista.

El procurador Ordóñez insiste que no se puede hacer la paz en este país sin que usted y el presidente Santos fumen la pipa de la paz. Yo no estoy tan segura de esa tesis. La paz que se firmó en El Salvador siempre tuvo sus enemigos, lo mismo sucedió con la paz de Guatemala. Aunque los grandes empresarios de la Cacif terminaron participando a regañadientes en el proceso de paz guatemalteco, muchos empresarios con poder político, nunca se sumaron. Otro tanto pasó en El Salvador con la clase política que tenía asiento en grandes feudos de tierra. A los que se opusieron, simplemente la historia les pasó por encima y a regañadientes les tocó reinventarse. Ojalá, usted que siempre ha sabido leer este país, no termine aplastado por la historia.

Tomado de la revista SEMANA

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