lunes, 18 de mayo de 2009

Pequeña parábola

El Maestro meditaba a la sombra de un viejo árbol acerca de las ofensas. Tomás, su discípulo incrédulo llegó, precisamente, a consultarle sobre el tema: - ¿Excúseme Maestro, puedo preguntarle algo? - Por supuesto, hijo, ¿De qué se trata? - Es que un buen amigo me ofendió y no sé qué hacer. - ¿Te ofendió o te sentiste ofendido? - ¿Qué diferencia hay, Maestro? - Si no hay agresión física nadie en este mundo puede ofenderte. - No entiendo - Mira, la ofensa nace de una intención. Si el agredido con las palabras no quiere sentirse ofendido, la supuesta ofensa pierde su razón de ser. - Ya entendí maestro. - Anda hijo, no pierdas tu paz interior y, si en algún momento algún sentimiento negativo anidó en tu interior hacia tu amigo. Perdónalo en tu corazón. - ¡Gracias Maestro!

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