lunes, 18 de mayo de 2009

CAIN

¡Qué vaina más jodida enamorarse uno de la mujer del propio hermano! Y el problema se agrava cuando la maldita hace todo lo posible por seducirlo a uno. Ese fue el comienzo de mi desgracia. Ella era, perdón, es, una mujer muy hermosa; lo mismo que mi esposa; al fin y al cabo son hermanas. Sí, dos hermanos nos casamos con dos hermanas; gemelas, para más señas pero no idénticas. En el físico hay grandes parecidos pero en el resto son diferentes. La mía es callada, sencilla, piadosa, casera, recatada. La de mi hermano es coqueta, frívola, desordenada, en pocas palabras una mala esposa. ¿Qué me atrajo? No sé… pero sentía que no podía vivir sin ella. Sin saber cómo resultamos de amantes y ella correspondió a mi amor y a mis deseos. La situación se puso muy desesperante, hasta el punto de que tramamos matar a mi hermano. No sabemos si para nuestra fortuna o nuestra desgracia todo se resolvió en forma inesperada… cuando descubrimos que mi hermano y mi esposa eran amantes.

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